Carmen Galindo

 

Yo escuché contar la historia así o al menos de este modo la recuerda la falible memoria. Como parte de la Escuela Nacional de Jurisprudencia se fundó la Escuela Nacional de Economía de la UNAM. Daniel Cosío Villegas tuvo la idea de ir a España a invitar a una editorial española, Aguilar, para que editara libros de Economía para la naciente escuela. Ante su sorpresa, los editores españoles no se interesaron. A su regreso, Cosío Villegas, molesto, decidió crear con varias personas interesadas, una editorial que llamaría Fondo de Cultura Económica.Se fundó con un fideicomiso del Banco Nacional de Obras y Servicios Públicos, organismo recién fundado y dirigido por el ingeniero agrónomo Gonzalo Robles, quien, al lado de Emigdio Martínez Adame, Jesús Silva Herzog y Eduardo Villaseñor, integraron su consejo directivo y se consideran los fundadores de la editorial más importante de México. Don Daniel Cosío Villegas fue su primer director en 1934 y la dirigió durante los siguientes 13 años. Los primeros libros publicados son: El dólar plata, de William P. Shea, traducido por Salvador Novo y Karl Marx, de Harold J. Laski, por Antonio Castro Leal.

Como el Estado subsidia el costo de los libros, pronto se crea la confusión de que la palabra económica es por el precio de los libros y no por lamateria por la que fue fundada la editorial. Pronto se suman a las traducciones, autores nacionales y se amplía la temática de la editorial a disciplinas como Sociología, Política, Derecho, Ciencia o Tecnología.

De esos primeros tiempos, dos hechos merecen destacarse. Una es la propuesta de Pedro Henríquez Ureña de crear la colección Biblioteca Americana y la de que la colección Cenzontle acabó, por un teléfono descompuesto entre Cosío Villegas y su secretaria, en Tezontle. La propuesta original de Cenzontle aludía, claro, al pájaro de las mil voces y algo fundamental para el Fondo de Cultura Económica, la libertad de expresión. Este escollo apareció muchos años después con un episodio muy comentado.

De 1948 a 1965 fue director Arnaldo OrfilaReynal. Quien publicó 891 nuevos títulos. El último fue Los hijos de Sánchez del investigador Óscar Lewis, que pertenecía a una rama de la Antropología relativamente reciente, la Antropología Social que estudiaba al hombre contemporáneo, actual. Lewis fue a casa de una familia y preguntó y escuchó a todos ellos. Para proteger su privacidad se le denominó la familia Sánchez. Al publicarse el libro, el gobierno consideró ofensivo para México el contenido y despidió a OrfilaReynal, quien había llegado como director de lasucursal del FCE en Argentina. El nuevo director de 1966 a 1970 lo fue Salvador Azuela a quien, por decir algo, los intelectuales le hicieron la ley del hielo. El asunto no acabó ahí, muchos intelectuales reunieron fondos para formar la Editorial Siglo XXI que dirigiría el propio Arnaldo Orfila. Pero ésta es otra historia.

De las colecciones creadas por Orfila basta y sobra con mencionar tres: los Breviarios que permiten asomarse a toda clase de temas, Letras Mexicanas que constituye, junto con los títulos publicados por Don Joaquín Diez Canedo en la editorial Joaquín Mortiz, el catálogo de todo lo que brilla y es oro de la literatura mexicana del siglo XX. Y la no menos importante Colección Popular, que difunde a precios muy bajos muchas obras maestras, la antología de Alfonso Reyes incluye nada menos que Visión de Anáhuac e Ifigenia cruel.

Don Alfonso lleva a pensar de inmediato en la Casa de España (que luego se convierte en El Colegio de México) y, por supuesto, en el exilio español. A lo mejor baste con recordar que Wenceslao Roces, refugiado como se decía entonces, fue el primer traductor de El capital de Carlos Marx. Y de hecho, creo que no es exagerado decir que la industria editorial mexicana, no sólo el FCE, es creación de los exiliados españoles y así lo demuestran Editorial Era o Joaquín Mortiz.

