Patricia Gutiérrez-Otero

Un concepto muy importante en la cosmovisión hindú es el de ahimsa o no-violencia que los lleva, por ejemplo, a no comer carne por no causar la muerte de un animal, lo que representa un gran avance del proceso de humanización. Como un camino religioso éste no necesariamente se lleva a cabo puntualmente, pero marca un ideal de vida personal y en las relaciones con los otros.
En su deseo de cambios sociales profundos, Gandhi retomó la ahimsa como uno de los pilares de su doctrina y acción ligándolo con el amor: “La no violencia comienza a partir del instante en que amamos a los que nos odian”. Recordemos que gracias al escritor ruso y cristiano ortodoxo Leon Tolstoi, Gandhi tuvo un acercamiento al cristianismo en el que admiraba el mandamiento del amor: “Conozco perfectamente las dificultades de este gran mandamiento del amor. ¿Pero no pasa lo mismo con todas las cosas grandes y buenas?”. El gran acierto del Mahatma fue lograr que la ahimsa y el mandamiento del amor fueran motores para un cambio social a partir de un cambio personal. En lugar de aplicar violencia contra violencia, el no-violento recibe en sí la violencia del otro para que éste tome conciencia de su violencia y se detenga. Si esta actitud se lleva a cabo en la vida diaria, también puede llevarse a cabo en la vida social para lograr cambios en situaciones de injusticia.
La no-violencia en su nivel de ejercicio más alto pide un voto de renuncia a todo, esto libera al ser humano y lo vuelve capaz de dar también todo, incluso su propia violencia y hasta la vida. Es importante señalar que Gandhi no negaba que la violencia también era una opción, e incluso que en rarísimas ocasiones no quedaba otro medio más que su ejercicio. Retomaré este punto en otra entrega. Sin embargo, la no violencia también se ejerce en pequeños actos: “Cuando una madre sacrifica su vida por salvar a su hijo, se está conformando con esa ley sin darse cuenta”. Ejercer la no-violencia en los pequeños actos es lo que prepara para ejercerla en los grandes. Quién no es capaz de abnegación (palabra que retomo del filósofo Maurice Blondel) en la vida cotidiana en pos de un bien, no será capaz, tampoco, de un acto de abnegación en pos de un ideal social, salvo si es en un acto de fanatismo y enceguecimiento, no de libre don de sí mismo.
Gandhi habla de la no-violencia como de un conocimiento tan vasto que no puede ser poseído por una sola persona. Es un conocimiento que se va adquiriendo a través de la meditación/oración, la práctica, la relación con el “enemigo”. Y cuyas armas son “la Satyagraha (fuerza o fidelidad a la verdad)” y la no-cooperación, “que se han presentado hasta ahora como los mejores sustitutos de la violencia, con tal que se haga de ellos un uso honesto y moderado”. Sus seguidores, fuera y dentro de la India, han profundizado sobre los métodos y acciones de la no-violencia para lograr cambios en el ámbito de lo social siguiendo las grandes líneas planteadas por el Mahatma, entre ellos la desobediencia civil, el ayuno, el “boicot”.
Además, opino que se respeten los Acuerdos de San Andrés, que se revisen a fondo y dialógicamente todas las reformas impuestas por el gobierno, que se respete la Ley de Víctimas, que se retiren los artículos 189 y 190 de la Ley de Telecomunicaciones.