Bernardo González Solano

Como si el martiniqués Franz Fanon hubiera sido pitoniso, el título de su principal libro, Los condenados de la tierra, sigue cumpliéndose en varias partes del continente africano, hoy por hoy posiblemente el menos desarrollado del planeta porque continúa siendo explotado por las antiguas metrópolis y por la República China, uno de los países emergentes que trata de avasallar por todos los puntos cardinales aprovechando el fenómeno de multipolaridad del siglo XXI. Parodiando a Fanon, “los fregados de la tierra” tienden a estar peor. En varios aspectos. Por ejemplo, de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), desde el descubrimiento del mortal virus Ébola en 1976 se han documentado casi 1,850 casos de fiebres hemorrágicas, de los que más de 1,200 fueron mortales. Del mes de octubre  2001 a diciembre de 2003, varios brotes de Ébola del subtipo Zaire se reportaron en Gabón y la República del Congo, con un total de 302 casos y 254 muertes.

En estos momentos, el más reciente brote del virus, a fines de 2013 en África occidental continúa propagándose por Guinea, Liberia y Sierra Leona, y según la ONG Médicos sin Fronteras (MSF), afirma que está fuera de control. Hay constancia ya de 729 fallecimientos y 1,323 casos en más de 60 lugares distintos. Se trata del brote más grave (mortífero), de la enfermedad y ésta es la primera vez que se extiende por África occidental. Un caso documentado se registró el martes 22 de julio, cuando Patrick Sawyer, asesor del ministro liberiano de Finanzas, falleció en Lagos (Nigeria), a donde llegó procedente de Liberia tras una escala aérea en Togo. Los anteriores brotes de Ébola habían afectado a países del Este o centro de Africa: Uganda, Congo, Sudán y Gabón, pero al finalizar el año pasado “emigró” al occidente africano.

Nueve meses más tarde de la reaparición del virus, Margaret Chan, directora general de la OMS declaró: “el  ébola se mueve más de prisa que nuestros esfuerzos para controlarlo”. En la cumbre regional que tuvo lugar el viernes 1 de agosto en Conakry, capital de Guinea, con la participación de los jefes de los tres Estados de los países infestados a los que se agregó el de Costa de Marfil, la funcionaria internacional pronosticó que el mal “podría propagarse sin  control, y si la situación continúa deteriorándose, las consecuencias podrían ser catastróficas”. Los dirigentes africanos se reunieron en la capital guineana para organizar el despliegue de centenares de médicos extras como parte de una ayuda de emergencia de la OMS, calculada en más de 100 millones de dólares. Chan dijo que personalmente dirigirá la lucha contra el virus y anunció una nueva reunión para decidir si se eleva el nivel de alerta. Lo único positivo del problema, según Chan, es que los anteriores brotes “se han conseguido controlar”. Explicó que son varias las razones por las que se ha llegado a la situación actual: más de 60 de los fallecidos (el 8.3%) y la mayoría de los infectados era personal sanitario, aunque también destacó que influían las costumbres locales y que algunos enfermos evitaban presentarse en centros de aislamiento y decidían permanecer en sus casas al cuidado de familiares, lo que aumentaba el riesgo de propagación del virus. Asimismo, los cadáveres deben eliminarse con mucho cuidado, pues el virus, presente en los fluidos corporales, incluido el sudor, es más contagioso en la fase terminal. La ignorancia sobre lo que debe hacerse con los cadáveres agrava el problema.

De acuerdo a los últimos datos, en Nigeria (con un solo fallecimiento), los médicos deducen “un avance significativo en la evolución de la epidemia”. Sobre todo porque la cifra actual de muertes en la zona —729—, casi triplica los 280 fallecidos en el primer brote de esta enfermedad, el del Congo de 1976, hasta ahora era el más mortífero. Y todo indica que, a corto plazo, los decesos aumenten.

Aunque en casi todo el mundo hay temores porque el virus pudiera propagarse a Europa, a Asia y al Continente Americano, algunos expertos descartan una gran epidemia fuera de Africa. Por ejemplo, el científico belga, Peter Piot —miembro del equipo descubridor del virus—, descartó esa posibilidad, y pidió que vacunas y tratamientos experimentales, que han resultado efectivos en animales, sean probados en seres humanos. En declaraciones al periódico de Bélgica, Le Soir, dijo: “No es preocupante que un portador del virus se siente en el Metro a tu lado, ya que es una infección que requiere de un contacto muy directo”, como por ejemplo el vómito, afirmó el científico, actualmente director de la Escuela de Londres de Higiene y Medicina Tropical. Igualmente, el virólogo Jean-Claude Manuguerra, del Instituto Pasteur de París, mostró su “poca precaución por la propagación del ébola en los países occidentales y en particular los europeos, y aseguró que es “absolutamente improbable que comience una epidemia”. Pese a todo, la muerte de preeminentes médicos como Samuel Brisbane en Liberia y Umar Khan en Sierra Leona, refuerza la desconfianza general.

