Bacterias

René Anaya

Prácticamente desde su descubrimiento en el siglo XVII, con las observaciones del holandés Anton van Leeuwenhoek en microscopios de su invención, las bacterias fueron consideradas intrusas o invasoras de nuestro cuerpo. Pero no fue sino hasta el siglo XIX, cuando se comenzó a conocer la vida secreta de algunas bacterias.

Se considera que el microbiólogo alemán Robert Koch sentó las bases de la teoría microbiana de la enfermedad en las últimas décadas del siglo pasado, cuando demostró que el carbunco o ántrax es causado por un microorganismo y no por sustancias misteriosas, como se creía. De esa manera comenzó la vida pública de las bacterias y su posterior satanización.

 

Una historia de cazadores

A la identificación del Bacillus anthracis como el agente infeccioso del carbunco, siguió una auténtica cacería de bacterias que inició el propio investigador alemán: el bacilo de Koch o Mycobacterium tuberculosis, causante de la tuberculosos; el Vibrio cholera que produce el cólera.

A este cazador de microbios, como los llamó Paul de Kruif en su clásico libro Cazadores de microbios, le siguieron muchos más, quienes las identificaron y clasificaron por sus formas en tres grandes grupos: bacilos o bastones; cocos, como el estreptococo (cocos en cadenas), el estafilococo (cocos en agrupaciones irregulares); y formas helicoidales como el vibrio en forma de cacahuate y la espiroqueta, en forma de tirabuzón.

También se les agrupa por su propiedad de absorber una tinción llamada Gram, porque el bacteriólogo danés Christian Gram creó ese método de tinción en 1884. A las bacterias se les baña en violeta de genciana, luego se tiñen con yodo y posteriormente con el colorante safranina; finalmente se lavan con alcohol. Las bacterias que retienen el color violeta son gram-positivas, en tanto las que toman el color rosado de la safranina son gram-negativas.

Esta propiedad es de enorme importancia para la farmacología, pues las bacterias gram-positivas son mucho más susceptibles a los antibióticos que las gram-negativas, ya que los medicamentos atraviesan con más facilidad su membrana.

Una vez identificado y clasificado el enemigo, la aparición de las sulfas, los primeros bacteriostáticos, y la penicilina, el primer bactericida, se contó con armas para combatirlo. Se pensó que en pocos años se acabaría con las infecciones bacterianas y se escribiría una página gloriosa de la lucha contra las enfermedades. Sin embargo, la aparición de resistencia bacteriana a los antibióticos obligó a crear otros de mayor efectividad, y así podrá seguir la historia… a menos que se aprovechen los recientes descubrimientos.

 

Bacteria, el ser humano

La investigación de los microorganismos está modificando las concepciones que se tenían de las bacterias. Ahora se sabe que pueden vivir en el aire, la tierra, el agua, el hielo del Ártico y hasta en el espacio, de donde han regresado como polizontes de satélites. También se conoce que intervienen de manera relevante en la compleja cadena de la biodiversidad.

Tal vez lo más interesante y sorprendente es que nueve de cada diez células de nuestro cuerpo son de bacterias, es decir que somos más bacterias que humanos, por lo que la microbiota o el ecosistema microbiano del organismo humano ha empezado a ser objeto de minuciosos estudios.

“Ahora sabemos que muchas bacterias intervienen en la digestión de alimentos, en la producción de proteínas o en la modulación del sistema inmune, y hemos visto que para muchas enfermedades, en lugar de buscar el origen en la persona en sí, se ha de buscar en los microorganismos que lo habitan”, según ha señalado el investigador en ecología microbiana Jordi Urmeneta, de la Universidad de Barcelona.

El Proyecto Microbioma Humano, de los Institutos Nacionales de Salud de los Estados Unidos es uno de los grupos más sólidos de científicos que se han dado a la tarea de investigar su importancia. Por ahora ya se ha demostrado que cada familia o grupo de personas que viven bajo un mismo techo tienen una fauna microscópica característica, que las identifica e inclusive que podría utilizarse en criminalística.

También se ha encontrado que uno de los factores de la obesidad puede ser el tipo de flora intestinal de los individuos. “Sabemos que ciertas bacterias pueden hacer que un ratón engorde de manera más sencilla, por ejemplo, y que otras tienen un papel en el desarrollo cerebral de los ratones jóvenes”, ha afirmado el microbiólogo estadounidense Jack Gilbert, profesor de la Universidad de Chicago, quien dirige el Proyecto Microbioma del Hogar.

Los estudios han llevado al ensayo experimental del tratamiento por medio de la implantación de heces fecales de un individuo a otro, procedimiento que puede causar aversión, pero que ha dado buenos resultados en animales. Por estas y otras investigaciones en proceso, se puede considerar que el microbioma será esencial para conservar la salud en este siglo.

 

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