Camilo José Cela Conde
Madrid.-El spam, palabreja que se aplica a los correos electrónicos no solicitados, significaba en inglés antes de que Internet se adueñase de nuestras vidas algo así como carne enlatada de la que se ignora su verdadero origen —vacuno, porcino, lanar o cualquier otra alternativa más inquietante. No sé cuál habrá sido la razón del cambio de sentido pero le cuadra: algo empaquetado, de inquietante contenido y nulo interés.
Supongo que todo el que está metido en alguna lista de distribución, como es el caso de quienes trabajamos en una universidad, recibe todos los días en su bandeja del correo electrónico decenas si no centenares de mensajes de ese estilo que quieren venderte desde dietas milagrosas para adelgazar a viajes de lujo cuando no te ofrecen créditos a un interés usurario.
En buena medida los mensajes de spam son un engaño. Bastantes de ellos, no obstante, añaden la condición del fraude. El mecanismo es tan ingenuo que cuesta entender cómo cae alguna víctima en sus manos: quienes escriben son ministros de países raros, herederos afortunados o benefactores procedentes de cualquier lugar que o bien tienen que mover el dinero de lugar (muchísimo dinero) o están en situación terminal por culpa de algún tumor maligno y antes de irse al otro mundo quieren hacerte el favor de compartir sus millones contigo.
Se añaden los anuncios de que te ha tocado, sin jugar siquiera ningún número, una lotería de las de vértigo. Que alguien pueda creerse semejantes despropósitos hace pensar que abundan los desalmados con fe ciega en la estupidez ciudadana. Tanto como para creer que uno les va a enviar el número de la cuenta corriente y las claves para entrar en ellas.
Un signo de los tiempos que corren hoy está en el cambio que se ha producido en el spam que recibimos en España.
Se trata ahora de ofertas procedentes de un grupo financiero francés, líder europeo al decir de quienes mandan los mensajes, que te brinda un empleo nada menos que de gerente a las órdenes directas del director. Para que no quepa duda acerca de que se trata de una estafa el mismo mensaje, sin cambiar ni una coma, se recibe desde un montón de diferentes direcciones y pide que se conteste, enviando el curriculum, también a un destinatario distinto en cada caso. Si fuese una empresa de verdad habría que concluir que está en manos de dementes. Pero el verdadero loco será quien crea que con millones de desempleados en España uno va a tener la suerte de que le nombren directivo de un banco, caja o sociedad de manejo de fondos así, al azar. Cómo será la cosa que algunos bancos de los de verdad advierten a su clientela que ellos no tienen nada que ver con el asunto. Tampoco cuesta demasiado creerles.
La moraleja es tremenda. Si hasta hace poco la fortuna más esquiva e improbable consistía en heredar o en que te tocase la lotería, ahora la cosa va de que te den trabajo.
