Es necesario que el Príncipe sea tan prudente,
que sepa evitar la infamia de los vicios que le harían
perder el Estado, y preservarse si le es posible,
de los que no se lo harían perder.
Maquiavelo
Luz María Cahero
Nacido en Leningrado en 1952, Vladímir Vladímirovich Putin contaba con 18 años cuando ingresó a la Universidad Estatal de su ciudad natal, para estudiar derecho, que finalizó cinco años después con su tesis “Política de Estados Unidos en África”. Justo en 1975 empieza a realizar trabajos de contraespionaje en una filial de la KGB, la policía secreta de la extinta Unión Soviética.
En 1970, con 18 años, es cinta negra en judo y practicante de diversas artes marciales cuyas filosofías admira por su aptitud para disciplinar el cuerpo y la mente; ha expresado igualmente, que gusta de las novelas de espías, “por la capacidad y el esfuerzo de un solo hombre para conseguir lo que ejércitos enteros no logran”.
Con 19 años empezó a estrechar su relación con Stanislav Merkúriev, personaje importante en la vida de Putin pues lo contactó con Sobchak, quien se convirtió en el mentor político del joven abogado.
A los 27 años
La década de los setenta, en su primera parte, afirmó la expansión soviética hacia Angola, Etiopía y Mozambique, estrechó las relaciones con Cuba, registró gran actividad en materia de política exterior, vio el estallamiento de la guerra en Vietnam y la creación de la Doctrina Brézhnev, que sostenía que la Unión Soviética tenía derecho a intervenir militarmente en cuanto una fuerza hostil a los intereses socialistas le amenazara. Esta postura ha sido calificada por no pocos investigadores como aquella que hacía posible determinar en qué momento un país podía pasar del socialismo al capitalismo.
Los setenta igualmente, fueron los años de estancamiento de la economía soviética y concretamente en 1975, el de la firma de la Conferencia de Helsinki que dio paso a la creación de la Organización para la Seguridad y la Cooperación para Europa.
El final de esa década marcó también las negociaciones que desde 1969 venían realizando la URSS y Estados Unidos sobre la reducción de armas nucleares de largo alcance que culminaron con los acuerdos SALT I y SALT II para limitar en 1979, el número de misiles nucleares, y en otro ámbito, el envío de tropas a Afganistán.
En 1979, con 27 años, Putin era teniente de Justicia en la KGB y recibía en Moscú un curso de capacitación de seis meses para regresar a Leningrado al término del mismo.
No obstante el acercamiento y firma de los acuerdos para la limitación de armamentos, las relaciones entre Estados Unidos y la URSS empeoraron al iniciarse la década de 1980. La represión soviética a los disidentes polacos fue acremente criticada por Estados Unidos que condenó el papel desempeñado por la URSS en la represión de la disidencia en Polonia y por el derribamiento de un avión civil coreano en septiembre de 1983.
En esos días, la corrupción dentro del Politburó era un hecho más que notorio, no había quien diera nuevo rumbo al país, la economía estaba prácticamente en bancarrota y el Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) acusaba una debilidad de cuadros entre sus miembros así como una dirigencia vieja e inercial: los tiempos de los aparachik (burócratas distinguidos de tiempo completo) habían terminado.
Las muertes de Brézhnev en noviembre de 1982, de su sucesor en la jefatura del Estado y en la secretaría general del PCUS, Yuri Andropov, en 1984 y de Konstantín Ustínovich Chernenko, apenas trece meses después de haber resultado electo el cargo de jefe de Estado, hicieron posible el arribo al poder de Mijaíl Gorbachov en 1985; ese año, coincide con la terminación de los estudios de Putin en la Academia de Espionaje y la instrucción de transladarse a la República Democrática Alemana para ocupar un cargo dentro de la STASI (la policía secreta en ese país).
En 1990 el espía de la KGB continuó en su puesto hasta que se unió al equipo de trabajo de Anatoly Sobchak cuando éste fue electo diputado del Consejo de Leningrado, y aunque Putin continuó oficialente en la KGB, según él mismo ha relatado, era oficialmente el asesor de Sobchak.
Su papel consitió propiamente en hacer paradiplomacia al ser nombrado presidente del Comité de Relaciones Exteriores de San Petersburgo, toda vez que realizaba trabajos atrayendo inversiones al tiempo que desarrollaba proyectos con socios extranjeros.
El futuro presidente dirigió la campaña electoral de Chernomirdin en 1985 y la del propio Sobchak para su reelección como alcalde de San Petersburgo; esta última no se logró.
Carrera política en ascenso
No obstante, la carrera política de Putin iba en ascenso rápidamente. En 1998 recibió el cargo de director del Servicio Federal de Seguridad que desempeñó de manea simultánea con el de secretrio del Consejo de Seguridad Nacional. A los 47 años, llegó a la antesala del poder en 1999 cuando Boris Yeltsin lo nombró ministro, y en ese mismo año lo designó presidente interino luego de su dimisión.
El candidato Putin apareció entonces en escena sostenido por su partido: Rusia Unida, fundado en 2001, de corte ideológico nacionalista y conservador, y plenamente identificado con la centroderecha.
