James Foley, de 40 años, un periodista conocido por su temeridad, pasión por la verdad y su capacidad para escapar del peligro y el infortunio.
Durante una de sus grandes coberturas en Libia, Foley cayó junto con un grupo de colegas en manos del ejército libio, que lo mantuvo cautivo durante 45 días, al final la intervención de Estados Unidos y la presión por parte de numerosas organizaciones lograron su liberación.
Fue la primera y la única oportunidad que tuvo de escapar de una muerte segura, al igual que otros periodistas enviados a Libia, Siria e Irak, Foley siempre empeño en mantenerse en la primera línea de la noticia, enviando sus reportes al Global Pos, con base a Boston, o suministrando videos o fotos a la agencia AFP, o compartiendo sus experiencias a través de su blog “A world of Torubles”.
Foley no fue de los periodistas acostumbrados a la red de protección de las grandes cadenas de televisión o de los medios impresos de prestigio internacional.
Perteneció a esa generación de periodistas que se forjan en el “freelanceo”, es decir en la colaboración puntual y sin ningún tipo de apoyo corporativo, a veces en coberturas realizadas a tumba abierta.
Su arrojo lo llevo a encaramarse a lado de las fuerzas militares de EU, pero sobre todo a moverse de forma independiente, la más arriesgada de las opciones, a diferencia de otros enviados que fueron capaces de escapar en varias ocasiones de sus captores, después de permanecer hasta dos años en cautiverio, Foley tuvo la mala suerte de vivir como rehén en momentos en que EU decidió elevar su apuesta para vencer las fuerzas del Ejército Islámico (EI) en Irak.
En noviembre de 2012, cuando cayó por segunda ocasión en manos yihadistas al norte de Siria, Foley se convirtió en una mercancía más del mercado negro que opera entre Siria e Irak entre las distintas fuerzas islamistas a diferencia de otros periodistas, como Javier Espinoza de El Mundo o Ricardo García, fotógrafo independiente, quienes fueron liberados en marzo pasado tras un cautiverio de casi dos años, a Foley le tocó la mala suerte de tener un pasaporte de EU.
Factor que marcaría su destino, como ya ha ocurrido con otros periodista de nacionalidad estadounidense que, desde los 80 en Beirut se han convertido en monedas de cambio y en rehenes de las políticas de su país y las ambiciones de las organizaciones yihadistas que desde hace varias décadas se disputan el corazón y la mente de millones en el mundo árabe y el control político y territorial de bastiones islamistas en Siria, Irak Afganistan, Irak o Líbano.
Nada más confirmarse la notica de su ejecución, los padres de James comparecían ante la prensa para hablar de lo buen hijo, hermano y periodista que había sido. “Seguimos estando muy orgullosos de James, era un grandioso periodista y siempre dio lo mejor de sí para denunciar la injustica y el horro allá donde estuviera”, aseguró su madre Diane.
Foley abrazó el periodismo y después de estudia Historia y trabajar como profesor, por lo visto, la misión de formar a las nuevas generaciones, cuando fue maestro en ciudades como Phoenix no colmó sus aspiraciones como “trotamundos” y periodista, una carrera que inició a comienzos del año 2000 para consagrase una década después como enviado especial a zonas de guerra en países como Siria e Irak, la última parada de su agitada vida y carrera periodística fue trágica pero trascendental en la vida humana pues daba a conocer la realidad.

