EL RECUENTO DE LA HECATOMBE que vive la población civil en Gaza es motivo de vergüenza para cualquier observador. Seiscientos treinta edificios incluidos un hospital y una mezquita, en Beit Hanoun, fueron dañados o destruidos. Otras seiscientas edificaciones en Shejaiya fueron literalmente arrasadas y doscientas ochenta más se encuentran severamente dañadas.
La única planta de energía de Gaza se encuentra paralizada, dejando en precarias condiciones a sus habitantes. En Khan Younis, un solo bombardeo mató a dos docenas de personas en la primera semana de conflicto. De acuerdo a las cifras, han perecido casi dos millares de inocentes en Gaza de los cuales son incontables los menores, ancianos y mujeres embarazadas.
Detener la guerra entre Israel y los grupos armados en Palestina, es condición para un diálogo definitivo de paz. Pero dicha aserción parece, hoy en día, más lejana que nunca. La comunidad internacional ha reaccionado con tibieza ante este escenario bélico que se vive desde el 16 de julio, fecha en la cual iniciaron las hostilidades en dicha región.
A estas alturas, ninguno de los bandos enfrentados goza de la simpatía internacional. Varios países de Europa han mostrado su franco descontento por los bombardeos que Israel ha dirigido en contra de la población civil de Gaza. Incluso, en Estados Unidos —su tradicional aliado—, intelectuales y activistas han hecho saber una frontal repulsa ante estos episodios. Ni qué decir de Hamas, una de las facciones gobernantes en Palestina, por cuya población empieza a declinar su apoyo ante la masacre de la que es objeto. Sin contar con que Siria, Irán y Egipto lo han dejado aislado económicamente.
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) empieza a liderar la respuesta más articulada para contener estos enfrentamientos. En su seno, el embajador Montaño, cabeza de la delegación permanente de México, ha definido claramente como “inaceptable” el saldo de mortandad y daño a la infraestructura esencial de la población civil en Gaza.
Lo cierto es que el papel de la justicia internacional se encuentra limitado por una mala política, tanto de Israel como de Palestina. La Corte Penal Internacional se encuentra atada de manos para iniciar procedimientos de investigación por crímenes de lesa humanidad cometidos por ambos bandos. El presidente Mahmud Abbas ha pospuesto la incorporación de Palestina a la jurisdicción de ese tribunal internacional, no obstante la presión que en su propio país le exige hacerlo. Por su parte, Israel sólo firmó aunque no ratificó su adhesión al Estatuto de Roma: pilar jurídico de la Corte de La Haya.
Ante este escenario de imprecisiones, dudas y negociaciones fracasadas y, en especial, ante la exigencia internacional por detener los abusos, debe ser reconocida la integración de una comisión de juristas por parte del Consejo de Derechos Humanos de la ONU cuya tarea primordial es la investigación de crímenes de lesa humanidad de los que ha sido objeto la población civil inocente en Gaza.
Es importante deslindar estas atrocidades y castigar a los responsables. La construcción de las instituciones de justicia internacional requieren obtener el consenso mayoritario, a efecto que el derecho recobre su papel rector en la solución pacífica de controversias. Alto ya al fanatismo.
