A decir del teólogo Carstens
Marco Antonio Aguilar Cortés
Antes de conocerse públicamente el contenido del Segundo Informe del presidente Enrique Peña Nieto, el gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, manifestó con sentimiento teológico: “México, gracias a Dios, ha venido mejorando su crecimiento… esto es una señal de que el bajo crecimiento es un fenómeno generalizado”.
El funcionario del banco central siguió enfático: “Una vez que las reformas estructurales empiecen a implementarse, darán el empuje para llegar a un crecimiento cercano, o superior, al 5% de nuestro producto interno bruto; esto será al término de la actual administración, en el 2018”.
Y para lograr ese porcentaje recomendó, entre otras cosas relativas a la implementación de dichas reformas, fortalecer las fuentes internas de crecimiento, lograr mayor productividad a través de una competitividad en la economía.
Si analizamos el dicho de Carstens obtendremos, de principio, la conclusión de que no es gracias a las reformas ni al presidente, ni al esfuerzo organizado de los mexicanos, el poco avance que él asegura ha logrado el país, sino que se ha conseguido “gracias a Dios”; pero, sin aclarar a cuál de todos los dioses quiso referirse.
Tampoco explicó, en su ponencia, el porqué nuestro leve crecimiento económico es señal del bajo progreso mundial que, a su valorar, resulta fenómeno generalizado. Menos nos expresa el porqué no lo dijo antes de que las reformas se presentaran y se aprobaran; puesto que ahora dichas reformas servirán poco ante tal fenómeno mundial decreciente.
Carstens nos confunde cuando agrega tácitamente que las reformas estructurales aprobadas no han empezado a implementarse, así que no han dado ningún empuje al crecimiento nacional.
Pero una vez ejecutadas, Carstens certifica que el producto interno bruto de México será más o menos del 5% anual, y este efecto de elevación económica él lo percibe en el lejano, en el 2018, pero, siempre y cuando se implementen bien esas reformas, se fortalezcan las fuentes internas de crecimiento, y crezca nuestra economía debido a un sistema de competitividad.
En otras palabras, las cacareadas reformas por sí solas no tendrán efectos ni siquiera en 2018, si no sumamos todo lo que él indica.
Así que los efectos de las reformas, según el titular del Banco de México, tenemos que verlas con telescopio en un horizonte futuro e incierto.
En vínculo con lo anterior, recordemos que el presidente Peña Nieto enunció una frase contundentemente corta: “Mi pacto es con el futuro de México”; y a partir de ya, el presidente necesita precisarnos, calendarizadamente, el contenido real del futuro de México con el que ha pactado.
Si alguien “prospera” que sea la mayoría de los mexicanos.
