Con todos sus errores y defectos

Alejandro Zapata Perogordo

Dentro de las múltiples anécdotas que le achacan al viejo sistema comandado por el PRI en su época hegemónica de partido de Estado, se encuentra la de un viejo militante de un estado del centro del país, quien llegó con el jefe local del partido con la intención de ser candidato al Senado de la República, posición que sin duda alguna obtenía por amplio margen el Revolucionario Institucional.

—Así que… ¿quiere ser candidato a senador? —lo increpó el líder del partido.

—Pues sí —respondió el interesado.

—Bueno, requiere usted traer mil firmas de apoyo de los sectores y cien mil pesos para los gastos de campaña.

—Mire usted, señor, no cuento con dinero así que tendrá que disculpar ese requisito, y en relación a las firmas únicamente tengo una, que espero sea suficiente, la del Presidente de la República.

Y así, sin más, llegó como senador.

La evolución democrática ha ido transformando el sistema, de manera accidentada y paulatina, incluyendo las formas internas de los partidos políticos, particularmente sus normas y procesos selectivos, que guardando polvos de aquellos lodos y aún bajo esquemas inacabados, lo que les ha provocado severas críticas y cuestionamientos, los avances y las competencias electorales en comparación con las prácticas del viejo régimen son sustanciales.

Sin embargo, la percepción que tiene la sociedad en relación a los institutos políticos es negativa, se aprecia únicamente sobre la base de la lucha por el poder, los consideran altamente corrompidos y alejados de la gente. Esa es la imagen pública que ha permeado en los últimos años, seguramente obtenida por los escándalos surgidos entre la clase política y, por lo tanto, ganada a pulso.

Esta circunstancia por sí sola ha obligado al análisis y reflexión, con ejercicios de crítica y autocrítica, en una doble vertiente, al interior de los partidos, para adecuar sus estatutos que rigen la vida interna, repasar sus principios doctrinarios y capacitar a sus liderazgos, como la relación y el rol que tienen como entidades de interés público.

Este objetivo es trascendente, tiene un valor superior y para conseguirlo se requiere de instituciones sólidas, que no estén supeditadas al capricho de una sola persona, por lo tanto, los equilibrios que dan los partidos políticos resultan esenciales, es su deber pugnar desde el debate plural de las ideas, a la orientación y planteamiento de las soluciones a los problemas del país, también, instaurando gobiernos eficaces y oposiciones constructivas y socialmente útiles.

Ese ha sido el afán de Acción Nacional, con todos nuestros errores y defectos, con limitaciones y debilidades, hemos puesto empeño en evitar por un lado el regreso del antiguo régimen controlador, autoritario y, por otro, aportamos al avance democrático e institucional del país, a través de las ideas y las acciones, así surgen muchas de las reformas y por ese camino contribuimos pacíficamente al cambio.