Sostenida en sus brazos, llevaba a la niña que tuvo en la prisión. Acompañada por su marino en silla de ruedas y su otro hijo de 20 meses, llegó a Roma desde Jartum, Meriam Isha Ibrahim, la mujer condenada a muerte por profesar el cristianismo y no el Islam, en Sudán.
“El Papa les ha dado las gracias por el testimonio que han dado, por la perseverancia en la fe”, expresó el portavoz del Vaticano Federico Lombardi. El encuentro duró treinta minutos aproximadamente y Meriam le agradeció “La cercanía y las oraciones del Papa y de la Iglesia”, “las hemos notado”, dijo.
El Papa mostró interés sobre cómo han vivido estos meses de condena y cómo se organizarán a partir de ahora; Lombardi aseguró que fue un encuentro “muy tierno y cariñoso”, y que el Papa saludó a los funcionarios del Ministerio de exteriores italiano que llevaron a Meriam a Roma.
“Con este encuentro el Papa ha querido mostrar su presencia y solidaridad junto a los que ven limitada o dificultada la práctica de su fe”, indicó el portavoz, “Esta familia es un símbolo de las personas que viven dificultades por testimoniar la propia fe”.
El padre de Meriam era musulmán, pero la abandonó cuando ella tenía cinco años, por lo que creció con su madre, cristiana ortodoxa, y más adelante se hizo católica. En 2011 conoció a su esposo, Daniel Wani, cristiano originario de Sudán del Sur, pero cuando se casaron y esperaban su segundo hijo, fue condenada a muerte por negarse a retractar su fe cristiana y por adulterio. Luego de una intensa campaña internacional, la Corte de Apelación anuló la sentencia el pasado 23 de junio.
