ENTREVISTA

 

Sergio Varela/Investigador Centro de Estudios Sociológicos UNAM

 

Viridiana Vega

 

Todo comenzó por el comportamiento de los hinchas mexicanos durante el primer partido de México ante Camerún, en el Mundial. El grito de “puto” se prolongó al encuentro con Brasil, al de Croacia y también pasó de corearse en sólo los saques de meta, al cobro de tiros de esquina del equipo contrario.

Después de la Copa del Mundo de Brasil, la Federación Mexicana de Fútbol (Femexfut) pretende reunirse con la liga para tratar de evitar el grito de “puto” que provocó que la Fédération Internationale de Football Association (FIFA), iniciara una investigación disciplinada y la apertura de un expediente por discriminación.

A pesar de que la FIFA había declarado que no sabía cuánto tiempo tomaría la investigación contra México, terminó por informar que su comisión disciplinaria absolvió a la Femexfut de “conducta incorrecta” porque el grito “no es considerado un insulto en este contexto específico”, y así fue como no se procedió a la sanción económica a la que se haría acreedora.

Ante la resolución de la máxima autoridad de las federaciones de fútbol, el doctor en Antropología Social Sergio Varela Hernández, del Centro de Estudios Sociológicos de la UNAM, en entrevista para Siempre!, considera que la FIFA es una de las instituciones más hipócritas que puedan existir en el planeta. El señalamiento que hizo la institución de que la palabra “puto” tienen una carga de discriminación es correcto, pero hay que considerar que es una de las instancias a las que moralmente se les puede cuestionar en todos los sentidos.

Como se ha planteado ya en las redes sociales, los siguientes dos mundiales serán en Rusia y Qatar, paìses en donde precisamente hay leyes antigays, antihomosexuales, que nos hablan de la doble moral de la FIFA, señala el investigador. ¿Y después qué llevó a esa institución a no plantearse una posibilidad real de sanción? Más que por cuestiones meramente de tipo moral, fue de tipo ecónomico, pues aplicar la reglamentación del campeonato mundial hubiera hecho que la selección mexicana se viera en la imposibilidad de continuar con su participación, lo que sí iba a afectar definitivamente de manera económica el torneo.

Enfrentamientos figurados

Mientras el director técnico de la Selección Mexicana, Miguel Piojo Herrera, expresó “no tenemos nada que decir —refiriéndose al grito de “puto”—, estamos con la afición, ellos lo hacen para presionar al arquero rival, me parece que no es grave”, y que “sí, es un insulto, pero es como parte de lo coloquial, esa palabra es un verbo que lo usamos para todo, no es algo que la afición haga para ofender”; el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, Conapred, a través de un comunicado manifestó que el grito es una “expresión de desprecio y de rechazo” al igual que ofensivo porque refleja la homofobia, el machismo y la misoginia que privan aún en la sociedad mexicana.

La comunidad homosexual del Tri Gay, de acuerdo con el diario Milenio, indicó que sí se siente ofendida por el grito de “puto” en los estadios de fútbol. “Es obvio que se refiere a nosotros, es una palabra que se usa para denigrar a la población de la diversidad sexual”. “Hay otras palabras que se refieren a “cobarde”; que se usen las palabras como las que son, que se usen las palabras adecuadas, si se quiere decir otra cosa”.

El Tri Gay insistió en que permitir la expresión “puto” en los estadios mexicanos y que ahora se coree en el Mundial de Brasil hace que se “normalice” el odio y los crímenes en contra de los gays, por lo que instó a los aficionados al tricolor a que encuentren otra manera de presionar a los equipos contrarios.

 

¿Qué representa a nivel social la palabra “puto” durante un partido de fútbol?, ¿es racismo y discriminación?

Eminentemente sí, tiene una carga sexualizada y homofóbica en este caso en particular, no vería la manera de que el contexto la aminorara. A mí me parece que hay que pensar en un país como México en donde se tiene unos de los más altos índices de violencia, homofobia, denuncias e incluso asesinatos. Hay todavía muchos crímenes de odio en este país a causa de la discriminación, es una de las situaciones que la sociedad mexicana no quiere reconocer y niega de manera aberrante estas categorías.

