Un episodio biográfico depende de lo vivido antes, durante y después del suceso

René Anaya

Las afirmaciones: “Te juro que lo vi con mis propios ojos” o “lo recuerdo como si ahorita lo estuviera viendo” no son pruebas suficientes para creer algo, porque la memoria no es tan fidedigna como se creía. Esto no depende de la calidad moral de las personas, pues tanto los que siempre dicen la verdad como quienes dicen una mentirita de vez en cuando, resultan engañados por los recuerdos.

Tal vez lo más apropiado sea decir que nosotros moldeamos nuestra memoria, según quisiéramos que hubiesen sucedido determinados acontecimientos biográficos, y no únicamente los placenteros. Se conoce que incluso los recuerdos desagradables muchas veces los inventamos solos o con ayuda de expertos manipuladores de la mente, según se desprende de recientes estudios sobre el almacenamiento de la memoria.

 

De qué están hechos los recuerdos

La mayoría de las personas supone que sus recuerdos más íntimos se construyen de su memoria, de sus vivencias, que se comprueban por las repercusiones de esos hechos. Sin embargo, muchas veces esas vivencias en realidad son falencias, son engaños de la mente.

La investigadora Elisabeth Loftus, de la Universidad de California en Irvine, reconocida como experta en el tema de los recuerdos falsos, ha realizado una serie de experimentos para demostrar que es posible implantar en las personas vivencias falsas o demostrar que mucho de lo que dicen las personas que recuerdan son reconstrucciones de elementos significativos que acontecieron.

Ahora se conoce que en el hipocampo, una estructura del cerebro, se encuentra la memoria episódica, la cual se emplea para codificar las experiencias personales, que cuando se evocan se hacen conscientes de manera voluntaria. Pero esas vivencias se “almacenan” como elementos significativos, es decir son trazos generales que, al narrarlos, se reconstruyen conforme a las experiencias o factores posteriores que influyen en la recuperación de los recuerdos.

Por lo tanto, la manera en que se reconstruye un episodio biográfico depende de lo vivido antes, durante y después de ese momento. Esto se comprueba diariamente en las delegaciones de policía, cuando un grupo de testigos y protagonistas describen cómo ocurrió un accidente automovilístico, cada quien lo relata según su perspectiva o su historia personal.

Muchas veces la memoria se modifica por la forma en que se hace una pregunta. Loftus y colaboradores mostraron a voluntarios un video del choque entre dos automóviles, y luego a un grupo se le preguntó qué velocidad llevaba el coche rojo cuando chocó con el azul, al otro grupo se le pidió dijera cuál era la velocidad del coche rojo cuando se estrelló contra el azul. La respuesta a la segunda pregunta siempre dio una velocidad mayor que la considerada según la primera pregunta.

 

Siempre estás en mi recuerdo

Estos resultados demuestran que las declaraciones de testigos no son del todo fidedignas, y no porque haya una intención de mentir, sino porque nuestra mente nos engaña. Los neurocientíficos han planteado que cuando evocamos un recuerdo y lo volvemos a almacenar en el hipocampo, lo vamos modificando, así sea muy poco, como si hiciéramos un montaje de un video o una película.

Así que cuando a alguien se le dice que siempre se le recuerda, puede ser cierto, pero según nuestros afectos. La doctora Donna Jo Bridge, de la Escuela Feinberg de Medicina de la Universidad del Noroeste, de Estados Unidos, encabezó a un grupo de investigadores que publicaron en la revista Journal of Neuroscience un estudio sobre la memoria falsa.

“Cuando piensas en el momento en que conociste a tu actual pareja, es posible que recuerdes un sentimiento de amor y euforia; sin embargo, es posible que estés proyectando tus sentimientos actuales sobre el momento del encuentro original con esta persona”, ha señalado la autora del estudio.

En ese caso, la evocación es de algo que realmente sucedió, pero hay recuerdos que se implantan en el ser humano, como lo ha demostrado Elisabeth Loftus con experimentos ya clásicos. Uno de ellos consistió en seleccionar a adultos que en su infancia habían visitado Disneylandia, posteriormente se les mostró publicidad con Bugs Bunny, uno de los personajes más representativos de la compañía Warner Brothers. Más de la tercera parte de las personas dijeron que en Disneylandia habían visto al conejo y hasta lo habían saludado. Lo cual evidentemente no habría sido posible.

Así que la memoria no es tan fidedigna. Esto lo saben nuestros políticos que intentan que olvidemos sus promesas de campaña o las sinrazones de aumentos de precios o de reformas que ─se dice en su momento─ nos traerán grandes beneficios, aunque eso nunca suceda.

                                                                                                     

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