Inspirados en el referéndum escocés, un grupo de nacionalistas vestido de amarillo y rojo-colores de la bandera catalana-, salió a las calles de Barcelona para reclamar, ante el rechazo de Madrid, una consulta independentista en esta región española.
Por tercer año consecutivo, las asociaciones independentistas movilizan a los catalanes por la Diada, el día grande de la región, para formar una gigantesca V de Votar en dos céntricas avenidas de Barcelona sobre la que se colocarán 947 urnas electorales, una por cada municipio catalán
Más de medio millón de personas se han reunido en la manifestación promocionada con el lema “Llenemos las calles para llenar las urnas” y se prevé que más de 15 mil autos lleguen a la ciudad con manifestantes de otros puntos de la región.
“Nuestro objetivo es votar y ganar el 9 de noviembre y entendemos que este 11 de septiembre es el punto de inflexión”, explicó Carme Forcadell, presidenta de la Asamblea Nacional Catalana, principal entidad independentista.
En 2012, una inmensa manifestación en Barcelona precipitó al proceso de autodeterminación. En 2013, una cadena humana independentista de 400 kilómetros forzó al gobierno catalán a fijar la fecha de la votación el 9 de noviembre.
Inundación de manifestantes
Desde horas antes de la manifestación, miles de personas con banderas secesionistas y camisetas con el lema “Ahora es la hora” inundaron Barcelona, mientras algunos músicos hacían sonar las grallas, una flauta típica catalana, y grupos de “castellers” construían inmensas torres humanas tradicionales en la región.
“Nuestra cultura, nuestra lengua y nuestras tradiciones se tienen que respetar y ya hemos visto que en este Estado es imposible”, apuntó Bernat Pi, un estudiante de doctorado de 24 años, con una bandera independentista y otra de Escocia.
Banderas escocesas, flamencas, vascas y gallegas se mezclaban con la estelada independentista catalana en Barcelona, mientras escoceses, catalanes y sardos compartían discursos.
“Este movimiento independentista en toda Europa es irreversible”, gritaba Gavino Sale, un diputado independentista del parlamento regional de Cerdeña, junto al mercado del Born, donde se encuentran las ruinas de aquella Barcelona de 1714, por lo que la Diada marca el 300 aniversario de la caída de Barcelona en manos de las tropas del rey español Felipe V durante la guerra de Sucesión española, que puso fin a la autonomía de la región.
Si Escocia puede por qué Cataluña no
El presidente catalán, Artur Mas, advirtió a Madrid que “es prácticamente imposible impedir para siempre” la consulta en Cataluña, “Es absurdo pretenderlo y creo que el Estado español debe darse cuenta”, declaró este miércoles en una entrevista en su despacho en el palacio de la Generalitat, sede del gobierno catalán, “Si una nación como Escocia puede votar, ¿por qué no Cataluña?”, se preguntó.
Orgullosos de su cultura y su lengua, el independentismo ha crecido en esta región de 7,5 millones de habitantes que genera una quinta parte de la riqueza española.
El desencuentro se inició en 2010, cuando el Tribunal Constitucional privó a Cataluña -que tiene amplias cotas de autogobierno en educación, sanidad y seguridad-, de su estatus de nación incluido en un estatuto de autonomía regional aprobado en 2006. Dos años después, la división se acentuó cuando el gobierno central negó una mejor financiación a esta región muy afectada por la crisis.
En los próximos días, Artur Mas espera convocar bajo el amparo de una ley regional esta consulta que se efectuará bajo una doble pregunta: “¿Quiere que Cataluña sea un Estado? ¿Quiere que sea un Estado independiente?”.
A diferencia del Reino Unido, el gobierno de Mariano Rajoy se opone firmemente a una consulta y piensa impugnarla ante la justicia porque, en su opinión, vulnera la Constitución de 1978, que consagra la “indisoluble unidad de la nación española”.
Consciente de que sería difícil conseguir el apoyo de la comunidad internacional a un referéndum impugnado jurídicamente, Mas rechaza especular sobre cómo actuará en este caso.
