Alejandro Alvarado

—¿El mal puede verse como la materia prima de la literatura maldita?
—Esta literatura debe ser entendida como un género literario. Así como hay escritores románticos, de ciencia ficción o realistas; vidas eróticas o vidas cursis, hay escritores malditos, y en éstos, como en su obra, lo esencial es su relación con el mal. El mal no entendido en sentido ético sino sociológico. Lo que ellos eligen no es otra cosa que lo que la sociedad burguesa capitalista, convencional y conservadoramente llama mal, que es todo lo que no cabe dentro de su estrecha noción de bien. Sin embargo, estamos hablando de una dimensión muy importante de los seres humanos que contiene mucha energía, mucha creatividad, mucha vida. Es, sobre todo, una dimensión en la que radica la soberanía.
—Sin embargo, en la vida de los creadores de este género encontramos ciertas características que los definen como escritores malditos…
—El Marqués de Sade, por ejemplo, en la primera mitad de su vida fue un libertino; pero en la otra fue un investigador, un escritor, un pensador. No era un borracho ni un pervertido ni un drogadicto. La primera mitad de su vida padeció una enfermedad sexual muy grande; era un libertino que sí flagelaba a las mujeres y las obligaba a flagelarlo a él. Eso fue hasta los 37 años, cuando todavía Sade no era un pensador ni un maldito ni nada. Era un libertino, simplemente; pero la segunda mitad de su vida fue ordinaria, de lo más tranquila. Es cierto que muchos escritores malditos consumían altas cantidades de alcohol e ingerían drogas; vivían, un poco, de manera itinerante, errante, pero eso no es necesariamente lo que los define, porque abundan borrachos y drogadictos en el mundo que no tienen relación con la literatura maldita. Lo que los define es algo más amplio, esa elección del mal en el sentido sociológico de lo que está rechazado. Si los bien pensantes censuran, por ejemplo la droga, los escritores malditos la aceptan como una parte del mal. Son malditos porque eligen el mal en sentido general. Éticamente son transgresores; pero tampoco es eso lo que los define, lo que los define es que todos ellos postulan una moral diferente. Su literatura, por cierto, es gran literatura.
Para escribir este libro, primero escogí a los autores históricos del siglo XIX que necesitaban estar incluidos y luego a los que en el siglo XX recibieron influencia de éstos. El Marqués de Sade es el patriarca, Baudelaire el fundador del género, Edgar Allan Poe está asentado en un lugar donde destaca su creatividad maldita, El perro andaluz es un diabólico homenaje que Salvador Dalí y Luis Buñuel rindieron a lsidore Ducasse, el paso de Rimbaud por el infierno no podía faltar, Antonin Artaud fue una especie de mártir justiciero. La influencia de William Burroughs y de Charles Bukowski es vasta en la cultura contemporánea, Jim Morri­son es el único intelectual en la esfera del rock y Leopoldo María Pa­nero es una figura muy singular. Escogí a los autores más representativos.
—De ellos, ¿hay alguno que sea el que ha impactado más, del que te sientas más cercano?
—Baudelaire y Artaud; intelectualmente quien me desconcierta más es el Marqués de Sade: Postula un sistema ético tan sumamente insólito y tan firmemente sólido, que es difícil de pensar en éste. Tardaremos mucho tiempo en asimilarlo. Sade se comparó una vez con Galileo Galilei: “Galileo fue sentenciado por haber descubierto los misterios del cielo; a mí me atacan por haber descubierto los misterios de los hombres”, dijo. El Marqués investigó mucho la vida sexual, las aberraciones, las enfermedades mentales, las costumbres de la antigüedad, a las clases sociales de la Edad Media. Indagó en su propia vida y en sus propias enfermedades men­­­­tales-sexuales. Su mate­­rial es de primera mano. Pensó mucho acerca de la vida secreta del hombre. Dijo: “yo he hecho lo que hacen los otros, pero éstos no lo dicen”. Los poetas malditos ponen sobre la mesa las cartas ocultas. Cuando yo abordo este tema lo que busco es referirme a lo que los hombres son capaces de hacer, a lo que tienen dentro de sí, a los instintos y las pasiones. Los poetas malditos no matan a nadie, pero el crimen está en ellos.
—¿Cuál es la importancia de la poesía maldita, su influencia en la literatura?
—No solamente en literatura, sino en toda nuestra cultura ejerce una grandísima influencia. Se ha dicho que interviene en el modelamiento de la sensibilidad moderna. Lo que nosotros somos hoy también se debe a ellos, a esa cultura. Los escritores malditos generaron un pensamiento tan radical que influyó e inspiró a diferentes movimientos sociales, y tuvo consecuencia en la modificación de las relaciones de las sociedades, de las relaciones entre hombre y mujer, de las relaciones sexuales y de las relaciones de género. Todo movimiento contracultural, en los años sesenta y setenta, en Estados Unidos y en París en el 68, tuvo como fuente de inspiración a la literatura maldita, cuya influencia se extendió hasta la sociedad actual. En gran medida, somos herederos de esta cultura, hemos adoptado una parte que proviene de este género literario; además, la obra de estos escritores sigue siendo fuente de inspiración, incluso sus vidas, aunque no nos atrevamos a seguir su modelo. Su obra sigue siendo una cierta guía moral, hasta cierto punto, porque lo demás nos da miedo.