Ricardo Muñoz Munguía
El escritor se afianza a su labor creativa más allá de un aparente impedimento físico, caso del poeta que hoy nos ocupa con su libro Bazar de la serpiente, con el que trepa hacia la luminosidad creativa paradójicamente con todos los sentidos, menos con la vista. Es la condición que Gilberto Castellanos (Ajalpan, Puebla, 1945) lo envuelve, mas su labor se sobrepone, es entonces que la mirada se muda hacia todo el cuerpo: “El bochorno arte, fósforo en el tímpano y un vacío/ que afina repeticiones del calendario,/ sapiente ocular para la desmemoria, seso/ arduo del febrero que ya no escucha marzos/ con anquilosis y un flaco, yo, héroe que adivina/ las vocales reidoras en las comisuras”.
Gran parte de la obra poética de Gilberto Castellanos he tenido oportunidad de comentarla en estas páginas (en todos sus libros aparecen imágenes en portada que el autor expresó con su arte; en este volumen es figuras múltiples en un rostro), y conforme iban apareciendo sus volúmenes se distinguía entre su obra que los sentidos se abrían cada vez más. El oído, el tacto, el olor, los sabores, cobraban una fuerte presencia en los poemas de Castellanos, ahora, con su más reciente Bazar de la serpiente, es en gran medida la exposición de los sentidos. La razón de que estos sentidos fueran extendiéndose o creciendo es porque a Gilberto le fue aumentando la debilidad visual por una enfermedad que lo fue absorbiendo hasta su fallecimiento en la Ciudad de Puebla en 2010.
Bazar de la serpiente se divide en tres secciones. Pero antes de entrar en ellas es importante destacar un personaje que habita a lo largo de las páginas, igual que una serpiente defiende su sitio: “¿Desde qué altura vendrás, Audilia?”. Audilia (que significa “La que ríe”), a quien se aferra el poeta, y que brota desde él mismo aparecerá constantemente porque es su carne, su memoria, sus sueños, su salvación. La primera “El Ascenso” atina a titular los poemas con el abecedario, es entonces que Castellanos deja marcas, señales del golpeteo que recibe en su cuerpo: “Comenzaría en la esquina el cansancio que no huirá”. “Bazar de la serpiente”, segunda sección, es la cima y la sima donde los sentidos anidan y se clavan en la memoria que es una serie de imágenes explotadas con máxima fuerza. “El deslave”, aquí nuevamente el abecedario pero invertida, así desde la zeta hasta la letra a, el poeta clava su palabra que es daga con llagas para hurgar entre los muertos. “¡Qué hambre/ por no salir del recipiente que se demora/ con orejas de banquetas, bazar de la serpiente!”.
