Alejandro Alvarado
Novela detectivesca e histórica a la vez, Vecindad con el abismo (Lectorum) de Gabriel Trujillo Muñoz, es la segunda de la trilogía Exhumaciones, las otras son Círculo de fuego y Música para difuntos. En esta obra desvela uno de los episodios menos conocidos de nuestra historia nacional: cuando México oscilaba entre la fascinación fascista y las presiones militares de nuestro vecino del norte, entre las camisas doradas y el cardenismo. El autor revela en esta entrevista que la trama de Vecindad con el abismo tiene su origen “en los acontecimientos que se dieron en la frontera entre México y Estados Unidos a raíz del ataque japonés al puerto de Pearl Harbor, en diciembre de 1941, a causa de esto Estados Unidos entró a la Segunda Guerra Mundial. Y sobre todo al clima de paranoia que se vivió en todos los sectores sociales del país vecino”.
—Por vez primera, los estadounidenses se sintieron atacados y vulnerables (lo mismo que ocurriría sesenta años más tarde, en 2001) y eso ocasionó reacciones furibundas contra las comunidades japonesas de ambos lados de la línea internacional, reacciones pocas veces visto en la costa oeste del norte de América. Pronto la prensa y los habitantes de California, en su histeria colectiva, pidieron que Baja California estuviera bajo el tutelaje militar del ejército estadounidense, pues creían que en cualquier momento iban a ser invadidos por los japoneses desde México, que en cualquier instante iban a ser atacados desde el sur por la aviación del sol naciente.
—¿Qué consecuencias pudo haber traído esto para el país?
—Las consecuencias para nuestro país pudieron ser catastróficas si no interviene el general Lázaro Cárdenas como comandante del Pacífico, quien se traslada a Baja California para poner orden y dar seguridad a ambas poblaciones. Pronto se descubre que aviones estadounidenses sobrevuelan la península de Baja California violando nuestro espacio aéreo y el ejército del país vecino demanda su entrada a nuestro territorio nacional con el propósito de vigilar si no hay espías japoneses en su frontera sur. Bajo este clima de amenazas e incertidumbre, el gobierno mexicano ordena el desalojo inmediato de la población japonesa de las ciudades fronterizas y su concentración en el interior del país. Esto lleva a graves violaciones de sus derechos humanos, ya que muchos de los japoneses desalojados habían nacido en México y eran ciudadanos mexicanos bajo nuestra constitución.
Vecindad con el abismo es una novela que utiliza la metáfora de una ciudad que enfrenta un desastre natural: una tormenta que la inunda y que deslava grandes extensiones de terreno, con lo que deja a la vista la evidencia de un pasado que nadie quiere desenterrar, pero que ya descubierto a todos acusa, a todos pone a prueba. Como un fantasma que no nos deja en paz. Hay que ver a esta vecindad con el abismo como una metáfora de que por más que enterremos lo que hicimos, el pasado vuelve a surgir para cuestionarnos, para ponernos en nuestro lugar. El abismo es una forma de llamar a lo que no queremos recordar porque nos da vergüenza, porque no estuvimos a la altura de su desafío.
—En las novelas de su trilogía no es fácil reconocer la línea que divide el bien del mal. Si los criminales son los delincuentes o lo son los políticos o la policía de México. Al escribir sus historias, ¿pensó usted en reflejar la realidad que se está viviendo en nuestro país?
—Lo que esta trilogía de Exhumaciones pretende es mostrar que hay muchos otros temas relacionados con la violencia en la frontera norte que no pasan por el narcotráfico. En realidad, las tres son, con diferentes grados, novelas que exhuman el pasado nacional en su periferia. Por eso, Vecindad con el abismo es una novela policiaca y a la vez es una novela histórica: porque en ella podemos ver lo que era nuestro país y lo que es ahora, sus diferencias y sus semejanzas; porque en sus páginas hay un recuento de nuestras fallas colectivas desde la perspectiva del siglo XXI. Esta novela es una investigación que no tiene fin porque apenas comienza a revelarnos una historia distinta de la participación de México en el conflicto de la Segunda Guerra Mundial. Y es, finalmente, un espejo doloroso de nuestro propio presente: al menos en sus mentiras, en sus secretos, en su violencia.
—En éste país el mal se disfraza de bien y se condecora a las autoridades que no cumplen con honestidad su papel, convirtiéndolas en héroes…
—En mis obras narrativas no busco denunciar, busco meter a los lectores en un mundo donde hay muchas preguntas por hacer sobre cómo se practica la ley o a quién beneficia, cómo se establece un orden de mano dura, una ética del sopapo, una convivencia a base de castigos y recompensas, o una justicia que se vende al mejor postor, porque eso es México en general y no sólo la frontera norte. Una realidad atroz donde unos, la mayoría, son víctimas y otros, la minoría, son verdugos que se creen santos. Lo que Morgado hace, como investigador, es presentar este doble discurso (el de las buenas intenciones y el de los resultados desastrosos) y mostrar las evidencias de que algo huele a podrido y no precisamente en Dinamarca. Morgado no es un detective duro e implacable. Morgado es un hombre que sigue el rastro de sangre hasta las últimas consecuencias. Morgado no da lecciones, pero descubre lo que hay detrás de las mentiras oficiales, de las apariencias públicas. Morgado descubre que México está en manos de delincuentes organizados para su provecho personal, de ciudadanos indignados que quieren que sean otros los que resuelvan sus problemas.
Yo creo que la novela negra o policiaca tiene como función desvelar los mecanismos que hacen posible la situación social en que vivimos, que clarifica las causas y efectos de una sociedad que carga con todas sus luces y sus sombras. Mi obra sólo es un retrato del momento que estamos padeciendo, de los conflictos que nos perturban, de las decisiones que debemos tomar en un mundo de arenas movedizas. Por eso la frontera es el escenario ideal para este género literario: aquí, en la frontera, todo es posible, incluso lo que nos negamos a imaginar. Aquí hay suficiente espacio para lo raro, lo exótico, lo quimérico, lo monstruoso. Espero que mi nueva trilogía sea leída como una crónica del México actual, de la sociedad que somos, del abismo que yace a nuestros pies.
