Ricardo Muñoz Munguía

El sociólogo Georg Simmel escribió hace más de cien años: “si se hace del dinero el centro del sistema de valores, finalmente no se tiene un sistema de valores, porque el dinero no es un valor”.
Morris Berman, historiador y crítico social, descubre a una sociedad dominada por lo inmediato, sin el mínimo reparo de lo que se está creando. Cuestión de valores es el asunto crucial para el autor, por ello titula así su volumen, el que está construido con diversas experiencias, buenas y malas, pero que siguen estando en el sótano de lo imperceptible y que parece no tener una propuesta dirigida a la solución. Por ello, Morris Berman cita a Benjamin Barber, quien subraya que “la solución que ofrece consiste en ‘recomponer el ethos cultural’, trasladando nuestros valores de las compras a la vida del espíritu. Necesitamos, dice, un nuevo puesto en el gabinete para las artes y las humanidades, que de alguna forma haga que los norteamericanos piensen en términos de creatividad e imaginación, y no en términos de irreflexivo consumismo”.
La percepción futura de Berman sobre la sociedad debiera no espantarnos, sino atender con la voluntad individual que la cuestión de valores, que muy constantemente pertenece a un segundo o tercer término o, de plano, es nulo, se tendría que rebasar pues “para 2050 se espera que el planeta tenga una población de entre diez y once mil millones de personas. La competencia por comida y agua será feroz; en general, los recursos serán escasos. La mayoría de la población probablemente vivirá con menos de dos dólares al día, y surgirán gobiernos de ‘hierro’ para manejar situaciones políticas inestables. Sin embargo, es posible encontrar un extraño rayo de sol en todo esto, conforme nos precipitamos de lleno hacia el mundo retratado en Blade Runner: la mano de cada hombre, mujer y niño sujetará con fuerza un imponente teléfono celular, y frente a cada individuo se encontrará la computadora personal más cool del mundo. Es cierto que quizá sea un proceso de muerte colectiva, pero al menos seremos muy chic”.
Los valores no son cuestión de soslayo. Y no se trata de un aspecto inmoral o amoral, es una reflexión a fondo sobre la grave crisis en donde cabemos todos.