Mtra. Arcelia Flores

En las últimas semanas todos hemos leído o escuchado alguna noticia relacionada con las trágicas consecuencias en el ser humano del virus del ébola en determinados países de África Occidental, específicamente en ciertos poblados tropicales de Guinea Conakry, Sierra Leona, Liberia y Nigeria; siendo esta la primera ocasión, en que se ha declarado al virus como una epidemia en dicha región, que de acuerdo con cifras oficiales de la OMS se ha cobrado 961 muertes, y la misma Organización ha lanzado una Alerta Mundial, en donde ha recomendado una serie de acciones específicas que deben adoptar los gobiernos de los países de todo el mundo, a fin de que dicho virus no se convierta en una Pandemia que quede fuera de control.

El principal problema de contraer este virus agudo (el cual pertenece a la familia llamada Filoviridae y de la cual los científicos han identificado hasta cinco tipos diferentes), es que en un 90% es letal para la vida, ya que provoca fiebres hemorrágicas graves que llevan a la muerte; en donde las causas para su transmisión de persona a persona, es por el contacto directo con órganos, sangre, fluidos, secreciones, o algún otro líquido corporal de personas infectadas, o en muchos casos, por tener algún contacto directo con  materiales contaminados con dichos líquidos. Además, las personas son más contagiosas cuando dicho virus está presente en su sangre y en las demás secreciones.

En ese sentido, tenemos que en el caso de los países africanos por algunas prácticas tradiciones ancestrales, realizan ciertos ritos muy particulares para las ceremonias fúnebres, motivo por el cual, el contagio del ébola ha encontrado ahí una situación propicia para que el virus se pueda propagar con cierta facilidad.

Desde que fueron detectados los dos primeros brotes simultáneos de ébola en la República Democrática del Congo (entonces Zaire) y en Sudán, en 1976, a lo largo de los años transcurridos, se han presentados 28 brotes, los cuales todos se suscitaron en África Central, de manera recurrente y en diferentes ocasiones en Sudán, Gabón, Cöte D’Ivoire, Uganda, República del Congo y República Democrática del Congo; algunos de ellos fueron considerados graves por el número de contagios y defunciones que se presentaron en cada caso (respectivamente): 318/280 en RDC, 1976; 284/151 en Sudán, 1976; 315/254 en RDC, 1995; 425/224 en Uganda, 2000; y 264/187 en RDC, 2007.

En todos los brotes que se dan, las personas que son más susceptibles de contraer el virus, son los que conforman el personal sanitario de las clínicas u hospitales que hay en los poblados o ciudades en donde se han presentado cada uno de los casos, ya que por obvias razones ellos son los que están en contacto muy estrecho con las personas infectadas, y ante cualquier situación inesperada o accidental se puede dar el contagio.

Aunque en la actualidad, no existe una tratamiento específico contra esta enfermedad, desde el primer brote del virus, y hasta el inicio de éste último que se ha dado, la Organización Mundial de Salud (OMS) no había dado a conocer ningún dato referencial sobre alguna vacuna o tratamiento contra el virus, que tuviese proyectado lanzar en un futuro próximo. Ha sido hasta que éste último brote ha atacado fuertemente a África Occidental, que la OMS y algunos países como Estados Unidos han tomado cartas en el asunto, y es hasta entonces que éste dio a conocer que ya tenían una “vacuna” experimental que no es otra cosa más que un cocktel de anticuerpos, el cual le ha permitido al doctor estadounidense Kent Brantly, infectado con ébola seguir con un tratamiento que le ha prolongado la vida, y en cierta medida hasta ha logrado un mejoramiento de su salud, y que fue hecho por la compañía Mapp Biopharmaceutical, con base en San Diego. Así, tenemos que Estados Unidos decidió utilizar ese cocktel de anticuerpos hasta que uno de sus connacionales se vio infectado con el letal virus, no antes.

Por otro lado, la OMS, el 9 de agosto comunicó que la vacuna contra el ébola podría estar lista en el 2015, teniendo como principal condición el que los laboratorios farmacéuticos trasnacionales cumplan con los plazos que se han trazado, y las pruebas experimentales tengan éxito.

La farmacéutica canadiense Tekmira Pharmaceuticals es unas de las que se perfilan como elegidas para trabajar en la vacuna contra el ébola; y ha bastado ese anuncio para que sus acciones hayan subido hasta un 16% después de que la Agencia de Alimentos y Medicamentos, el regulador farmacéutico de los Estados Unidos, haya autorizado el desarrollo del fármaco para uso humano contra dicho virus.

 Aunque dicha farmacéutica posee uno de los pocos tratamientos que existen para combatir el ébola, también se debe mencionar a la farmacéutica británica GlasxoSmithKlein (GSK), que de acuerdo con la OMS, es el laboratorio que cuenta con el desarrollo más avanzado de la vacuna, pero que hasta el día de hoy, sólo ha probado su fármaco en animales, aunque con excelentes resultados.

Como se puede observar, ha empezado una hiperactividad farmacéutica para ganar la carrera en la obtención de la vacuna, sin embargo, esto lleva implícito el posible lucramiento de aquellas con la salud de los africanos, que son los principales contagiados; recordemos que muchas farmacéuticas no siempre han actuado con ética y sólo les ha interesado obtener ganancias, dejando de lado en un segundo término, la salud de las personas.

Esta no sería la primera ocasión que la presencia de las farmacéuticas en África pudiese tener un papel determinante en el adecuado mantenimiento o no de alguna enfermedad; baste recordar muchos capítulos poco claros respecto de los medicamentos retrovirales que estuvieron a prueba con la población infectada de VIH. Sin embargo, por el bien de la propia humanidad, esperemos que esta ocasión sí pueda estar por encima de los intereses económicos trasnacionales, la salud de todas  las personas que se contagien del virus del ébola.

Profesora de la FES Aragón, UNAM

especialista en África