La Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos admitió haber espiado los ordenadores de investigadores de la Comisión de Inteligencia del Senado cuando éstos elaboraban un informe sobre los métodos de interrogación y detención de la CIA, que debe publicarse en los próximos días o semanas, que realizan agentes norteamericanos en prisiones secretas.
Un portavoz de la CIA, Dean Boyd, reconoció que la inspección llevada a cabo, después de que se diera a conocer el escándalo, determinó que “algunos empleados” de la agencia actuaran de forma “inconsistente” con los compromisos adquiridos por la agencia en 2009, cuando comenzaron las indagatorias.
El director de la CIA, John Brennan, por su parte, se disculpó ante la presidenta de la Comisión, la demócrata Dianne Feinstein, y ante el máximo representante del Partido Republicano de ese órgano, Saxby Chambliss; Brennan también pidió la creación de una junta de asuntos internos con la finalidad de que se revise la conducta de los empleados de la agencia y analizar “posibles medidas disciplinarias”.
La disculpas de Brennan contradicen su posición inicial en marzo, cuando salió a la luz el espionaje, cuando advirtió a los legisladores que se arrepentirían de acusar a la institución de irregularidades, de acuerdo con “The Washington Post”. Sin embargo, a pesar de la aceptación de la CIA, declaró que el Departamento de Justicia no ha encontrado pruebas suficientes que permitan señalar un posible caso penal por las intromisiones en los ordenadores de la Comisión de Inteligencia.
El espionaje es delicado porque afecta a una de las peores tragedias en la historia, la tortura a sospechosos de terrorismo, durante los años posteriores a los atentados del 11 de septiembre de 2011, cuando el republicano George W. Bush era presidente; también porque la víctima del espionaje ya no era la canciller alemana, un país enemigo o un ciudadano anónimo, sino los representantes del pueblo que supervisaban las agencias de espionaje; y porque se da en un momento tenso en el que las prácticas de inteligencia norteamericana —desde la NSA hasta la presencia de agentes de la CIA en los servicios de espionaje alemanes— vuelven a ser cuestionadas.
