Entrevista a Alejandro Solalinde: Se puede ocasionar un conflicto social

 

Moisés Castillo

Cincuenta centavos de dólar vale la vida de un niño hondureño. Hace unas semanas un menor se negó a pagar la extorsión semanal y otros niños lo degollaron en la ciudad de Santa Bárbara, Honduras. Niños que matan a otros niños. Pandillas que asesinan a jóvenes y destrozan familias. Matan con pistolas, cuchillos e incluso granadas.

Centroamérica huele a tumba. Tan sólo en junio, 32 niños fueron asesinados en Honduras, colocando en 409 la cifra de víctimas menores de 18 años desde enero del año pasado, según Covenant House, un albergue para jóvenes en Tegucigalpa.

Eduardo Guerrero, consultor en seguridad pública, revela que de 2000 a 2012 la tasa de homicidios en Honduras escaló de 51 a 90 homicidios por cada 100 mil habitantes (en México se registran alrededor de 20 homicidios por cada 100 mil habitantes). Explica que la crisis humanitaria de los niños migrantes se debe al repunte de la violencia en el Triángulo de la Muerte: Guatemala, El Salvador y Honduras.

Los presidentes de estas naciones solicitaron a Washington una especie de Plan Colombia para combatir la violencia desbordada y la crisis fronteriza. Así lo dijo Juan Orlando Hernández, mandatario de Honduras: “Nos mandaron un tremendo problema (a Centroamérica). Entonces ahora debemos tener nuestro propio plan”.

Hay que recordar que desde octubre del 2013, más de 57 mil menores sin compañía de adultos cruzaron ilegalmente la frontera de Estados Unidos, en su mayoría provenientes de El Salvador, Guatemala, Honduras y México. ¿Cuál es el futuro de estos menores? Deportarlos significaría una sentencia de muerte.

Ante este grave problema regional, el presidente Enrique Peña Nieto lanzó hace un mes el Programa Frontera Sur con el propósito de proteger y salvaguardar los derechos humanos de los migrantes que ingresan y transitan por México.

“Hay acercamientos con las autoridades de El Salvador y Honduras, para avanzar en la misma dirección y lograr que la migración de Centroamérica sea más segura y ordenada. En México estamos convencidos de que el fenómeno migratorio debe ser atendido desde una perspectiva regional, corresponsable, y sobre todo humana; pero también somos conscientes de que cada nación tiene que hacer su parte. Se ha dispuesto el reforzamiento de medidas para ordenar y dar mayor seguridad al complejo fenómeno migratorio”.

Con el Programa Frontera Sur se transformarán los cinco puntos de revisión aduanales en Centros de Atención Integral al Tránsito Fronterizo, se reforzará la protección social y de salud para los indocumentados, operará un mecanismo especial para niños migrantes que viajan solos y se creará la Coordinación para la Atención Integral de la Migración en la Frontera Sur. Además se redoblarán esfuerzos contra el crimen organizado que acecha a migrantes. También el gobierno mexicano entregará tarjetas de Trabajadores Fronterizos y Visitantes Regionales a ciudadanos de Guatemala y Belice.

Como parte del programa se creó la Coordinación para la Atención de la Frontera Sur, que dirigirá el Humberto Mayans, quien fuera senador del PRI por Tabasco.

Es un muro virtual

Para el sacerdote Alejandro Solalinde, fundador del Albergue Hermanos en El Camino, el Programa Frontera Sur provocará un estallido social y encapsulará la migración.

“Lo que están haciendo es un muro virtual para que nos pasen los migrantes centroamericanos. Van a juntar migrantes pobres con locales pobres, los están juntando, eso puede ocasionar un conflicto social. Están orillando a que los migrantes tengan que buscar otros medios: la corrupción. Claro que pueden pasar con dinero, porque de Centroamérica a Estados Unidos hay redes de corrupción bastante claras del crimen organizado y de funcionarios públicos. Esto va a costar vidas y más sufrimiento para los migrantes”.

¿Qué le molesta más sobre esta realidad de los niños migrantes centroamericanos?

