Escudo, bandera y Virgen de Guadalupe, símbolos de mexicanidad

 

 

Mireille Roccatti

Este mes de septiembre es ocasión propicia para reflexionar sobre los valores, aniversarios y símbolos que cohesionan el sentimiento de identidad nacional y otorgan sentido de pertenencia a los millones de mexicanos que sin actitudes patrioteras se sienten orgullosos de ser mexicanos.

La celebración principal se realiza en el Zócalo de la ciudad de México, lugar donde se asentó Tenochtitlan en el lugar donde una vez arrojaron un corazón de Copil al fondo del lago y de él brotó el nopal en donde se asentó el águila y devoró una serpiente, configurándose así el concepto de nuestro escudo nacional, que con el tiempo ha adquirido un simbolismo especial en el imaginario popular.

Cuando el lector tenga a la vista estas líneas, estaremos celebrando un nuevo aniversario de la Independencia de México. El famoso Grito de Dolores que en la madrugada del 16 de septiembre de 1810 pronunciara el sacerdote Miguel Hidalgo y Costilla, reivindicando a Fernando VII, “el bien amado” hijo del monarca español, quien se encontraba prisionero, junto con su padre, pero asumiendo que su detención por Napoleón Bonaparte permitía al pueblo reasumir su soberanía y declarar la independencia del Virreinato de la Nueva España.

En la marcha del ejército insurgente hacia los principales bastiones realistas del Bajío, al pasar por Atotonilco, de su parroquia tomaron un estandarte de la Virgen de Guadalupe, convirtiéndose éste en la bandera de los independentistas y adoptándose con el correr del tiempo como un símbolo de unidad e identidad del ser nacional. Hoy día, junto con el escudo y la bandera, la Virgen de Guadalupe constituyen los símbolos de identidad por antonomasia.

La bandera nacional fue adoptada como tal al triunfo de la guerra de Independencia después de 11 años de lucha, al constituirse el ejército trigarante con la alianza de los combatientes insurgentes y realistas, representados por los respectivos líderes militares: Vicente Guerrero y Agustín de Iturbide.

En síntesis, el escudo, la bandera, el himno nacional y la Virgen de Guadalupe constituyen los principales símbolos de la identidad nacional. Aunque es justo reconocer que existen otros símbolos de identificación nacional que son aceptados casi mayoritariamente por los mexicanos como son las imágenes y recuerdo de Villa y Zapata, los héroes mexicanos internacionalmente más conocidos y los de mayor raigambre popular.

En este mes que popularmente se le ha denominado el “mes patrio” se exacerba el nacionalismo, el cual no es malo en sí mismo, pero en paralelo se desarrolla una ola mediática de un nacionalismo ramplón y hasta ofensivo. El del “Viva México, cabrones”, el del consumo excesivo de licor, el de trompetas, garnachas y huevos rellenos de harina, el de acudir a los Zócalos a celebrar y en ocasiones a agredir escondidos en el anonimato de la masa.

Y en estas celebraciones encontramos otros símbolos de identidad nacional, como sucede con la gastronomía; los mexicanos nos identificamos en el pozole, las quesadillas, los moles, los chiles rellenos, los buñuelos y el tequila, o en la música con los sones del mariachi, o con la charrería, que nos recuerda nuestros orígenes de nación rural y de a caballo.

En los primero días del mes de septiembre, en Guadalajara, Jalisco, se celebró el XXI Encuentro Internacional del Mariachi y la Charrería, y uno de los escenarios donde se efectuaron una serie de conciertos de música es el magnífico Teatro Degollado, en el cual en compañía de la Orquesta Sinfónica de Jalisco, resonaron los sones de los mejores mariachis de Jalisco, de México y el mundo.

El complejo entorno mundial globalizado con sus nuevos paradigmas debemos enfrentarlos e insertarnos en ellos, sin perder la esencia de nuestra mexicanidad. ¡Viva México!