Charla con Carlos Sánchez/Autor de Matar

 

Eve Gil

Lo que más le sorprende al periodista Alejandro Almazán, Premio Internacional Gabriel García Márquez, de su colega sonorense Carlos Sánchez (Hermosillo, 1970) es que no sea un personaje de Fernando Vallejo, escritor favorito del propio Carlos. Hasta ahora, señala Almazán, no le ha dado por apretar el gatillo, pese a haber pasado toda su vida en la colonia más peligrosa de Hermosillo, Sonora: Las Pilas, donde inevitablemente ha sido testigo de sangrientas riñas y asesinatos desde que era muy pequeño.

Y agrega Almazán en el prólogo a Matar (Nitro/Press, Letras rojas, México, 2014): “Lo bueno de los vicios es que no se olvidan y al Carlos no se le olvidó leer. Si bien utilizaba el Libro Vaquero para envolver la mota, antes lo leía”.

La oportunidad para esta entrevista se presenta durante su paso por la ciudad de México donde ha sido invitado a impartir talleres y conferencias sobre periodismo en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, y presentar su libro de crónicas Matar, en el marco de la Feria del Libro Independiente.

La influencia de Revueltas y el hábitat

“Desde morro [pequeño, chico] he tenido conciencia de que quiero escribir. Siempre me ha llamado la atención el arte, pero no tuve tiempo de meterme a fondo en eso sino hasta los 23 años, cuando abandoné aquel oficio. La carrocería es un lindo oficio, pero no me satisface. Lo aprendí para participar del negocio familiar y claro, tiene sus cosas lindas porque, a fin de cuentas, es una reconstrucción de objetos, no ajeno a la estética y a lo artesanal, pero ni remotamente me satisface tanto como la escritura. Empecé a leer a José Revueltas, El apando, y me interesó seriamente en las historias de los morros del barrio. Me negaba a aceptar que sus historias se redujeran a un par de comentarios perdidos en la nota roja. Quería contar el otro lado de la historia, en qué sueñan, de quiénes se enamoran, por qué lloran y eso incluye a mi propia familia”.

Indago respecto a las influencias literarias de Carlos. Considero que la de Revueltas es la más notoria.

“¡Definitivo! —dice—, pero también lo es mi hábitat, mi contexto. Nací en Villa de Seris, pero proclamo como mi patria a Las Pilas, porque cuando llegué ahí me encontré con la gente más pobre, más marginal, que padecían los mismos dolores que mi familia y yo. Sin saberlo, estaba viviendo en un Comala, en un Macondo. Desde muy morro fui testigo de varias muertes violentas. Jamás olvidaré, por ejemplo, el suicidio de Julio, que me curó las rodillas y la cara con mertiolate cuando tuve una caída, y al día siguiente se suicidó. Esa crónica viene incluida en Matar”.

Cuando Carlos inició su carrera literaria y periodística, no solo tenía en contra su condición autodidacta, sino el menosprecio del pueblerino círculo intelectual que, como una especie de club de Tobi, no admitía personas ajenas al ámbito universitario ni jóvenes con el perfil de Carlos.

“Claro que sufrí segregación por parte de gente que en realidad se sentía frustrada porque presumía de saber mucho y no lograba un solo texto digno de trascender. En realidad, me considero un privilegiado, con respecto a aquella época: había, en efecto, muy pocos espacios; la cultura estaba en pañales hasta que el gran poeta Abigael Bohórquez regresó a hacérselos ver y sentir, pero yo era privilegiado porque nunca fui reportero de nota diaria”.

La experiencia de las cárceles

¿Cómo nace en Carlos Sánchez el vínculo afectivo-intelectual con las cárceles, de donde se desprenden las estremecedoras —conmovedoras a veces— crónicas de Matar?

“Empecé —dice— a ir a las cárceles a visitar a mis compas, ahora visito a los hijos de mis compas y muy pronto estaré visitando a los nietos. Generación tras generación parecen condenados a terminar así. Ha sido un aprendizaje muy doloroso, pero me ha enseñado lo que es la resistencia, y entre toda esa gente puedo mencionarte muchos que son capaces de quitarse el pan de la boca para dársela a un amigo. Como alumnos son lo mejor que puedas imaginar: siempre puntuales, haciendo su mejor esfuerzo. Cuando te cuentan sus historias, descubres que la inmensa mayoría de ellos nunca supieron lo que era un abrazo, por ejemplo. No quiero caer en el melodrama, pero es la realidad”.

Carlos Sánchez está por publicar un libro surgido de un periplo realizado por tres cárceles de la ciudad de México: los reclusorios Sur, Norte y Oriente, y que compila textos de los propios presos que el escritor juzga de gran calidad. Aparecerá bajo el sello editorial de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México.

Para aquellos interesados en conocer más obra de Carlos Sánchez publicada de momento por el Instituto Sonorense de Cultura y por el propio autor, pueden contactarlo en sonarquevemos@gmail.com.