Ricardo Muñoz Munguía

El mundo como obra literaria. Una novela en la que cada personaje tiene huellas de su pasado y el rumbo de su futuro, sin dejar de lado su presente. Una estructura de la realidad que ahora el profesor de Literatura de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Mario Calderón (Guana­juato, 1951), propone en su libro La estructura de la realidad derivada de la literatura (Eternos Malabares, 2013) para que pueda leerse el entorno por cualquier persona y, sobre todo, entender el valor de un signo.
La interpretación del entorno de un individuo, para conocer su pasado o su futuro, o lo que cobra mayor interés en él, no es algo nuevo. Es escritor radicado en Puebla da una amplia exposición de cómo en varias culturas y en muchos tiempos siempre ha estado presente la lectura o interpretación de la realidad. Una realidad insoslayable que, conforme nos adentramos en su libro y, sobre todo, para los que contamos con su valiosa amistad, nos impacta lo certero que llega a ser para describir el tiempo ido y lo venidero, porque además, en mi caso, lo he podido llegar a comprobar. Y tal método Calderón lo comparte en su libro La estructura de la realidad derivada de la literatura, el que cumple con su objetivo, como lo señala en el Prólogo: “es la estructuración de un modelo hermenéutico a partir de un marco teórico sólido, la observación participante y la lectura del entorno individual con el fin de mostrar que la realidad tiene una estructura desconocida hasta el momento”. El resultado de esta experimentación se llevó a cabo con doscientas personas de nivel licenciatura no sólo en las carreras humanísticas sino también de las de ciencias exactas, obteniendo resultados increíblemente favorables. El libro cierra con algunas experiencias y sus resultados.
Sin duda, el tema abre un escenario ruidoso de críticas, lo que está bien, siempre y cuando se logre aportar el conocimiento como base. Sin duda también, este libro abre la mirada de la memoria ante la experiencia vivida y, por ejemplo, se dirá que un día se levantaron con el pie derecho o con el pie izquierdo. Así pues, signos que apoyan o que ayudan a dilucidar preguntas que surgieron a partir de un hecho glorioso o traumático. La lista en obras literarias que contienen ese símbolo sería interminable, como ejemplo pongo a El Padrino: el personaje Mike lleva a su ex esposa por sitios de Sicilia y en una plaza ven un fragmento de una obra guiñol en que se asesina a una joven; símbolo que se representará en esa realidad. Un uso de los signos.
Calderón atiende principalmente los aportes del psicoanálisis, la física y las ciencias del lenguaje. Suficiente es el aporte y soporte para hacer de este volumen una de las herramientas para adentrarnos en las personas que no sólo abre el tiempo vivido o por vivir del individuo, sino desvelar “sus bloqueos y, en muchas ocasiones, se tendrá la explicación de sus traumas”.
Los símbolos están dados, la forma de leerlos están en este libro.