La cantidad de requerimientos y señalizaciones que desde 1947 se han hecho a Israel para que desista de su promoción de expandirse sobre el territorio palestino, no han tenido respuesta positiva. Se hayan hecho por parte de la Asamblea General, del Consejo de Seguridad o del Consejo de Derechos Humanos de la ONU: todos han sido ignorados.

De entre las Resoluciones más concluyentes, destaca la número 446 emitida por el Consejo de Seguridad en 1979, por la que se declaró que “La política israelí de promover asentamientos en los territorios palestinos y árabes ocupados no tiene validez y constituye un serio obstáculo para la paz en Oriente Medio”.

En suma y para variar, siempre queda en evidencia la falta la voluntad política cuando los intereses económicos y/o geoestratégicos de los grupos de poder presionan a los Estados para obstaculizar cualquier intento que se haga y cuyo objetivo sean la paz y la concordia. Baste ver la reacción de Estados Unidos que, con un poderoso lobby israelí en su interior, se lanzó a declarar desde el principio que los ataques a Gaza están justificados porque Hamas es un grupo terrorista e Israel tiene derecho a responder y proteger a sus propios civiles.

En todo el mundo se publicitó la noticia del secuestro y posterior asesinato de los tres estudiantes israelíes en una carretera poco vigilada en Cisjordania, hecho absolutamente reprobable, pero nadie se ocupó de la venganza de los israelíes que asesinaron y quemaron a un adolescente palestino a la voz de ¡muerte a los árabes! Otro hecho que es abominable. En resumen: se está como al principio.

La política expansionista israelí ha pasado por encima de los Acuerdos de Oslo que en su artículo 31 se señala que ninguna de las partes llevará a cabo actividad alguna que cambie el estatus de Cisjordania y de la Franja de Gaza, por lo que Israel debe suspender la promoción de los asentamientos, situación que no ha cesado además de haber impuesto a Palestina un costoso embargo económico que se refleja en el control de todas sus importaciones y exportaciones, la incapacidad de cobrar impuestos o el control de las aduanas cuando los productos tengan como destino final los Territorios Palestinos Ocupados.

La ocupación israelí en principio, se concentró en la compra de la tierra aparejada a la prohibición a los propios judíos de venderla a persona alguna. Diversas órdenes militares emitidas desde 1967 estipulan igualmente que Israel tiene plena autoridad sobre los recursos hidráulicos en Palestina y Cisjordania y a la vez la prohibición de construir cualquier instalación, ducto u obra que tenga por objeto proveerse de agua.

Desde su inicio, este conflicto ha cobrado miles de vidas humanas, las más, de gente inocente que nada tiene qué ver con asuntos de conveniencias y arreglos políticos y/o económicos, o de odios basados en fundamentalismos religiosos, de ahí que hasta ahora, sea igualmente evidente la incapacidad mostrada por la Corte de Justicia Internacional para entrar al estudio de la posible Responsabilidad Internacional del Estado Judío por los posibles delitos de genocidio; y/o de lesa humanidad; y/o de guerra; y/o de agresión, todos enlistados en el artículo 5 del Estatuto de Roma al que por cierto tanto Estados Unidos como Israel ya han hecho llegar por escrito a Naciones Unidas, su deseo de no convertirse en Estados Parte – a pesar de haber signado el documento – por no tener obligaciones legales emergentes de la Firma del Estatuto de la Corte Penal Internacional.

Palestina, a pesar de haber sido reconocida como Estado en por más de 130 países y varias organizaciones internacionales, ha expresado también su deseo de signar el Estatuto de Roma pero el estatus que le ha conferido la Asamblea General de la ONU es de “observador” y no de “Estado miembro”, tanto Estados Unidos como Israel han votado en contra de la petición presentada por Mahmud Abas en 2011 de adherirse a la ONU como Estado Palestino.

La dignidad humana es un valor y un derecho que junto a los otros derechos intangibles es inviolable y caracteriza y diferencia a los humanos de los animales porque aquellos pueden discernir a través de su raciocinio. Todos los seres humanos merecen respeto y están obligados a respetar a los demás. Veintiún siglos de existencia no han sido capaces de establecer esa diferencia y es preocupante que, de entre los objetivos del desarrollo del milenio de las Naciones Unidas, la paz no sea uno de ellos.