Segundo Informe

Teodoro Barajas Rodríguez

El Segundo Informe del presidente Enrique Peña Nieto deja diversas lecturas, desde la óptica de quienes lo asumen como el reformador y, por otra parte, los que cuestionan el abordaje insuficiente de su gobierno en temas como el desempleo creciente, la inseguridad y la corrupción.

Han sido once las reformas aprobadas por el Congreso, mismas que han impactado el sector energético nacional al modificar los regímenes petroleros y de electricidad; también se modificaron paradigmas en materia educativa y electoral.

No obstante, en materia de la tasa del desempleo ésta se manifiesta ascendente porque tiene un indicador del 4.9 por ciento que se traduce en más de dos millones y medio de personal desocupado de la población económicamente activa.

La inseguridad pública demuestra sus alcances en diversas regiones del país. Tamaulipas, Sinaloa, Michoacán y el Estado de México lo reflejan, por mencionar ejemplos. Se esperan resultados de la naciente Gendarmería Nacional; los saldos de la violencia no terminan de contarse.

La guerra contra el narcotráfico declarada por el exmandatario Felipe Calderón fue un experimento fallido probablemente con buenas intenciones, pero con malos resultados e insuficiente estrategia, sólo que el número de homicidios dolosos en la actualidad no disminuye.

En Michoacán, a saber, alrededor de dos mil 500 viudas se unen en cooperativas ante el desamparo derivado de tragedias en muchos casos nominadas con el eufemismo de daños colaterales.

Los tiempos han cambiado en cuanto a la liturgia del poder, usos y costumbres. Hace años, el informe del presidente se caracterizaba por una larga pieza retórica con números, cifras que servían para recitar cuentas alegres, pontificar acerca del legado revolucionario y demás lugares comunes que aplaudían, a rabiar, la inmensa mayoría de legisladores de su partido, porque además la división de poderes era inexistente.

Tal formato con olor a naftalina es ya cosa muerta, la competencia electoral con la alternancia como resultado modificó la correlación de fuerzas, ya no hay paso a la unanimidad añeja, los cuestionamientos con razón o sin ella no son pocos.

Retomamos la actualidad y resulta obvio que ante el diagnóstico que pone de relieve el estado de salud de México resulta imperativo un viraje en muchas materias, en el propio diseño de políticas públicas, ya en su momento se analizará en comisiones la glosa del Informe Presidencial y el análisis puede arrojar diversas interpretaciones, algunas son predecibles.

Ante la cantidad de reformas logradas por Peña Nieto, como la energética, ya algunos panistas aseguran que el actual mandatario está en la tarea de materializar el programa histórico del partido fundado en 1939 por Manuel Gómez Morín, lo cual recuerda lo dicho por miembros conspicuos de Acción Nacional en los inicios del gobierno de Carlos Salinas de Gortari, cuya cuestionada victoria en las urnas fue vista como el triunfo cultural del PAN.