CHARLAS DE CAFÉ

 

Charala con Celia del Palacio/Autora de Hollywood era el cielo

…Tanta era la culpa, el deseo de desaparecer, tanta era la persecución por los monstruos de la vergüenza, que lo único posible era el espetáculo continuo; que no parara la música, que no llegara la noche, que no dejaran de mirarla y mientras la miraran, mientras hiciera reír a la gente, los monstruos no podrían alcanzarla.

Hollywood era el cielo, p. 77.

 

Eve Gil

Celia del Palacio es una autora mexicana que se ha echado al bolsillo montones de lectores con sus espléndidas novelas y relatos históricos, centrados en figuras femeninas. Doctora en historia por la UNAM, llega ahora con una novela que podemos catalogar asimismo de “histórica” pese a estar centrada en un personaje de la farándula hollywoodense: Lupe Vélez.

Hollywood era el cielo (SUMA, México, 2014) es el título de esta biografía novelada de la primera actriz mexicana que conquistó la Meca del Cine, aunque no deja de desconcertar el hecho de que la autora de libros como Leona o Adictas a la insurgencia haya desviado su atención a un terreno mucho más escarpado, pues resulta muy difícil elegir entre la realidad y el mito que rodea a las figuras del celuloide, raras veces sometidas a una revisión histórica seria.

La época

“Me encontré con Lupe Vélez —dice Celia— hace algún tiempo por las anécdotas que se contaban sobre su vida y con qué personajes había convivido, y me parece importante también rescatar a estas mujeres, aunque a simple vista Lupe no tiene nada que ver con Leona Vicario, por ejemplo. Son personajes menospreciados, cuyas vidas reales muchas veces quedan sepultadas bajo chismes y conjeturas”.

“Lupe —prosigue la también autora de una apasionante épica histórico-romántica, No me alcanzará la vida— tiene ciertas características que llaman mucho mi atención. Por un lado, ha sido demonizada, prácticamente toda la información sobre ella se sustenta en sus escándalos. Nadie, hasta ahora, se ha ocupado en su lado humano pese a lo trágico de su muerte, pero también hay quienes la ven como a una santa, la diosa del celuloide, y eso la pone todavía más fuera de nuestro alcance”.

“Por otro lado, Lupe Vélez hizo un personaje de sí misma. Incluso en sus películas, sin importar cómo fuera el personaje, no hacía sino recrearse a sí misma. Como cualquier mujer tuvo sus dificultades amorosas, sus tropiezos, pero también hizo una carrera y triunfó, y ese esfuerzo sirve de inspiración incluso a las mujeres actuales”.

Lupe Vélez tiene algunas cosas en común con Marilyn Monroe, más allá del suicidio a la misma edad (36), como sería su necesidad imperiosa de tener un hombre a su lado. Y si bien el temperamento de ambas era prácticamente lo opuesto —Marilyn se entregaba sin reservas a sus amores; Lupe ejerció luchas de poder con ellos, la necesidad de aquella era más afectiva que sexual, no así en el caso de la mexicana— también tienen en común haber sido abandonadas por sus padres, con la salvedad de que Marilyn nunca conoció al suyo, y Lupe tuvo el tiempo suficiente para adorar a Jacobo Villalobos”.

“Me senté a analizar a la posible persona detrás del personaje para crear una versión propia, no muy apartada de la realidad, y en efecto, considero que esa hambre de reconocimiento empieza por el abandono del padre, aunque a fin de cuentas ni siquiera los aplausos logran llenar ese vacío. La madre, Josefina Vélez, de quien toma el apellido —de hecho, Josefina la bautiza espontáneamente antes de su debut en un teatro: Lupe Vélez— le exige mucho porque quiere triunfar a través de la hija. Ella misma fue bailarina de revista antes de abandonarlo todo por un hombre —Jacobo— que a fin de cuentas habría de abandonarlos a ella y a sus hijos”.

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O santas o prostitutas

Por desgracia, comento a Celia, las mujeres, sean actrices, escritoras o artistas en general, siempre son juzgadas más por su vida íntima que por sus logros profesionales, cosa por la que los hombres no tienen que pasar, a menos que confiesen ser gays, como Rock Hudson

“A los hombres —dice Celia— no se les juzga tanto moralmente, se les perdona todo si son grandes actores. Las mujeres son santas o prostitutas, no hay medias tintas. Y a muchas grandes actrices se les ha destruido la imagen y hasta su carrera por un momento de debilidad”.

No obstante lo anterior, Lupe Vélez fue una de las protagonistas de una época en que se hicieron sentir con fuerza los primeros esfuerzos de emancipación por parte de las mujeres.

“Esa fue otra de las razones —dice Celia— por las que me atrajo Lupe, porque a través de ella era posible recobrar esta época cuando empezó la liberación femenina; de aquellas pioneras que traspasaron los límites en todo sentido, incluso en la moda, como las llamadas flappers,que se cortaron el pelo a su mínima expresión y se reapropiaron de su propio cuerpo a través de métodos anticonceptivos que, aunque tuvieran posibilidades de fallo, eran mejor que nada”.

Celia asegura que, pese a las dificultades, escribió este libro más rápido que los otros, aunque, “tuve que ensayar varias versiones. Varios narradores, hasta optar por el omnisciente. En ese sentido es uno de los libros que más trabajo me han costado”.

Celia del Palacio pretende continuar escribiendo sobre mujeres mexicanas ilustres y su siguiente objetivo es Ermila Galindo, secretaria de Venustiano Carranza, reconocida como una de las primeras feministas mexicanas.