Ahora, el dinero es una riqueza virtual

Alfredo Ríos Camarena

La historia de la Independencia nacional está llena de luces y sombras, su verdadera arquitectura ideológica se encuentra en los elementos constitucionales de Rayón, el Congreso de Anáhuac, los Sentimientos de la Nación y la Constitución de Apatzingán; esta etapa nace y muere con Hidalgo y con Morelos. La Independencia —que se logró años más tarde— tuvo otros objetivos, como la defensa de los intereses de los criollos frente a las Cortes de Cádiz, y fue operada y maniobrada por el canónigo Matías Monteagudo, quien desde la iglesia de la Profesa estableció las coordenadas de la conspiración con el aventurero realista Agustín de Iturbide, acompañado más tarde por Vicente Guerrero.

La verdadera lucha ideológica contra la pobreza y la desigualdad emana del sistema constitucional (1824, 1857 y 1910). La Independencia nos dio el valor y principio de la soberanía, que hoy está acotada por la enorme desigualdad —que cada día es más grave— producida por la dependencia de capitales extranjeros, perdiéndose así el concepto de independencia frente a las implacables y crecientes fuerzas económicas en ascenso.

El concepto de igualdad constituye una de las aspiraciones más importantes del género humano, planteado a lo largo de la historia —y afirmado— a partir de la Revolución burguesa de Francia, de la Constitución norteamericana y proclamado como la fórmula económica que —junto con la libertad— darían base a la teoría económica del capitalismo, que sustentó en forma extraordinaria el padre de la economía Adam Smith, en su libro La riqueza de las naciones.

La igualdad jurídica se ha conseguido en los diferentes preceptos constitucionales de las Cartas Magnas modernas, en México desde la de Apatzingán; pero el concepto de igualdad económica se ha convertido en inalcanzable por el desarrollo exponencial desigual de las fuerzas económicas.

La concepción de la teoría del valor se ha transformado, y el dinero se ha multiplicado de tal forma, que rebasa la producción de bienes y servicios; esto explica la falta de crecimiento económico en la globalización neoliberal; pues mientras que el dinero se produce geométricamente, los bienes y servicios lo hacen aritméticamente —parodiando la vieja tesis maltusiana—; el dinero se ha convertido en una riqueza virtual; se produce, no por las relaciones de la oferta y la demanda, sino por la especulación que se da en las Bolsas de Valores, en los derivados financieros y en las compras a futuro, desnaturalizándose dicha teoría que fue concebida basándose en el trabajo, la escasez, la utilidad y la producción.

En efecto, esta nueva forma de acumulación ha creado una clase de “ultramultimillonarios” cuya riqueza actualmente ya no emana sólo de la producción, sino de la especulación, concentrando capitales inimaginables de dinero cibernético y artificial; una mínima parte de la población, es decir, menos del 0.01% controlan la economía neoliberal, con un veloz incremento de su patrimonio pecuniario, quienes a su vez pierden el estímulo de producir, ya que el objetivo de dicho modelo no es satisfacer necesidades, sino tener utilidades. Esto desemboca necesariamente en dos fenómenos económicos: 1) decrecimiento económico, y 2) una desigualdad social imposible de superar.

Estos conceptos nos permiten sustentar que estamos frente a una grave crisis del sistema capitalista y que nuestros valores históricos que constituyen nuestro legado y patrimonio deben ser puestos a consideración, valorados y recordados; las nunca alcanzadas metas en lo social que se plantean en la Independencia, en la Reforma y en la Revolución siguen siendo el objetivo y el fin del Estado nacional.