Patrañas de la humildad
La política en tiempos de globalización neoliberal nos ha metido de lleno en un proceso de frivolidad de la política. En Europa esto es más claro. Las acusaciones que menudean sobre algunos mandatarios es por sus extravagancias, por sus formas de vestir, por sus groseras expresiones sobre temas tradicionalmente ajenas a la seriedad que implica la política, siempre más cercana a la tragedia que a la comedia, aunque con frecuencia sea pura comedia, como las que suelen representar los perredistas o los panistas, los primeros tan entusiasmados con la corrupción y la demagogia que les viene directamente del Andrés Manuel López Obrador, formado en el mejor tiempo de Luis Echeverría.
Algunos expertos en imagen me explican que es importante el bien vestir, la correcta combinación de la ropa, la elegante discreción, las palabras, los gestos. El lenguaje gestual, el mostrar siempre frialdad o indignación si se requiere. Saber posar ante las cámaras y siempre modular la voz.
A Cuauhtémoc Cárdenas los medios frívolos le reprochaban su falta de risa, su eterna seriedad. El problema es que su padre era igual y nunca fue un obstáculo para que consiguiera ser el mejor mandatario que hemos tenidos en los últimos tiempos. Y lo mismo podríamos decir de Benito Juárez, su solemnidad no le impidió restaurar la República y vencer a los conservadores y terminar con la invasión francesa.
Ahora resulta que si uno de los hijos de López Obrador utiliza tenis de altísimo precio, es mal visto. Su caso podría ser distinto: él pregona la humildad y la prioridad a la pobreza, cualquier cosa que ello signifique. Pero, ¿y todos tenemos que mostrar modestia falsa e imitar a quienes nada tienen a causa de un injusto sistema? Hasta hoy no he visto a los dirigentes perredistas en harapos.
Al contrario, Rosario Robles pasó de muchachita totalmente Lagunilla a totalmente Palacio en unos días. Ignoro por qué Peña Nieto debe comprar su ropa en un outlet y usar relojes Haste y bolígrafos Vic, que no saben fallar, si tiene un alto sueldo y la obligación de entrevistarse con figuras de distintas nacionalidades y todas de alto nivel. Vergüenza sería que llegara vestido como desarrapado, representa a un estado de cierta riqueza y punto.
Alguna vez, Vicente Leñero entrevistó a María Félix y ella le explicaba por qué siempre estaba hermosa y bien vestida, enjoyada. Decía: represento a la mujer mexicana y por eso deben verme siempre distinguida. Cuando llegué por vez primera al Kremlin en tiempos soviéticos, lo primero que me llamó la atención era la sobriedad de la vida de Lenin. Vestía con dignidad. No se disfrazaba de obrero, los encabezaba y quería llevarlos al poder en una grandiosa utopía. Esto me recuerda que en mi larga militancia comunista.
Hasta el fin del Partido Comunista Mexicano, yo solía vestirme, como ahora, con traje y corbata, lo que no era bien visto por todos. Y qué, mi madre así me acostumbró, por eso a mí no me preocupa si Peña Nieto trae relojes caros, siempre y cuando no lo haga a cargo del erario.
De todas formas no deja de ser alarmante que para votar por un gobernador o por un presidente, tengamos la obligación de imaginarlo vestido como si fuera limpiaparabrisas.
Hasta hoy, Marcelo Ebrard no ha tenido que disfrazarse como un habitante de zonas marginales. Se viste con lujo, así ha sido siempre. Lejos del morral, los tenis y las pantalones deshilachados. Nos prueba que así se visten los mejores alcaldes del mundo. El lo cree y qué bueno para quienes no caemos en patrañas de humildad inexistente.
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