Alejandro Alvarado

Al considerar que las connotaciones sensacionalistas del mundo del boxeo demuestran que este deporte es una metáfora del ser humano por como combina la belleza con la crueldad, Hilario Peña decidió abordar el tema del pugilismo en su novela Juan Tres Dieciséis (Penguin Random House). Todo comenzó por una reflexión acerca de los elementos indispensables que se necesitan para sobresalir en cualesquier profesión, gracias a ella Hilario llegó a la conclusión de que el talento no es quizá lo más indispensable para adquirir el reconocimiento internacional.

—Me di cuenta que hay otros factores más bien circunstanciales, como no tener un buen padrinazgo, no estar apoyado por una empresa poderosa, ni poseer, quizás, el carisma, en este caso, del peleador. Es muy paradójica la vida de Juan, quien, a pesar de haber nacido con talento para desarrollarse en esta actividad, estaba condenado, de alguna manera, como al purgatorio del boxeo; no a ser el telonero, no a encarnar el papel del calador. A pesar de su enorme talento, porque todos sabemos que, en verdad, las grandes peleas se definen en los contratos y cuando dos peleadores talentosos se enfrentan va a ganar el que adquiera el contrato a su favor, ya sea en materia de dinero, o en el del recinto donde va a llevarse a cabo la reyerta.
El padre de Juan estaba internado en un centro de rehabilitación para superar el consumo de drogas y en ese lugar leyó un versículo de la Biblia que significó mucho para él; por esta razón le puso a su hijo un nombre bíblico que se convierte, no tanto por su talento, en la clave del éxito de su hijo como boxeador. El personaje surgió a raíz de esta reflexión.
—Hay una historia policiaca detrás de este boxeador…
—Así es. Maes­tros como Ricardo Garibay o como Vicente Leñero ya habían abordado el mundo del boxeo en su obra, y me parece que hace interesante de esta propuesta el hecho de que está inscrita en lo que son ahora las convenciones del género policiaco. Eso se me hizo muy interesante. En Juan Tres Dieciséis echo mano de estos lugares comunes y de estas estructuras clásicas del género, como la mujer fatal o el villano, quien al final revela los motivos y el porqué de sus crímenes. Todo en un afán por volver original la historia y hacerla más interesante, más atrayente y más amena. Fue por eso que hice este maridaje de la novela policiaca con el boxeo.
—¿Cuál es la relación de la literatura con el boxeo?
—Se da sobre todo en el cine. Pero debo reconocer que el boxeo tiene una relación con el arte en general porque también los grandes artistas retratan las peleas clásicas. En el cine mexicano puedo señalar películas importantes como Campeón sin corona; Pedro Infante, incluso, fue boxeador en una de sus películas. En Estados Unidos hay grandes obras y yo recomendaría El acuerdo, es como de los años cuarenta y está actuada por Robert Ryan. Humphrey Bogart  filmó una muy buena, Más duro caen, y es elemental, por supuesto, El toro salvaje, con Robert De Niro. Son grandes obras como lo son también las que se han escrito en literatura; por ejemplo, Las glorias del púas, de Ricardo Garibay; Jack London escribió muy buenos relatos de boxeo, Por un bistec es una historia muy triste que trata de un veterano que no tiene nada para comer y sube al cuadrilátero con la panza vacía. Es la historia clásica del hombre que se convierte en calador. Una novela que yo recomendaría mucho es: El guardián de mi hermana de Dashiell Hammett.
—Estas historias literarias, ¿han influido en usted de alguna manera?
—Sí, pero no sé si hayas notado que el estilo que utilizo en esta novela es muy distinto al de aquéllas; sobre todo, la combinación con la novela policiaca creo que hace única la mía. Sospecho que si Juan Tres Dieciséis no tuviera ese marco de la novela detectivesca sería otra obra más de boxeo. Su distintivo es el elemento del crimen, el misterio por resolver. Y a mí se me ocurrió utilizar esta fórmula con intención de que los lectores pudieran apreciarla.
—Juan Tres Dieciséis se expresa correctamente y es muy elocuente al hablar, ¿a qué se debe esto?
—Hay quienes han dicho eso, pero esa elocuencia que, como tú, le atribuyen me parece que no es real y no existe. La razón por la que se lee de una manera tan fácil su testimonio es porque se expresa con oraciones sencillas y directas, así como si fuera con la sencillez directas del boxeo. De alguna manera, yo quería emular el deporte por medio de la literatura: es decir, ser contundente, entrar y salir, no entregarme demasiado en descripciones, quizás innecesarias. Eso es lo que ocasiona que este libro se lea con agilidad y amenidad; se trataba de quitar lo que está de más y poner sólo lo indispensable. De buscar el nocaut.