Salario mínimo

René Avilés Fabila

Necesitado como está Miguel Ángel Mancera de mejorar su alicaída imagen, luego del estrepitoso fracaso de muchos días sin automóvil y de tantas fiestas como lo invitan, dio con una idea magistral: aumentar los salarios mínimos. Si hay dos cosas que cualquiera adora es pagar menos impuestos y tener mejores salarios. En consecuencia, los admiradores saltaron a defender la idea y a extenderla.

Ya otro político gastado, el panista Gustavo Madero, dijo que era algo clave y que no le parecía mal. Mancera, ya desbocado, fue más lejos: imposible vivir con el salario mínimo actual (cierto), en consecuencia hay que aumentarlo, sin pensar que se trata de algo sumamente complejo. Como el gobierno federal guardó discreto silencio, volvió a dar un paso más: pues lo haremos en el DF, no importa el resto del país. Bueno.

Ricardo Alemán lo analiza con agudeza: “Y viene a cuento porque hoy, de manera insólita y nada casual, en los previos a la contienda electoral de 2015, Gustavo Madero y Miguel Mancera viajan juntos en el reclamo de elevar el salario mínimo. ¿Y por qué el interés repentino de elevar el salario mínimo? Es decir, que asistimos al populismo electorero propio de gobiernos como el de Luis Echeverría; a prácticas superadas por el viejo PRI y que hoy, de manera insólita, proponen el PAN de Gustavo Madero y Miguel Mancera, quien dice que su gobierno es de izquierda. Lo cierto es que el salario mínimo que rige en México es irreal, que no tiene relación alguna con el poder de compra; que nadie en su sano juicio rechazaría una consulta para saber si los trabajadores quieren ganar más”.

A nadie le cabe la menor duda: el salario mínimo es insuficiente. Pero dada la seriedad del problema, su complejidad, merece un debate sereno e inteligente y no una propuesta electorera. Todo eso es cierto, pero también lo es que ninguna decisión política o electorera servirá para elevar el ingreso de los trabajadores. México necesita redefinir sus políticas laborales, abrir nuevas fuentes de trabajo.

De lo contrario, el salario mínimo es un pretexto para abrir un hueco en la lucha presidencial. Si la propuesta de Mancera, que es una buena broma, prospera en el DF, los capitalinos quedaremos contentos, votaremos por Mancera a la presidencia y le daremos al PAN de Madero algunos regalos electorales para que no siga hundiéndose.

No es solamente desear que suban los salarios, el nuestro es un país que mide todo en salarios mínimos, una multa, los aumentos a profesores o a empleados gubernamentales. ¿Cómo haría el DF para subir el salario mínimo, hacerlo digno sin que una masa de millones de mexicanos se muden a la capital buscando mejor situación? De unos ocho millones que somos, pasaremos en cuestión de semanas al doble.

A todos nos gusta la idea, pero todos sabemos que le pide peras al olmo y si el olmo le llegara a dar peras: el DF se vería envuelto en una extraña crisis económica y de choque con el resto del país.

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