Me indigna la reacción que tiene el Estado norteamericano hacia estos niños y hacia los migrantes en general. Especialmente hacia los niños, porque si los migrantes son un signo de la descomposición sistémica a nivel regional, los niños son la señal y la alarma del agravamiento de esa crisis sistémica. Estados Unidos ha ocasionado la ruina directa e indirectamente de Centroamérica a través de las trasnacionales, de su base militar que tiene en Honduras, del apoyo a las seis familias más ricas que se han apoderado de Honduras de origen árabe e italiano, de las armas que han enlutado Centroamérica, sobre todo a Honduras y El Salvador con armas de Estados Unidos, el 70 por ciento vía Texas. Entonces ante la insensibilidad de los gobiernos de origen y el servilismo de México, que está atendiendo las necesidades de seguridad para una nación paranoica que se entromete en todo el mundo con su política belicosa, en lugar de entender la situación de los migrantes como una señal de descomposición social. Aquí el ser humano no les importa, les interesa el dinero, el capital financiero.

Hace unas semanas, se celebró el Coloquio México-Santa Sede. ¿Cómo califica esta iniciativa conjunta del gobierno federal y el Vaticano para “dignificar” al migrante? ¿Por qué no lo invitaron a usted?

El Papa tiene un interés especial por los migrantes, por eso envió al cardenal Pietro Parolin que es el segundo hombre más importante del Vaticano, es el secretario de Estado. Entiendo que representa a un Estado diferente que empieza a concebir las cosas de una manera distinta, es un secretario que no viene a arreglar asuntos de Estado sino una situación humanitaria como son los niños migrantes. Vino con toda la recomendación del papa Francisco de priorizar el tema migratorio.

Por otro lado, no nos invitaron ni al obispo Raúl Vera, ni al padre Pedro Pantoja, fray Tomás González, ni a la hermana Leticia Gutiérrez Valderrama, a muchísimos más que hemos trabajado por años en este tema. Quizá no nos invitaron porque nosotros hubiéramos dicho la verdad, hubiéramos dicho cómo trabaja el Instituto Nacional de Migración (INM), hubiéramos desenmascarado las políticas simuladoras del gobierno de México, y eso no les gusta.

¿Qué opina sobre el programa Frontera Sur que lanzó Enrique Peña Nieto? ¿Es un cambio de la política migratoria en la frontera con Guatemala?

No. Estuve leyendo, inclusive, la revista Migración y tiene una nueva imagen, igual el INM, y puedo ver nuevos uniformes, pero no basta con cambiar la imagen. Estas medidas que está implementando el gobierno de México son medidas sacadas de la manga, no están bien pensadas, no están bien fundamentadas, son mediáticas, son políticas de imagen, no responden a verdaderas políticas públicas sobre todo construidas desde abajo, con gente que tiene experiencia, que está trabajando con los migrantes desde hace muchos años. Estas medidas de impacto mediático son para demostrarle al Papa que de veras bastó la visita del cardenal Parolin para confirmar que hay respuestas rápidas, no sólo para el Papa sino para Estados Unidos.

Estas medidas se implementan porque Barack Obama ordena qué se va a hacer, “ya no quiero más niños y voy a deportar”, ya no los están dejando pasar desde su lugar de origen. Estas políticas están hechas desde el escritorio, están condenadas al fracaso.

 

Voltear a los orígenes

¿Qué le parece el nombramiento de Humberto Mayans como coordinador de la Frontera Sur?

A él no lo conozco. Sé que fue el brazo derecho del exgobernador de Tabasco Andrés Granier. Se me ha pedido que le dé un voto de confianza, pero no sé qué bueno pueda venir de unas políticas públicas que plantea Peña Nieto y con personas que no vienen de derechos humanos, que no tienen buenas referencias. Esa persona no puede decidir más cosas que le den desde arriba vía Estados Unidos.

¿Qué soluciones pueden ser viables en el corto y mediano plazos para mejorar la situación de los niños y migrantes adultos?

