Oportunidades para mejorar el cuidado de la salud de los ciudadanos

Dr. Gerardo Jiménez Sánchez

 Parte I/II

Hace una década resultaba difícil creer que el conocimiento de la secuencia del genoma humano detonaría tantos avances en tan poco tiempo. Apenas en junio de 2000, el entonces presidente de los Estados Unidos Bill Clinton y el primer ministro del Reino Unido Tony Blair anunciaban la secuenciación inicial del genoma humano.

Unos meses más adelante, el 15 de febrero de 2001, las dos revistas científicas más importantes del mundo: Nature y Science, publicaron los resultados del proyecto. En la primera, se publicaron una serie de artículos con los resultados del Proyecto del Genoma Humano auspiciado por el gobierno de los Estados Unidos. Tuve el privilegio de coordinar el capítulo médico que publicó la primera colección de genes causantes de enfermedades humanas en dicha publicación y que contribuyó a nuestra reflexión en torno a la medicina genómica.

Los resultados fueron muchos, sin embargo, llamó la atención desde 1998 la aparición de variaciones de una sola letra a lo largo de la cadena de ADN. Se comenzaron a evidenciar miles de estas variaciones en las que se observaban cambios de una letra por otra en el texto conformado por las cuatro letras del alfabeto genético: A, G, T, C. En consecuencia, se evidenciaba que cada persona tenía su propia colección de variaciones dando lugar a su individualidad genética y, en consecuencia, bioquímica. Era claro que estas variaciones no solo contribuían a las características físicas de cada uno de nosotros, sino que en interacción con el medio ambiente, también contribuirían a la predisposición o resistencia a padecer enfermedades comunes.

Así, durante las vacaciones invernales de 1998 regresé a México y no resistí la oportunidad de visitar, junto con Antonio Velázquez, a Guillermo Soberón entonces presidente ejecutivo de la Fundación Mexicana para la Salud (Funsalud) y compartir los hallazgos que surgían. Su gran conocimiento, experiencia y visión permitieron que en minutos comenzaran a esbozarse oportunidades en beneficio de la ciencia y la salud de los mexicanos. A lo largo de los siguientes meses se estableció un grupo de expertos en ciencias sociales y naturales de múltiples instituciones del país en torno al tema.

Recuerdo claramente la participación destacada de muchos de ellos, especialmente de Diego Valadés, Jorge Rozenkranz, Cuauhtémoc Valdés y Juliana González, entre otros. Las visitas a México se hicieron tan frecuentes como una vez al mes, al tiempo que avanzaban los análisis iniciales sobre el desarrollo de una plataforma nacional en medicina genómica.

Por su parte, el gobierno de México, encabezado entonces por el presidente Ernesto Zedillo, comenzó a generar la estructura que el país necesitaría para coordinar políticas y acciones del gobierno federal en torno al conocimiento del genoma humano. Así, a iniciativa del entonces secretario de Salud, José Antonio González Fernández, se creó la Comisión Nacional para el Genoma Humano el 23 de octubre del año 2000, a través de un acuerdo firmado por el presidente de México y los secretarios de Salud y de Educación Pública, cuyo secretario ejecutivo fue Guillermo Soberón.

El análisis inicial permitía vislumbrar las oportunidades que México tenía en el ámbito de la genómica, aún cuando nuestro país no hubiera participado en el Proyecto del Genoma Humano. El 11 de abril de 2003 publiqué en la revista Science la estrategia que se planteaba para lograr esta tarea. Se estableció una alianza estratégica entre la Secretaría de Salud, la Universidad Nacional Autónoma de México, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología y Funsalud. Los secretarios de Salud, José Antonio González Fernández primero y posteriormente Juan Ramón de la Fuente, así como el resto de los titulares apoyaron en forma decisiva esta idea. En consecuencia, el 22 de noviembre de 2002 se firmó el convenio que dio vida a esta alianza. El poder de convocatoria de Soberón fue detonante para alcanzar este logro. Así, con cerca de 60 colegas mexicanos y extranjeros y firmas como McKinsey, logramos generar el estudio de factibilidad que nos guiaría en las siguientes etapas del proyecto. Dicho estudio señalaba que un Instituto Nacional de Salud, organismo descentralizado de la Secretaría de Salud, sería la estrategia que aseguraba la mayor posibilidad de éxito. Había que describir lo que aún no había sido descrito, incluso romper con algunos usos y costumbres muy arraigados.

Los desarrollos que países miembros de la OCDE han logrado a partir de las ciencias genómicas son mayúsculos. Han sabido traducir estas innovaciones en riqueza para sus países, beneficio para sus habitantes y enriquecimiento cultural para la humanidad.

En mi siguiente entrega continuaré esta cronología en el contexto de los retos que se vislumbran y las oportunidades que México no debe dejar escapar.

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gerardo.jimenez@genomicaybioeconomia.org

 

Profesor de Genómica y Bioeconomía, Universidad de Harvard.

Presidente Ejecutivo, Global Biotech Consulting Group.

Presidente de Genómica y Bioeconomía A.C.