Melchor Arellano/Gerardo Yong

Dentro de la tesitura del nuevo universo cernido en el Medio Oriente, irrumpe con fuerza otra región que podría ocupar las luminarias de la conflictiva global: el Mar Caspio. Hablamos de un lago de agua salobre que se sitúa entre Europa (Rusia) y Asia, con una superficie de 371,000 kilómetros cuadrados, una profundidad media de 170 metros y máxima de 995 metros, para ser el lago en su tipo más extenso del globo. Sus dimensiones son de 1,210 kilómetros en dirección Norte Sur y de 210 a 436 kilómetros en dirección Este Oeste.

Ocupa la parte occidental de la depresión uralocáspica, que forma parte de la mayor cuenca endorreica (sin salida fluvial al mar) de la Tierra, cuya superficie se ubica 28 metro bajo el nivel del mar. Está mayoritariamente alimentado por el río Volga y otros menos caudalosos como el Ural, Emba y Kura. Dicho mar dispone de alrededor de 40 mil millones de barriles de reservas de crudo e impresionantes reservas de gas aún no determinadas que hacen de él un apetecible platillo para el mundo occidental. No obstante, en caso de una eventual tentativa de acceso a esta parte del mundo, Occidente, Estados Unidos y Japón, se toparían con la oposición tajante de Rusia, China e Irán.

Para occidente, con Estados Unidos a la cabeza, la posible aceptación o acceso a la explotación del recurso en esa zona, estaría dada en función de la aceptación de Turkmenistán, Azerbaiyán y Kazajistán, antes pertenecientes a la desaparecida URSS. De ninguna manera se tiene tal certeza, aun pensando en la oferta de riqueza a generarse en esa zona a favor de los países ex soviéticos, mediante la incursión de occidente y Estados Unidos.

Primero, porque dichos países hacen frontera natural con Rusa, que no estaría dispuesta a aceptar que en su propia área natural de influencia, estos se inclinen por occidente; segundo, porque se duda de dichos países estén dispuestos a desafiar a Rusia y aceptar el ingreso de las petroleras de occidente (Shell, Texaco, Chevron); tercero, porque China forma parte del interés generalizado sobre la región y no comparte los interese de occidente; cuarto, porque Irán es aliado efectivo de China y Rusia en la búsqueda del control de esta zona del mundo; y quinto, porque para Rusia el Caspio es parte central de su proyecto de hegemonía global en cuyo eje cabe por supuesto la inclusión de Irán.

Todo hace pensar que, en lugar de separarse o alejarse de Rusia y China, las repúblicas ex soviéticas se re alinearán más con Rusia e Irán mismo. Con ello, Rusia y China echarían por tierra el interés de Europa y Estados Unidos de explotar y controlar los recursos de esa zona, mediante su conversión de esta en un área de conflicto global. Esto hará que estadounidenses y europeos busquen otras opciones en el mundo, cada vez más acotadas por los grandes ejes de poder global. En este mismo escenario, Afganistán sería el foco de atención para los actores citados en términos de recuperación y forja de la tan anhelada salida hacia el Índico, por parte de Rusia y China. No olvidemos, que estos últimos firmaron un acuerdo para que Rusia surta a China de gas por 400 mil millones de dólares y construirán conjuntamente un gasoducto por 75 mil millones de divisas verdes (25 mil serán aportados por los rusos y 50 mil por los chinos)

Rusia y China, que hoy caminan juntos, tendrían el enorme peso en la zona y, sin duda habrán de facilitarle las cosas a Irán, declarado enemigo natural de la Unión Europea y Estados Unidos, permitiendo su conversión en potencia regional. Veremos crecer así, el poderío y consolidación de Irán en el área como el traspatio de Rusia o eje de avance y control hacia el Medio Oriente, cuya frontera total se juega en Siria: quien gane presencia en la región, será el actor más relevante en la palestra mundial.

A la luz de ello, Europa Occidental, Estados Unidos y Japón, tendrán que buscar otras opciones para proveerse de petróleo y gas. De insistir en la presión sobre su presencia a través de las repúblicas ex soviéticas, podría desencadenar la zona de conflicto más espectacular e impactante del globo. Tenemos que reconocer que, el Presidente ruso Vladimir Putin ha demostrado una excepcional inteligencia y capacidad diplomática, a tal grado que se ha vuelto un mandatario confiable para sus compatriotas y parte de las repúblicas ex soviéticas mismas. El mandatario ruso, ha puesto en jaque a la Unión Europea sobre la suspensión de suministro de petróleo y gas (a contrapelo de ser una fracasada medida de la propia Europa y Estados Unidos), por el asunto de Ucrania, done Putin ha logrados que se sienten ambos actores en la mesa de negociaciones.

Antes y como sabemos, en Siria Rusia dio un golpe lapidario a Estados Unidos: no solo logró parar cualquier intervención de la OTAN en complicidad con la ONU, votando en contra en el Consejo de Seguridad apoyado por China, sino que a la larga demostró que tenía razón: hoy no sólo no se combate la caída de Basar el Assad, sino que los efectivos occidentales bombardean a ISIS o Estado Islámico (EI) de orientación sunita, infiltrado en los contrarrevolucionarios sirios y que avanzan hacia el control del Norte de Irak y el Kurdistán, amenazando a Turquía misma. Si por otra parte, Rusia no sólo controla sino que además logra una solución pacífica en Ucrania, occidente perdería la batalla en dos frentes: en su frontera con Europa y en Asia central, con grandes posibilidades de ser el guía eje de manejo y control de los conflictos en el pérsico y Medio Oriente. De ser así, entonces el eje Moscú, Pekín, Teherán será el de mayor presencia y poder en el planeta, acicateado además por la formación del eje mercantil eurasiático.