Todos los Estados de la región se mantienen vigilantes. Senegal, Costa de Marfil y Malí han activado sus sistemas de detección. Sierra Leona decidió actuar de manera más enérgica. El presidente Ernest Bai Koroma declaró el estado de emergencia pública. Liberia ha sido el país más severo en sus medidas precautorias: además de suspender las clases, clausuró parte de sus fronteras y puso en cuarentena a las comunidades más afectadas y dio 30 días de suspensión de labores a funcionarios no esenciales. Para ello, la presidenta, Ellen Johnson-Sirleaf (Premio Nobel de la Paz, 2011, y la primera mujer electa presidenta en Africa), ordenó el despliegue del Ejército.

Por otra parte, el pasado sábado 2, a bordo de un avión especial, que solo puede transportar a un enfermo del virus a la vez, llegó a Atlanta, Georgia, Estados Unidos, el doctor Kent Brandley, de 33 años de edad, infectado por su trabajo en el hospital Eternal Love Winning Africa de Monrovia, capital liberiana. Fue internado inmediatamente en el nosocomio especializado Emory University Hospital de esa ciudad estadounidense. El martes 5 se tenía contemplado también trasladar a esa institución a la misionera Nancy Writebol, de 60 años, enferma del mismo mal que su compatriota médico. La repatriación de ambos estadounidenses ha sido precedida con gran nerviosismo (y mezquindad) por algunos personajes, manifestando a través de las redes sociales comentarios de pánico y mensajes contrarios a la repatriación de los dos infectados. “Stop a los pacientes de Ébola  de entrar en EUA. Que los traten allí, al mismo nivel. Estados Unidos tiene demasiados problemas”, escribió el conocido millonario estadounidense Donald Trump, que aspira ser candidato presidencial en el año 2016.

Además de asegurar que se han tomado todas las precauciones necesarias para evitar cualquier contagio (que sería el primero en la Unión Americana), el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) pide confianza a los ciudadanos: “Los hospitales de Estados Unidos pueden tratar con seguridad a pacientes con Ébola”. El centro hospitalario de Atlanta también tomó medidas extras para evitar cualquier posibilidad de contagio, que en el caso del Ébola no es por aire, sino por contacto con fluidos de la persona infectada. Según la organización benéfica cristiana Samaritan´s Purse, para la que trabajan los infectados, su condición empeoraba, pero para el domingo 3, se informó que el doctor Brandley parecía recuperarse. De hecho, tendrían una mayor oportunidad de sobrevivir si eran atendidos en Estados Unidos, según dijo el virólogo Charles Chiu, de la Universidad de California en San Francisco. Y agregó que “el riesgo de transmisión secundaria —que los enfermos contagien a otros trabajadores de la salud o a otras personas en territorio
estadounidense—, es muy, muy bajo”.

Pese a todas estas seguridades, la llegada de los enfermos a Estados Unidos dio pie a toda una serie de reacciones, desde la inevitable inquietud hasta escenarios catastróficos estilo Hollywood y teorías de conspiración. Un usuario con la etiqueta #EbolaOutbreak tuiteó: “Aunque respeto mucho a los trabajadores de Samaritan´s Purse que tienen ébola, realmente no los quiero cerca de Estados Unidos”. Además, la preocupación por la propagación del mal ya ha repercutido en competencias deportivas, como la cancelación de un encuentro futbolístico de la Copa de Africa de Naciones: Seychelles recibiría a Sierra Leona en un partido de clasificación el pasado sábado 2 de agosto, pero los ministerios de Salud e Inmigración de la pequeña isla del Océano Índico impidieron la entrada al país de los jugadores visitantes. Según los expertos, la llegada de personas infectadas es virtualmente inevitable a causa de la proliferación de los viajes aéreos internacionales diarios. Además, los síntomas tardan de dos a 21 días en presentarse, así que un enfermo podría sentirse bien al abordar un avión y caer en cama después de aterrizar.

En la reunión de Conakry, Margaret Chan no descartó tomar medidas extraordinarias para trazar un marco general de acción por el que los países afectados podrían verse obligados a imponer restricciones de movimiento, prohibir concentraciones públicas e incluso desplegar fuerzas de seguridad para garantizar el trabajo de los equipos de atención vírica. En fin, lamentó la muerte y el contagio de cooperantes internacionales que “erosionan trágicamente nuestra capacidad de respuesta”. Por desgracia, “los condenados de la tierra” seguirán sufriendo el Ébola. VALE.