¿Qué hay detrás de las agresiones hacia jugadores principalmente de color o de países tercermundistas, durante los partidos de fútbol a nivel mundial?

Nos habla precisamente de una sociedad dividida en la que el racismo es una cuestión que divide al fútbol mundial. La remodelación de los estadios brasileños habla finalmente de que de la clase media para arriba van a ser los que podrán acceder a los estadios. Desgraciadamente en países de América Latina, como Brasil y México, los pobres la mayor parte de las veces son los racialmente inferiores, hay un sesgo racial en terminos de clases; y también la división de género es radical porque se tiende a pensar que el fútbol es un deporte de hombres para hombres, en el que sólo discuten los del género masculino porque a una mujer no le compete propiamente.

La sociedad europea podría considerarse en algún sentido desarrollada, pero su pensamiento político, tras ser una sociedad colonial, sigue siendo machista y racista. Los resurgimientos de las derechas y de los movimientos fascistas con tendencias totalitarias siguen siendo una realidad. Sus estructuras siguen siendo las mismas que no han logrado tampoco solventar esos problemas —de discriminación— que al final regresan siempre de manera ciclíca. Europa no hará que desaparezcan sino que va a fomentarlas e impulsarlas.

¿Qué ha determinado que la sociedad mexicana se constituya como racista y discrimine?

Hay una continuidad de las prácticas atávicas del dominio masculino hacia la mujer y hacia quien tenga preferencias sexuales no heterosexuales que se manifiestan en el tejido social, no solamente en los estadios sino en cualquier lado. México no ha logrado quitarse las atávicas prácticas conservadoras que vienen de la Iglesia católica, y en general del cristianismo, que han ejercido un fuerte control sobre los cuerpos y los espíritus, que buscan controlar principalmente moralidades. Su fuerte idea de virilidad patriarcal es que ser hombre en México significa ser un padre proveedor que no acepta la diversidad sexual, lo que los mexicanos seguimos viendo como una carga cultural muy fuerte.

Además, otro factor es la tradición indígena que no quiero considerar retrógrada, al contrario es liberadora, pero que tiene una visión sobre la corporalidad que no acepta tan fácilmente la diversidad como la entendemos en el mundo occidental.

¿Qué se requiere para conformarnos como una sociedad libre de discriminación?

Es una cuestión que va a tener que cambiar paulatinamente con las mismas fuerzas culturales, entre ellas, por ejemplo, los movimientos lésbicos o gays, que se vayan afianzando poco a poco, de una u otra manera, al luchar y reivindicar para revertir la tendencia tan conservadora que existe en general en el país, al igual que tener una educación escolar y familiar que permita ver la diversidad sexual y la posibilidad de que hombres y mujeres puedan decidir sobre su propio cuerpo.

El Distrito Federal no es lo mismo que Michoacán, pero en ese estado estamos viviendo niveles de degradación y de violencia, que pensar en que se va a resolver el asunto del bullying pasa a una prioridad menor, o los problemas en un estadio de futbol también pasan a un término menor, si no se resuelven los problemas de violencia que vemos en todo el país.

¿Podrá el director técnico, El Piojo, Herrera, llegar a algún acuerdo para evitar la palabra “puto” en los partidos de fútbol?

La Femexfut también es una instancia hipócrita en todos los sentidos. Ya ha existido una serie de señalamientos del Conapred para que estas prácticas se aminoren y, por su parte, la Federación no ha manifestado ninguna política al respecto. Para ellos, es algo que incluso han minimizado en su discurso, el mismo director técnico, El Piojo Herrera y los jugadores; sólo algunos periodistas han intentado generar algún tipo de controversia y de reflexión, pero institucionalmente no van a hacer nada porque el futbol mexicano es uno de los cotos de poder masculinos más fuertes. El sistema mismo mueve intereses económicos, políticos y simbólicos que dificilmente van a cambiar.

Lo interesante es que hubo ya una discusión. El que haya salido la FIFA con todo lo que implica ventilar esa discusión, es destacable porque ha generado una reflexión en el ámbito social, sí hay sectores que estamos propugnando por que esto cambie. No tendría porqué estar vínculado el ámbito del futbol a la homofobia y la discriminación.

