Charla con Guillermo Fadanelli/Autor de El hombre nacido en Danzig
Eve Gil
¿Quién es El hombre nacido en Danzig? ¿Gunter Grass?, le sugiero a Guillermo Fadanelli, quien responde que todo mundo piensa eso. Pero no: El hombre nacido en Danzig, además de ser el título de la más reciente novela de este autor iconoclasta no es tampoco el protagonista de la misma, quien está muy, pero muy lejos de la llamada Ciudad-Libre-de-Danzig, que actualmente pertenece a Polonia aunque sufrió la ocupación alemana durante la Segunda Guerra Mundial.
“Es la primera vez que titubeo tanto con un título —confiesa el eternamente joven Fadanelli, nacido en la ciudad de México en 1960—. Lo decidí un par de días antes de que entrara a la imprenta. Podría haberse llamado El hombre nacido en Aquitania, que es Montaigne o El hombre nacido en Ginebra, que es Rousseau, pero su filosofía corresponde más a Schopenhauer, que nació en Danzig”.
La trama
El protagonista es un ensimismado —y un tanto erotómano— profesor, recién abandonado por su mujer, por lo que en medio de su negación, rayana en la locura, contrata al misterioso detective Riquelme para descubrir con quién lo engaña la mujer que ya no es su mujer.
“Digamos que el protagonista —dice el autor— es mi alter ego, y aunque conversa con él como con otros filósofos, es Shopenhauer con quien más cómodo se siente, razón por la cual lo va citando a lo largo de la novela”.
No conforme con contratar a ese detective que alienta sus celos en las formas más absurdas e interactuar con Schopenhauer, o su fantasma, el protagonista contacta también a otro gran misógino: el austriaco Otto Weinenger, que en el fondo, como sucede con el protagonista y hasta el mismísimo “hombre de Danzig”, no tiene idea de cómo descifrar el galimatías que representa la figura femenina.
A Fadanelli se le ha tildado de misógino, pese a que los personajes femeninos de su segunda etapa como escritor suelen ser tremendamente divertidos.
“Podría definir esta novela —dice— como mi obra más feminista. Incluso, en esencia, es un panfleto feminista. Marguerite Yourcenar decía que no le importaba que la acusaran de misógina, siempre y cuando no olvidaran que también era misántropa. Decía: «Odio a las mujeres, porque odio a la raza humana». A mí me parecería no sólo ordinario, sino además nauseabundo considerarme un misógino. Mis personajes son otra cosa. Claro, los personajes también pueden servir para ocultarnos y, como lo he repetido hasta el hartazgo, no es que odie a las mujeres: en realidad les tengo miedo, que es totalmente diferente”.
Soy bastante tímido
“Aunque no lo parezca —agrega—, siempre he sido bastante tímido y el grueso de mis amigos son mujeres. Siendo un humilde ente masculino estoy rodeado de amigas porque me gusta mucho escucharlas. Me dan energía, me hacen sentir que ha valido la pena vivir”.
Pregunto a Fadanelli si en el fondo —o no tanto— El hombre nacido en Danzig es también una parodia de las novelas de detectives.
Responde: “Es una parodia, un escarnio y una burla. El protagonista cree que a través de un detective va a mantenerse al tanto de la vida íntima de una mujer. En todo caso, la función de este detective es el conocimiento del propio cliente, de su ansiedad por saber, de sus temores, de su celotipia. Nunca he sido un amante del género negro. En algún momento fui muy aficionado a Chester Himes, pero más por su sentido del humor. La investigación, la lógica y el raciocinio no me son tan interesantes para construir la novela”.
“Hay un momento en la novela —agrega— en que el lector sospecha que este detective Riquelme es producto de la imaginación del personaje obsesionado e incapaz de apropiarse de su objeto de deseo. Un hombre perturbado crea en su imaginación un detective para controlar, pero también para mirarse a sí mismo a través de este. Muy al principio, te lo confieso, pensé en hacer un detective de verdad, pero conforme fue transcurriendo la escritura, Riquelme se fue convirtiendo en una caricatura. Elisa Miller, la esposa, ya se fue. Pero una mujer se puede mudar de casa, abandonarte físicamente y la ausencia tiende a pesar más que la presencia. La presencia te da cierta tranquilidad, incluso cuando una relación está ya destruida”.
“Todas las mujeres que aparecen de mí novela son producto de mis consecuencias y algo que he aprendido con el paso del tiempo es que toda mujer es un individuo sorprendente. No debes dar por sentado nada respecto a ella, ni reducir el complejo mundo femenino a tres o cuatro lugares comunes para abordarlas y tratarlas. Hay que observar, hay que escuchar, hay que vivir. Elisa Miller tiene totalmente las dimensiones y la calidad del objeto del deseo”.
La novela El hombre nacido en Danzig está publicada por Almadía, México, 2014.
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