Putin ganó las elecciones preisenciales en marzo del 2004, y su mano se sintió de inmediato en las trasnformaciones de la Federación Rusa. Con altos índices de aceptación alcanzó un crecimiento económico equivalente al 72% en el Producto Interno Bruto y una considerable disminución de la pobreza.
La agenda de Putin todo el tiempo se ha destacado por ser fuerte opositora a la oligarquía rusa representada en su momento por Vladimir Gusinski, Boris Berezovski y Mijail Jodorkovski y el mensaje del Kremlin que ha tendido hacia la línea nacionalisa y conservadora que utiliza a los mass media —la televisión— como medio de propaganda.
Experiencia probada
El modo de operar del presidente ruso difiere al de Occidente, pues, mientras en este el consenso político se basa en la alternancia democrática con la oposición, en Rusia se aceptan las reglas del juego que son dictadas desde el Kremlin. No hay lugar a los disensos.
El neoliberalismo trajo consigo la libertad más amplia posible especialmente en el rubro del intercambio de bienes y servicios. El fin de la historia fue proclamado por Franis Fukuyama y Freiderik Hayek, dos de los muchos personajes que anunciaron el triunfo del mercado.
Para el primero, politólogo, el fin de las ideologías llegó y ellas fueron reemplazadas por la economía, la única opción viable es el mercado y el liberalismo democrático, la prueba es el fracaso del régimen comunista. Para el segundo, economista y Premio Nobel, la gran contradicción de la economía planificada rompe con los criterios de eficiencia porque rara vez coincide con la demanda de la población, “talón de Aquiles del Socialismo”.
Lo cierto es que en el juego de liberalización de la economía rusa, Putin ha sabido moverse con experiencia probada. Cuando se trató de revisar y determinar quiénes estaban erigidos como oligarcas en su país, fueron identificados varios personajes que tenían extendidos sus tentáculos hacia diversos sectores de la economía rusa, generando estancos que impedían que otros actores se expresaran con el cambio vidido con la caída de la Unión Soviética.
En ese mismo juego, los grupos de poder suben junto con quienes los patrocinan. Las invitaciones para formar parte del mismo equipo no se hacen esperar. Quizá eso es lo que se pretende y el rechazo no es agradable para quien desearía crecer en capacidades controladoras y mira con recelo a quienes no obstante estando del mismo lado de la economía, tiene sus propios planes y proyectos.
La era Putin ha confirmado su vocación nacionalista que le llevó a cercar hasta derribar al empresario Jodorkovski por los delitos de fraude y evasión fiscal por la suma de mil mllones de dólares y por sus vínculos con occidente al pretender construir un oleoducto transiberiano.
Mejores salarios y pensiones
En la era Putin se han registrado mejoras en salarios y pensiones a partir del 2007, bajo una óptica abiertamente de mercado, los automóviles lujosos circulan por las calles de Moscú al igual que en otras capitales europeas, la suntuosidad y la sofisticación marcan a ciertas clases sociales y los jóvenes, como otros de su edad en otras partes de occidente, también piensan en el dinero rápido y consumen al mejor estilo neoyorkino.
Se le critica porque ha tratado de justificar su autoritarismo con las fórmulas discursivas referentes a la “vertical de poder” “democracia dirigida”, la “democracia soberana” y la que pocos dicen entender y que no encierran otro fin que escoder un régimen que no se define, pero que defiende sus interses ante todo.
Hay quienes ven en las posturas del presidente ruso, alcances que podrían llevar a una reedición de la Guerra Fría sin considerar que las situciones socioeconomicas y políicas en el mundo son tan distintas, que no dan para un escenario de tal naturaleza.
Se le señala a la vez por la mano dura para prácticamente aplastar los alzamientos chechenos, hasta escenarios de terror. La no negociación ha sido el signo que ha marcado a los insurgentes de esa región cuya elección ha quedado en el terreno de rendirse o morir.
Más recientemente, una nueva acusación lo ha alcanzado, esta vez desde la Universidad de Pittsburg, lo han señalado como autor de plagio, dado que, Putin habiendo estudiado en 1997 un doctorado en economía en el St. Petersburg Mining Institute, elaboró una tesis doctoral intitulada “Planeación estratégica de recursos regionales bajo la formación de relaciones de mercado”, y que a decir de las autoridades de la universidad norteamericana, fue plagiada una parte de un trabajo realizado por dos profesores universitarios de apellidos King y Cleland en 1978.
Mientras ello ocurre y dado que la lógica del mercado ha susutituido a la dictadura del proletariado, ahí está la gublinka, la de los arrabales tristes y lúgubres, las antiguas fábricas y los mendigos de la Rusia denominada profuda, la que está lejos de Moscú, tanto, como sus problemas de hambre y marginación.
El 2018 podría argumentarse que está lejano: es el año en que Rusia llevará a cabo elecciones. Pero en ese país, como en muchos otros, el futurismo político no es una excepción. La publicidad y la propagada juegan también su papel y a pesar de que la popularidad de Putin se ha deteriorado, se habla de que no hay quien pueda sustituirlo.
Pensar en un político como Guennadi Zyuganov, de la vieja guardia, podría presentarse nuevamente a contender, lo mismo que el ultranacionalista Zhirinovksky, que también ha competido varias veces, es pensar en la vetustez de sus ideas y principios pues se considera que no están acordes con los tiempos moderos. El tiempo marcará las posibilidades reales de Putin.
