Patricia Gutiérrez-Otero
En México, los llamados a la desobediencia civil se escuchan hoy en boca de diversos actores sociales. Los canales que les hacen eco no son los más populares y están ligados con el poder económico y político, por ello la formación sobre qué es la desobediencia civil es escasa y muchas veces se deja a la imaginación de quien escucha. Sin embargo, existe una tradición que respalda esta práctica frente a los ordenamientos del Estado. Esto último supone pues un Estado y sus normas así como una ciudadanía que por alguna razón quiere manifestar su oposición al Estado o a algunas de sus directivas.
Quien en el siglo XX le dio fuerza y forma a la resistencia civil fue Gandhi en su lucha a favor de la Independencia de la India. Hombre de profunda espiritualidad y con una formación en abogacía adquirida en Inglaterra, Gandhi adquirió el respeto de sus contemporáneos por la coherencia de sus palabras y su vida. El gran principio que guió su práctica fue la ahimsa o camino de la no-violencia, muy lejana al pacifismo entonces en boga en relación con la II Guerra Mundial. La no-violencia no es el pacifismo, por el contrario implica una gran violencia que el ser humano ejerce hacia sí mismo para contener su propia violencia. Por ello requiere un entrenamiento. Gandhi hablaba de la creación de un ejército de no-violentos, entrenados para ello. Quiero dedicar el resto de este espacio a unas palabras del mismo Mahatma (“Gran Alma”), nombre que le dieron sus seguidores hindúes, pues no hay nada mejor que rumiar el alimento que él da.
“Lo mismo que hay que aprender a matar para practicar el arte de la violencia, también hay que prepararse a morir para entrenarse en la no-violencia. La violencia no nos libra del miedo, sino que procura combatir la causa del miedo. Por el contrario, la no-violencia está libre de todo miedo. El no-violento tiene que prepararse a los sacrificios más exigentes para superar el miedo. No se pregunta si va a perder su casa, su fortuna o su vida. Hasta que no supere toda aprensión, no podrá practicar la ahimsa en toda su perfección. El único temor que conserva es el de Dios. (…) Por consiguiente, según se entrene uno en la violencia o en la no-violencia, tendrá que apelar a técnicas diametralmente opuestas. La violencia es necesaria para proteger los bienes temporales. La no-violencia es indispensable para asegurar la protección de nuestro honor y del Atma (vida espiritual)”. (Todos los hombres son hermanos, Editorial Atenas).
La reflexión profunda de Gandhi así como sus experimentos con la verdad (título de su autobiografía) lo condujo paulatinamente al descubrimiento de las técnicas que usa la no-violencia, sobre las que me detendré en próximas entregas. Entre ellas está la de la desobediencia civil. Baste recordar la famosísima marcha de la sal para que la gente de la India se reapropiara de un bien de su tierra que los ingleses habían controlado y con el que negociaban incluso con los mismos indígenas, o la quema de la ropa de algodón hecha en Inglaterra con materia prima que salía de la India para regresar manufacturada (de ahí la rueca como símbolo de autonomía).
Además, opino que se respeten los Acuerdos de San Andrés, que se revisen a fondo y dialógicamente todas las reformas impuestas por el gobierno, que se respete la Ley de Víctimas, que se retiren los artículos 189 y 190 de la Ley de Telecomunicaciones.
