Ricardo Muñoz Munguía

Lenguaje a través del arte, expresión del espíritu. Es la comunicación que entabla el artista plástico Rafael Sánchez de Icaza (Ciudad de México, 1958) con su obra, la que es enmarcada como “Surrealismo geométrico”. Su labor —la que ha sido premiada tanto nacional como internacionalmente, además de ser expuesta su obra en varios países— ha tenido transformaciones que abarcan surrealismo, arte abstracto, pop-art, postmodernismo, neo-expresionismo y realismo social. Y, por otro lado, la temática también es muy diversa (la tauromaquia, el arte precolombino, la música, el teatro, la naturaleza, lo ecuestre, el arte sacro, fotografía…, el entorno social que habita), sin embargo, es sobre la Fiesta Brava en que alcanza mayor nitidez. En esta charla aborda el panorama de su quehacer artístico: “Los temas que pinto son básicamente los que han sido parte de mi identidad y mi entorno sociocultural, es decir, son reflejo de mi propia vida y circunstancia. El tema taurino es uno de los aspectos más difundidos de mi obra pero están otros que son referentes a mi entorno”.
Las imágenes que ilustran las páginas de este número de La Cultura en México son una prueba del importante registro gráfico que comprende una labor de toda la vida, pues Sánchez de Icaza nos mostró un dibujo que realizó cuando él contaba con tres años de edad.

—El tema taurino, ¿cómo encaja tan significativamente en su obra?
—Mi abuelo Alfonso de Icaza tenía un periódico muy importante en México, de espectáculos y sobre todo taurino, que tuvo su auge de 1929 a 1972 llamado El Redondel. Entonces mi abuelo ocupaba todos los domingos un palco en la Plaza para hacer las crónicas en directo. Por otro lado, la mayoría de mi familia tiene cultura taurina y mi madre me llevaba al palco de mi abuelo a ver los toros. A los cuatro o cinco años de edad, la corrida es larga por aburrida. Mi mamá, conociendo mi gusto por la pintura, me llevaba material para dibujar, para entretenerme; y es así que se despierta mi vocación a la pintura y la proclividad a la cultura taurina, ambas nacen y crecen al mismo tiempo en mí.
—¿Qué opina del surrealismo y de los surrealistas?
—Es un movimiento importante que intenta registrar el inconsciente pero más allá de definiciones o de mi propio aprecio por tal o cual autor considero que el surrealismo, hoy en día, es una alternativa estética para la expresión del espíritu.
—Usted es un artista plástico muy cercano a las letras, de hecho es autor. ¿Existe alguna fusión entre literatura y pintura?
—Sí, claro. He intentado varias fusiones o varias veces esa fusión a la que se refiere. Una de ellas tiene como título “Postcolombino” que son relatos hechos pintura y pinturas hechas relato.
—Sobre el tema del toreo, usted desarrolla o fija una idea propia de la Fiesta Brava…
—Lo que sucede en el toreo, para mí, en el aspecto puramente sensitivo, es una sucesión armónica de sentimientos expresados en armonía. Y lo que busco es representarlo desde ese concepto. Existen muchas otras formas de representarlo desde las más soeces y grotescas hasta las más armónicas. Y respecto a lo estético que busco en mi trabajo taurino, se centra en el título de un célebre libro de José Bergamín, lo describe a la perfección, muy a mi parecer: La música callada del toreo.
—Esta labor suya también lo ha llevado a tener amistad con varios toreros…
—He conocido a muchos toreros y me he hecho amigo de algunos de ellos, amistad que recíprocamente nos brindamos. Algunos de ellos tienen presencia en mi trabajo como Manolo Martínez, José Tomás, José Rubén Arroyo, Curro Rivera…
—¿Valente Arellano?
—También, sólo que en mi forma de pintar de los años ochenta. Y la lista es demasiado larga, pues he trabajado durante años para periódicos y revistas, independientemente de lo que dibujo de costumbre en las plazas de toros.
—¿Usted decide cómo será el cuadro antes de iniciarlo?
—A veces. También me encanta, como si fuera jazzista, improvisar durante la ejecución. También es abordar el movimiento, porque lo estático me angustia o me estorba, por eso prefiero romper, mover, sugerir…, a fijar, establecer o definir.
—Al salir de una corrida, ¿se lleva algo que será representado en su labor artística?
—Invariablemente. Tengo el hábito de dibujar en las plazas, desde que tengo memoria. Pero no es como tomar notas, sería, en todo caso, como escribir un verso…, y hay versos afortunados; lo mismo sucede con el dibujo.