Lo he señalado desde hace más de tres años: voltear a ver los lugares de origen. Es decir, los gobiernos de origen tienen que reconocer su responsabilidad respecto a sus migrantes. Pero, ¿cómo reconocer que les importan los seres humanos si se han preocupado nada más por sus remesas? Por otro lado, México, como país de tránsito, le debe importar también la protección de las personas independientemente de su condición migratoria. Estados Unidos tendría que ver realmente el valor de los migrantes, reconocer la aportación que le dan al engrandecimiento económico y cultural. Este es un problema complejo que además es transversal, se requieren programas de desarrollo integral. Uno inmediato es atender a los niños, a los migrantes, a los que están en tránsito. ¿Qué vamos a hacer con ellos: reprimirlos, retenerlos, encarcelarlos como lo hace Migración y regresarlos a su patria? ¿Qué vamos a hacer a largo plazo en la construcción de una región sana económica, social y espiritualmente. La Iglesia católica tiene que entrarle a esta reconfiguración de una nueva sociedad regional mesoamericana y norteamericana. No le veo otra solución. Pero, ¿cómo se va empezar una nueva formación si no hay una nueva visión migratoria y lo que hay son intereses en los bolsillos?

¿Ha cambiado la política migratoria tras los hechos trágicos de San Fernando, Tamaulipas? Lo veo pesimista…

No tengo cifras halagüeñas para decir que tengo motivos para pensar que ha mejorado el trato hacia los migrantes. Del 2010 para acá han continuado los secuestros, se sigue extorsionando a los migrantes, se les sigue viendo como una mercancía, las mujeres continúan desapareciendo —no sólo migrantes sino mexicanas en Veracruz y en Estado de México para la trata—.

¿Cómo voy a estar contento si el INM los sigue persiguiendo por todos lados, aprovecha además de tenerlos cautivos para extorsionarlos, y cobrarles su libertad aunque sea vía repatriación?

En los discursos sí hay un cambio, pero si les preguntas si son católicos todos, lo son. Pero a la hora de decirles a quién obedecen, si a Cristo o a Estados Unidos, ahí se quiebran. Por eso no cambian las cosas.

 

Cirugía mayor y no aspirinas

El secretario Miguel Ángel Osorio Chong aseguró que se va a poner orden en el tren La Bestia. ¿Es adecuada esta medida?

Fue una declaración desafortunada. Si el secretario de Gobernación estuviera informado, o por lo menos alguien de ahí, recordaría que en 2005 estuvimos dos meses y medio sin tren. El huracán Stan destruyó 34 puentes y largos tramos de vía férrea, además hubo cambio de empresa concesionada: dejó de operar Chiapas Mayab para operar Ferrotur. En ese lapso, los migrantes, por el huracán, habían ya caminado 200 km de Ciudad Hidalgo a Arriaga, pero a partir de la suspensión del tren caminaron 300 km más de Arriaga a Ixtepec. ¿Qué pasó en esos días? Hubo más asaltos, más violaciones, más extorsiones, más heridos. Es más sufrimiento para ellos.

El crimen organizado —me refiero no sólo a los cárteles de los Zetas y del Golfo sino también al grupo que trabaja con ellos como policías, funcionarios públicos, maquinistas— compra armas gracias al dinero de los migrantes. Cuando él [Osorio Chong] vea los resultados y los estallidos sociales que va ocasionar esa medida, el mayor sufrimiento y el holocausto para los migrantes, va a tener que recular.

¿Cree que la sociedad no ha sido solidaria con los migrantes? ¿Somos los mexicanos clasistas y racistas?

Así como los niños han polarizado la sociedad norteamericana, así también en México. La migración está polarizando la sociedad mexicana. Está padeciendo personas xenófobas, pero por otro lado está apareciendo gente solidaria que sí ayuda a los migrantes, sobre todo jóvenes universitarios y muchísimas mujeres están respondiendo maravillosamente. Tengo que ser justo: también hay muchas personas del gobierno y de los partidos que se han solidarizado. Lo que se necesita no son aspirinas, requerimos de una cirugía mayor. Se requiere la convergencia de todos como mexicanos, pero para eso requerimos de un líder. Si Peña Nieto no fuera un instrumento de la política, de lo mediático, sino una persona que viniera desde abajo con convicciones, bien informado, con una visión de estadista, tendríamos algo distinto, sería una persona que convocara a crear una sociedad diferente, tendríamos un México distinto. Pero está haciendo todo lo contrario: está entregando México y a mantenernos reprimidos.