 

Recuadro

 

Propagación del “puto”

 

 

El grito de “puto” ya es adoptado por los japoneses. Hace algunos días, en un video se difundió la legitimación de la expresión. En el Mundial del 2010, la afición sudafricana también se apropió por un tiempo del grito de los aficionados mexicanos que surgió en los partidos de Chivas de Guadalajara —allá por 2003—, cuando Oswaldo Sánchez regresó a la ciudad a jugar con las Chivas después de haber estado en el América y en el Atlas.

Los aficionados del Atlas de Guadalajara estaban irritados con el arquero por su aparente traición y cada vez que cobraba un saque de meta, le gritaban “puto”. Así, entre las selecciones mexicanas se comenzó a popularizar y en el encuentro de la selección de México con la de Estados Unidos en esa misma ciudad, rumbo a Atenas 2004. Desde ahí se le ha oído en los mundiales de Alemania, Sudáfrica y Brasil; y la selección de Holanda ya advirtió en un comunicado que no tolerará el grito de “puto” en el partido con México.

En opinión de expertos, la discriminación se ha vuelto parte de los actos cotidianos de la sociedad mexicana que se ha acostumbrado a dar y recibir malos tratos, pero es parte también de la doble moral que permea en los mexicanos y mientras se siga percibiendo como un hecho normal, se irá reproduciendo en cada generación, y al paso del tiempo carecerá cada vez más de valores para sí mismos y para los que les rodean.

 

Discriminaciones

En lo que va del año, Tinga, Dani Alvez y Mario Balotelli son sólo algunos de los futbolistas que han sido discriminados. El mediocampista de Cruzeiro denunció que fue víctima de gritos racistas por parte de los fanáticos, luego del encuentro perdido 2-1 ante Real Garcilaso. Cada vez que tocaba el balón, la tribuna local emitía el chillido que hacen los monos, por lo que se sintió decepcionado, “Estoy muy disgustado. Jugué cuatro años en Alemania y nunca experimenté esto. Ahora esto sucede en un país como el nuestro, lleno de mezcla racial. Debe existir la igualdad entre las razas y el respeto entre todos”.

Al brasileño Dani Alves, lateral derecho del Barcelona, le fue lanzada una banana por un aficionado en la segunda mitad de un partido. Alvez peló la banana, luego se la comió y lanzó el saque de esquina con la boca llena de comida. Otros jugadores mostraron su apoyo al publicar fotos de ellos mismos comiendo plátanos en Instagram etiquetadas con “Somos Todos Macacos”.

Por su parte, el delantero del Milán, Mario Balotelli, después de ser agredido en varias ocasiones, fue ofendido mientras se encontraba en un entrenamiento con la selección italiana en Coverciano, Florencia. El año pasado, se había comprometido a salir de la cancha la próxima vez que fuera insultado racialmente en un partido de futbol luego de que recibió cánticos racistas durante el partido de la liga italiana contra Roma.

En 2013, el jugador ghanés Kevin Prince Boateng abandonó la cancha después de ser víctima de insultos racistas en un partido amistoso en contra del Pro Patria. Mientras que el pentapichichi, Hugo Sánchez, al que en su momento se le negó el Balón de Oro, no por la falta de talento futbolístico, sino porque fue víctima de discriminación, junto con Diego Armando Maradona.

En 2006, el jugador Samuel Eto’o reaccionó con un “no juego más”, ante los insultos racistas que escuchó desde un sector de la grada de La Romareda, en el partido del Zaragoza contra Barcelona (0-2), por lo que tanto el árbitro como su entrenador le hicieron replantearse la decisión de volver al campo.

En 2005, el futbolista de Quilmes Leandro Desábato fue detenido por la policía, acusado de racismo por haber llamado negro al delantero Grafite, cuando aún estaba en la cancha del estadio Morumbí y apenas terminó el partido por la Copa Libertadores en que el San Pablo se impuso por 3-1 sobre Quilmes; Desábato fue liberado dos noches después tras el pago de una fianza por un monto de $10,000.00 reales.