CIENCIA

 

El primero se hizo a una mujer japonesa de 70 años

René Anaya

Sin el propósito explícito de evitar los debates sobre la utilización de embriones humanos en la práctica médica, pero sí con la intención de proporcionar herramientas a la medicina para tratar enfermedades, principalmente las degenerativas, expertos japoneses han desarrollado investigaciones tendentes a conseguir trasplantes funcionales, sin problemas de rechazo.

Las autoridades japonesas han aumentado su inversión en el campo de la medicina regenerativa, específicamente en la regeneración de tejidos, pues consideran que en este campo de la biomedicina tienen numerosos adelantos y un selecto grupo de científicos que podrá ofrecer nuevas técnicas diagnósticas y curativas dentro de pocos años.

 

La medicina regenerativa

Aunque el término todavía no se ha definido del todo, la medicina regenerativa se ha convertido en una rama médica que ha despertado grandes expectativas, gracias a los recientes descubrimientos de la ingeniería biomédica y al estudio de las células madre.

Como refieren los Institutos Nacionales de Salud de los Estados Unidos, la medicina regenerativa incluye la ingeniería de tejidos (el desarrollo de biomateriales), el uso de tejidos como biosensores y de chips de tejidos con numerosas posibilidades de uso en el ensayo de nuevos medicamentos. Asimismo, comprende la investigación sobre la generación de células para reconstruir tejidos y órganos, es decir la creación de tejidos y órganos a partir de células madre.

Precisamente en este último campo es en el que la medicina japonesa ha experimentado grandes avances, como lo prueba el método creado por el investigador japonés Shin’ya Yamanaka para reprogramar las células adultas y transformarlas en células madre. Este trabajo le mereció el Premio Nobel de Medicina en 2012.

La reprogramación, descubierta por Yamanaka en 2006, permite que (por medio de técnicas de ingeniería genética) las células adultas hagan que su reloj biológico marche hacia atrás para convertirse en células similares a las embrionarias, llamadas células madres pluripotentes inducidas (iPS, por sus siglas en inglés: induced Pluripotent Stem).

Este método no ha despertado críticas entre las comunidades religiosas y moralistas, como lo ha hecho el uso de células madre embrionarias, que terminaban por destruir al embrión. Sin embargo, sí ha habido dudas sobre la utilización de iPS en humanos, pues se considera que pueden causar más daños que beneficios.

Una de las principales objeciones es la posibilidad de que esas células causen problemas en la estabilidad del genoma, sean un factor importante en la aparición de tumores cancerosos o causen alguna otra reacción peligrosa para el organismo.

 

A imagen y semejanza

Con el propósito de investigar si la creación de tejidos y órganos a partir de iPS pueden ser seguros en humanos, el gobierno japonés invertirá unos mil 800 millones de dólares en los próximos diez años. Uno de sus primeros proyectos fue aprobado en junio del año pasado y comenzó a tomar forma en este mes de septiembre.

Investigadores de la Fundación para la Investigación Biomédica y la Innovación en Kobe, del Instituto RIKEN, informaron sobre la implantación, por primera vez en el mundo, de células iPS humanas transformadas en células epiteliales pigmentarias de la retina.

El implante del tejido, procedente de células iPS tomadas de la piel del propio paciente, se realizó en una mujer de 70 años de edad, afectada de degeneración macular asociada con la edad, que consiste en pequeños depósitos amarillos en la mácula (parte del ojo que permite ver los detalles con claridad), que llega a causar ceguera. El propósito principal del implante —han aclarado los investigadores— no es que la mujer experimente una mejoría en su visión, lo cual sería deseable, sino averiguar si las células iPS pueden causar problemas de salud.

Este primer implante forma parte de una serie de seis que se harán en mujeres con la misma enfermedad, para vigilar el comportamiento de las células retinianas procedentes de las iPS de las pacientes

Los científicos han referido que aunque no han encontrado problemas en animales trasplantados con células iPS, no se descarta el riesgo de que se puedan formar tumores en seres humanos, por la presencia de esas células.

Para investigar la respuesta del organismo a las células trasplantadas, las seis personas con el implante serán monitorizadas durante cuatro años. “Si es aceptablemente segura, futuros estudios evaluarán su eficacia”, han escrito los investigadores en la página web del Instituto Riken.

Se considera que dentro de un año se presentará el primer informe preliminar sobre la evolución de la paciente con este implante. Por ahora se da un paso más hacia la posibilidad de hacer realidad los trasplantes a pedido, a imagen y semejanza.

reneanaya2000@gmail.com