Urgen los cambios en la administración pública federal
Alfredo Ríos Camarena
Es verdad, la tarea reformista que emprendió el gobierno federal ha concluido exitosamente para sus fines, si bien es cierto todavía quedan temas importantes para el Congreso de la Unión —como la reforma en el campo, la pendiente política pública de control de la corrupción, el establecimiento de un nuevo salario mínimo y otros más—, las relaciones de alianza internas no serán las mismas, pues se avecinan diversos e importantes procesos electorales; la disputa entre los partidos será cada día más polémica e intensa.
El gobierno federal aún no ha logrado sus objetivos centrales en materia de economía, las perspectivas de crecimiento para este año siguen siendo muy reducidas; el tema de la inseguridad —a pesar de los esfuerzos—, no tienen una solución en el corto plazo; por eso, el gobierno debe acelerar su acción política, prepararse para los comicios y aterrizar sus reformas, como la educativa, que sigue enfrentando una oposición ciega e irracional por parte de la CNTE. Llegó el tiempo de que el presidente Enrique Peña Nieto gobierne a cabalidad.
En otro escenario, los escándalos mediáticos avizoran una encarnizada lucha política en el interior de los partidos y frente a la ciudadanía; las grabaciones telefónicas, los videos y las duras campañas en las redes sociales son parte de los cambios políticos en el futuro inmediato.
En efecto, en el interior del PAN, cada día las divisiones se hacen más descarnadas y la ambición de Gustavo Madero por convertirse en candidato presidencial de su partido las endurecerá aún más; el expresidente Felipe Calderón sigue nostálgico del poder, promoviendo y abanderando grupos en el interior de ese instituto político; va a ser difícil que se repongan en lo nacional de la derrota sufrida en los comicios pasados. En los escenarios locales para la renovación de gubernaturas, congresos locales, presidentes municipales y la elección de la nueva legislatura deben analizarse considerando los factores locales, donde en algunos estados el PAN mantiene ciertas hegemonías.
En la izquierda las cosas no se ven mejor, sus partidos pequeños: Movimiento Ciudadano y PT se encuentran frente a un electorado en el que no tienen una gran incidencia, la ruptura con Morena liderada por Andrés Manuel López Obrador ha producido una escisión que se reflejará claramente en la próxima elección, especialmente en el Distrito Federal, asimismo la elección interna del PRD refleja posiciones encontradas; pues, si bien es cierto que Cuauhtémoc Cárdenas tiene un prestigio y un peso nacional importante, Navarrete ha trabajado en las bases de ese instituto político y probablemente será el vencedor en la contienda interna, lo que producirá aún mayores divisiones, es claro que la consulta popular —a la que están convocando en relación con la reforma energética— pierde fuerza cuando no pueden ponerse de acuerdo, aun cuando los objetivos sean los mismos de Morena y el PRD.
En el PRI habrá enroques y cambios con motivo de las candidaturas a las gubernaturas y a las diputaciones federales, y también por la necesidad urgente del ejecutivo de renovar su equipo de trabajo; el PRI ha mantenido —cuando menos hacia el exterior— una unidad monolítica; pero en lo interno, ya se avecinan las pugnas, no sólo por las próximas elecciones sino también por la elección presidencial; es probable que se incorporen al gabinete algunos actuales gobernadores señaladamente el de Chihuahua, César Duarte Jáquez y el de Querétaro, José Calzada Rovirosa, quienes podrían fortalecer el actual equipo presidencial.
El problema más serio que afronta este instituto político es en el Distrito Federal, que paradójicamente está en el mejor momento, dadas las divisiones de la izquierda, pero hasta ahora no han surgido figuras que puedan contender con éxito hacia la jefatura de gobierno, y próximamente a las delegaciones y diputaciones locales, sigue inmovilizado con sus mismos grupos anquilosados en esta gran ciudad; no se ve una operación política que pueda realizar un cambio, aun cuando todavía están a tiempo de intentar una verdadera democratización para obtener candidaturas exitosas.
El Partido Verde y Nueva Alianza, muy prevalentes, alcanzarán el 3%, y aún más, para seguir siendo partidos satélites que se mueven de una posición ideológica a otra. En cuanto a los tres nuevos partidos que fueron autorizados por el INE; Morena mantendrá el registro obteniendo diputados plurinominales; mientras que de los otros dos, Partido Encuentro Social y Partido Humanista, está en duda su posibilidad de subsistencia; el propio INE todavía no se ve con claridad que tenga las capacidades y fortalezas para enfrentar los próximos retos electorales, están en tiempo para mejorar su desempeño.
En resumen, el panorama político se ve abrupto y enturbiado; en tanto, la ciudadanía cada día se presenta con mayor decepción frente a la “partidocracia”.
Urgen los cambios, especialmente en la administración pública federal, para dinamizar los objetivos propuestos por el actual gobierno.
