El Ébola se contagia por tener contacto directo con los fluidos del cuerpo; si restos de sangre infectada o saliva se introducen en el ojo, nariz o boca de una persona sana podría contraer el virus.

Aunque la enfermedad no produce problemas respiratorios, el tosido de una persona infectada puede ser contagioso a través de las pequeñas partículas de

saliva que son expulsadas en el aire, por lo que el personal que atiende a los pacientes infectados debe protegerse por completo, incluyendo la cara y las manos.

El virus mortal también puede sobrevivir por varias horas en superficies completamente secas o en cualquier objeto que haya sido manipulado por una persona infectada.

De acuerdo con el Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, de igual forma el virus puede sobrevivir en las perillas de las puertas o en superficies lisas como barras de cocina y mesas e incluso puede sobrevivir varios días en charcos de agua o en otros restos de fluidos corporales expuestos a la intemperie.

Es importante mencionar que soluciones de limpieza con cloro puede matar al virus.

La mayoría de los últimos casos de contagio se han registrado entre los familiares de pacientes infectados o entre las personas que preparan los cuerpos para los funerales; el personal hospitalario al cuidado de los pacientes son los que enfrentan un mayor riesgo de contagio.

El CDC, ha asegurado que los síntomas regularmente aparecen durante los 10 primeros días del contagio, aunque ha habido reportes de hasta 21 días después de haber estado en contacto directo con el virus.

En un inicio parece que la persona tiene gripa al presentar dolor de cabeza, fiebre y cuerpo cortado. A veces puede producir salpullido, seguido de diarrea y vómito; en etapas muy avanzadas, los pacientes infectados presentan severas hemorragias en estómago y vejiga así como por debajo de la piel, en los ojos y en la boca. Sin embargo, no son estas hemorragias las que causan la muerte de los pacientes sino el aumento de la presión arterial y la falla de órganos vitales por consecuencia.

New York Times, octubre 7 de 2014.