Ricardo Muñoz Munguía
(Segunda y última parte)
El instante, la memoria, las sensaciones, la fe…, son los principales rostros del poemario La telenovela de las cuatro no se detendrá porque alguien logró matarse. Y en cada uno de sus gestos/poemas la vereda cobra rumbo, es decir, versos como “Pero de la espera no hay regreso./ Y del tiempo, mentira,/ nadie sale mejorado” delinean formas paralelas que lucen lo palpable por certero. Una especie de definición de lo que nos rodea.
El quehacer del escritor sinaloense primeramente se aleja de toda solemnidad para, después, darle paso a las imágenes. Un trabajo que cumple con la hondura poesía pero con el interesante acento que recae sobre la escritura en lo aparentemente cotidiano.
El poemario de Quintero se divide en seis secciones, que no cuentan con título, al igual que todos los poemas que integran el volumen, pero esa postura es intencional porque el autor utiliza deslumbrantes epígrafes que son la piedra que abre el camino por las páginas que citan la infancia a la vez que se adolece la edad adulta, el tiempo que es sustancia de podredumbre, del despertar y definición —o confirmación— de la sexualidad, así como de la comunión gay a través de objetos/metáforas, de la soledad que persigue “y siempre perfecciona el miedo que nosotros nos tenemos a nosotros mismos”, y también de otro temor que es más bien una sensación ajena, por otras personas —sobre todo por los niños— o animales: “Y aquí estoy,/ le digo a la vida,/ sentado en una banqueta/ como un niño al que se le murió la vida/ de su perro”. Sitio/libro donde todo es puntual, “y la telenovela de las cuatro no se detendrá porque alguien logró matarse”.
A.E. Quintero, La telenovela de las cuatro no se detendrá por alguien logró matarse. Simiente (Colección Simonía), México, 2014; 106 pp.