Entre la gente del Fondo no se puede dejar de recordar que ahí estaban los tres jaliscienses: Juan Rulfo, Juan José Arreola y Antonio Alatorre. Mucho se ha dicho que Arreola o AlíChumacero le dieron la estructura final a Pedro Páramo, pero un investigador contó que al consultar el original en el Centro Mexicano de Escritores tiene variantes con la versión publicada sólo de unas palabras por otras, pero nunca del orden temporal de la novela ya clásica. Pensar que las ediciones de esta casa editorial pasaban por las manos de estos genios de la lengua es casi alucinante. La edición de las obras completas de Reyes estuvo bajo la responsabilidad del poeta y erudito nicaragüense Ernesto Mejía Sánchez.

Otro de Jalisco que estuvo en el Fondo, pero en papel de director es José Luis Martínez que fue responsable de las ediciones facsimilares de las revistas literarias modernas de México. Una de las aportaciones literarias más importantes para la historia de la literatura mexicana. Francisco Javier Alejo, que también fue director, creo otro rubro importante, la colección Archivos.

r

El Fondo y sus sucursales

A propósito del episodio de Orfila, hay que destacar otro aspecto del Fondo y son sus filiales. En 1945, se funda la sucursal en Argentina (la que como se dijo dirige Orfila); en 1954, la de Chile; en 1963, la de España. Hoy existen nueve filiales, además de las ya mencionadas, la de Caracas, Venezuela; la de Ciudad de Guatemala: la de Lima, Perú; la de San Diego, la de Sao Paulo, Brasil.

En San Diego, Edur Velasco, quien estuvo al frente, me contaba que las demandas de las universidades lo rebasaban, porque no las podía cubrir el FCE. Esta distribución continental hizo que Juan Rulfo fuera un autor no sólo importante en México, sino en América Latina. (La traducción de Doña Mariana Frenk al alemán fue otro empujón definitivo para lanzar a Rulfo a ser el escritor mexicano más famoso en el mundo). Antes, como cuentan Alfonso Reyes o Agustín Yáñez, la literatura mexicana se distribuía de mano en mano y viajaba en los equipajes de los escritores amigos.

De Guillermo Ramírez, no en vano economista, se menciona que compró equipo para imprimir y encuadernar, pero no he visto que se recuerde algo que él mismo me contó. Se le ocurrió que al modo de las misiones culturales, habría que crear unas bibliotecas móviles. Así, una camioneta iba con su cargamento de libros a los más diversos lugares y la particularidad era (y en esto se parece a las misiones culturales de Vasconcelos) que los libros trataban temas de la región pero sobre todo de las técnicas para desarrollar económicamente los lugares visitados. Fue tal el éxito que el gobierno optó por suspender el programa por temor no sé si a un estallido social o simplemente a ser rebasados por los lectores.

Del guapo Gonzalo Celorio, hoy secretario de la Academia de la Lengua, se cuenta, aunque a lo mejor es sólo un chisme, que hizo un trato con Cuba que al gobierno panista no le gustó. No el trato, sino únicamente que se tratara con Cuba. Hay que recordar que como atestigua su libro Tres lindas cubanas, la madre de Gonzalo nació en la isla. Joaquín Diez-Canedo-Flores no sólo fue director de esta editorial estatal, sino que ahora se desempeña nada menos que al frente de la Comisión de Libros de Texto Gratuitos. La gestión del ex presidente Miguel de la Madrid, al parecer editó el mayor número de 2 mil 300 novedades y 5 mil reimpresiones.

Otros directores fueron Antonio Carrillo Flores, Enrique González Pedrero y Jaime García Terrés, que lo fue de 1983 a 1988. A Consuelo Sáizar, que ya había sido directora de Editorial Jus, le sirvió como antesala para presidir el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. En la actualidad, dirige esta importantísima empresa estatal, José Carreño Carlón.

 En los 80 años del Fondo de Cultura Económica hay que desearle una larga vida o enotras palabras, el único deseo que hay pedir es que no se privatice.