Para muchas familias que celebraban el Grito de Independencia en la Plaza Melchor Ocampo de la capital michoacana hace seis años, ese recuerdo doloroso sigue presente ya que viven las secuelas del atentado que dejó a cerca de 8 muertos y más de 100 personas con lesiones —algunas irreversibles—, así como daños psicológicos y que han logrado salir adelante, incluso sin el apoyo de las autoridades.

Los morelianos aún recuerdan ese episodio que cambió la vida de sus habitantes y de sus autoridades — entonces era gobernador Leonel Godoy— y del que fueron acusados y encarcelados cinco presuntos sicarios del grupo de Los Zetas y de quienes incluso se señaló que estaban en un fuerte estado de intoxicación. Mientras tanto, en la Plaza, durante los siguientes tres años se suspendieron las tradiciones y desfiles conmemorativos para luego instalar una pequeña placa que recuerda esa noche de horror.

Una de las víctimas, entrevistada por el diario El Universal, Rocío García, quien conservaba hasta hace tres meses la pierna que fue afectada por la explosión de la granada —y que se negó a que se la cortaran hace 6 años—, ya que como enfermera sabía que una buena cirugía podría sacarla adelante, sin necesidad de amputársela.

Sin embargo, en junio pasado perdió la batalla — le cortaron la pierna— y de paso la hipoteca de su casa, que empeñó para hacer frente a los gastos médicos, ya que las autoridades no se los quisieron pagar al considerar que si se atendió en un hospital privado en un inicio, podría pagar sus gastos sin apoyo gubernamental.

Hoy Rocío García, apenas recibe 5 mil pesos para solventar los pagos de las medicinas, consultas, terapias y la manutención de su familia.