Ya pasaron 23 años de su fallecimiento, un artista moderno que dejo huella, Rufino Tamayo considerado uno de lo más destacados exponentes de la pintura mexicana, durante el siglo XX, logró crear una poética única e inédita en la historia de México.
La vigencia de su obra es perceptible en las múltiples exposiciones con las que es evocado en el museo que lleva su nombre y en las subastas de arte, donde sus pinturas son valuadas en miles de dólares.
Rufino Arellanes Tamayo vio la primera luz el 25 agosto de 1899 en la Ciudad de Oaxaca, en el seno de un hogar liderado por un empleado y una ama de casa, señala su perfil biográfico publicado en el portal en Internet “Oaxaca-mio.com”.
En su niñez, el pequeño Rufino fue monaguillo mayor en la iglesia, en la cual además dirigió coros, por lo que algunos descubrieron en él cierta vocación religiosa, entre ellos sus padres, quienes llegaron a pensar que sería una notable cura.
Posteriormente, por decisión de la familia viajó a la capital del país, donde de acuerdo con las órdenes de su progenitor debía estudiar para ser tendero de libros.
No obstante, Rufino se reveló, ingresó, en 1910, a la Escuela Nacional de Bellas Artes, antigua Academia de San Carlos, donde permaneció hasta 1919.
En 1920, el joven pintor ya había creado diversas obras, que revelaron una afinidad con la pintura de la época, aunque también mostraban su estilo personal caracterizado por los detalles nacionales.
De acuerdo con la cronología del artista disponible en el sitio electrónico del Museo Rufino Tamayo “museotamayo.org”, a partir de 1930 y hasta 1939 en sus obras aparecieron naturalezas muertas y paisajes urbanos que lo sitúan en la línea de los descendientes del pintor francés postimpresionista Paul Cézanne (1839-1906).
Además fue influenciado por el cubismo de Georges Braque (1882-1963) y su propuesta artística se distinguió por la exaltación del color.
Tiempo después, en los años 40, el artista mexicano se trasladó a Nueva York, Estados Unidos, donde radicó cerca de 20 años y donde desarrolló gran parte de su arte.
En esos años también conoció Europa, al montar diversas exposiciones en París, Francia, Londres, Inglaterra y Roma, Italia.
Con sus contemporáneos Jean Dubuffet (19011985), Jean Fautrier (1898-1964), Francis Bacon (1561-1626), Balthus (1908-2001) y Willem de Kooning (1904-1997) compartió afinidades y en una serie de telas violentas descubrió la facultad metafórica de los colores y formas.
Para el año 1950, Rufino Tamayo había alcanzado reconocimiento nacional e internacional, prestigio que le valió la encomienda e ocho murales, entre ellos: “El nacimiento de nuestra nacionalidad”, “México de hoy” y “Homenaje a la raza india”.
En el año de 1962, el artista regresó definitivamente a su país natal, finalizó seis murales más y obra gráfica, que revelo un refinamiento y una gran cualidad en relación con la terrosidad lograda en sus pinturas.
Los siguientes años de su vida, el célebre artista los dedicó a creación pictórica y gráfica, para esta última utilizó diferentes materiales y el “collage” con lo que consiguió texturas y calidades ilimitadas.
Dedicado a su gran pasión, la pintura, Rufino Tamayo murió el 24 de junio de 1991, a los 81 años de edad; no obstante dejó una invaluable legado, que actualmente es disfrutado por amantes del arte, tanto nacionales como extranjeros.
Con información mvd noticias y el siglo de torreón
