REFLEXIONES CONSTITUCIONALES
Reforma en el campo
Alfredo Ríos Camarena
El proceso intencional de desmantelamiento de las instituciones que permitieron en el pasado reciente nuestra soberanía alimentaria, ha desembocado en circunstancias adversas para nuestra economía y desarrollo social; el campo, razón y fundamento del movimiento histórico de la Revolución, ha sido abandonado; la propiedad social destrozada con resultados funestos; la renta y venta ilegal de los ejidos y las comunidades, propició un fenómeno de migración de campesinos pobres en el interior de la república y fuera de ella; sólo los propietarios que tienen crédito, agua, tecnología y diversificación de cultivos han logrado éxito económico, pero sólo representan menos del 5 por ciento del total de los productores agropecuarios.
Por eso, una vez concluidas las reformas a las leyes secundarias, cuyos resultados buenos o malos los veremos si bien nos va en el mediano plazo, el tema de la producción alimentaria es fundamental y la reforma que debe realizarse tendrá que considerar la distribución de la riqueza, y no su concentración.
Si bien es cierto que el presidente Peña Nieto declaró enfáticamente su respeto a la propiedad ejidal y comunal y a la pequeña propiedad, no existe una brújula que conduzca hacia una exitosa reforma rural; se reúnen diversos especialistas convocados por diversas instituciones para presentar planes y proyectos entre los que destaca la compactación de áreas productivas en los llamados por algunos agrónomos klosters; también se habla de mejorar el crédito con la reciente reforma administrativa a la Financiera Rural; sin embargo, no se conocen las líneas de lo que pudiera ser esta importantísima política de carácter económico y social.
Mientras tanto, se dice que el problema que generó el cierre de la entrega de gas a Ucrania por parte de Rusia afectará la exportación de los elementos fundamentales para la producción de fertilizantes en México, pues somos fuertes importadores de estos elementos esenciales para la agricultura; se están realizando nuevas plantas para crear fertilizantes en México pero todavía no están en funcionamiento y falta tiempo para ello.
El mundo de la posmodernidad, soportada por la teoría global neoliberal, ha dejado sin defensa a los productores nacionales y las propias organizaciones campesinas se encuentran sumidas en el burocratismo y una falta de conducción política adecuada; en estas condiciones, se hace necesario y urgente aplicar nuevas políticas que nos permitan mejorar la producción interna, pues seguir viviendo de importaciones cada día más caras y dependiendo del exterior en esta materia, ahonda las desigualdades internas y le cierra el camino al porvenir productivo de la nación.
La reforma en materia agropecuaria tiene que ser estudiada a fondo y con quienes conocen del tema, pues atacar indiscriminadamente la ineficiencia de la propiedad social sin conocer a fondo sus causas, y simplemente por ignorancia o por razones ideológicas desestimar el enorme esfuerzo que se realizó en México en esta materia, es ver el porvenir con una venda de ignorancia en los ojos y puede conducir a una crisis si se puede aún más grave.
El campo mexicano no encontrará su solución en las políticas paternalistas y caritativas, sino en la mejoría de la producción que sólo se puede realizar con créditos blandos, estudios que permitan incorporar grandes extensiones de tierra a la explotación agrícola o ganadera con la participación de los dueños de la tierra, de la iniciativa privada, pero sobre todo, con la dirección del Estado nacional que no puede ni debe abdicar en esta línea de política pública que es la raíz y esencia de los mexicanos.
La reforma a que aludimos tiene que realizarse después de un análisis sereno y sobre todo no contaminado por criterios condenatorios en la forma y en el fondo a la propiedad social. Es fundamental esta reforma, recuperar nuestra soberanía alimentaria y darle un nuevo horizonte a los abandonados indígenas y campesinos; es urgente recuperar la esperanza de los productores otorgándoles proyectos y estímulos congruentes con la cultura y cosmovisión de estos millones de productores que deambulan en la pobreza para vergüenza nacional, porque no podemos olvidar que de ellos surgieron los grandes movimientos históricos de México, como la Independencia, la Reforma y la Revolución.
No se trata de adoptar una visión anacrónica y obsoleta, sino de darle un avance a la modernidad sobre la base de producir más y mejor, pero sin olvidar que la producción y la economía carecen de sentido si no obedecen a los paradigmas constitucionales de justicia social y libertad.
