Todos los días en Junio, el mes más popular del año para los matrimonios en el hemisferio norte, cerca de 13.000 parejas estadounidenses van a decir “Si” a comprometerse en una relación para toda la vida que estará llena de amistad, alegría y amor y que los apoyará hasta el día de su muerte.

Ty Tashiro, psicólogo autor del libro La ciencia del “Y vivieron felices para siempre” que se publicó a principios de este año, afirma que de todas las personas que se casan, sólo tres de cada diez permanecen con un matrimonio feliz y saludable.

Los científicos sociales comenzaron a estudiar los matrimonios por medio de la observación en la década de 1970, en respuesta a la crisis que las parejas casadas se estaban divorciando a ritmos muy rápidos. Preocupados por el impacto que estos divorcios tendrían sobre los hijos de los matrimonios separados, los psicólogos decidieron empezar a estudiar a las parejas, reclutándolas en sus laboratorios para observar y determinar cuáles eran los ingredientes de una relación sana y duradera.

El psicólogo John Gottman fue uno de estos investigadores. Durante las últimas cuatro décadas, ha estudiado a miles de parejas para averiguar lo que hace que las relaciones funcionen. Recientemente tuve la oportunidad de entrevistar en la ciudad de Nueva York a Gottman y a su esposa Julie que también es psicóloga. En conjunto, estos expertos y prestigiosos psicólogos en temas de estabilidad marital dirigen el Instituto Gottman, que se dedica a ayudar a las parejas a construir y mantener relaciones amorosas y saludables basándose en estudios científicos.

John Gottman comenzó a recolectar sus descubrimientos más importantes durante el año 1986, cuando creó “El Laboratorio del Amor” con su colega Robert Levenson en la Universidad de Washington. Gottman y Levenson llevaban a recién casados al laboratorio y observaban la interacción entre ellos.

Con un equipo de investigadores, las parejas se engancharon con electrodos y se les pidió hablar acerca de su relación; de la forma en que se conocieron, de un conflicto importante que estuvieran enfrentando, y de un recuerdo positivo que tuvieran en pareja. Mientras hablaban, los electrodos medían el flujo sanguíneo de los sujetos, la frecuencia cardíaca, y cuánto sudor producían. Luego, los investigadores enviaron las parejas a casa y los buscaron seis años más tarde para ver si aún estaban juntos.

A partir de los datos que reunieron, Gottman separó las parejas en dos grandes grupos: “los maestros” y “los desastres”. Los maestros eran aquellos que estaban todavía juntos y felices después de seis años. Los desastres o habían terminado con la relación o se mostraban infelices en sus matrimonios.

Cuando los investigadores analizaron los datos que se reunieron en las parejas, vieron claras diferencias entre los maestros y los desastres. Los desastres parecían estar muy tranquilos durante las entrevistas, pero su fisiología, medida por los electrodos, contaban una historia diferente. Sus ritmos cardíacos eran altos, sus glándulas sudoríparas estaban activas, y su flujo sanguíneo era rápido. Después del análisis de miles de parejas, Gottman encontró que mientras más fisiológicamente activas fueran las parejas en el laboratorio, más rápido sus relaciones se deterioraron con el tiempo.

Pero ¿qué relación tiene la fisiología con este tema? El problema era que los desastres mostraban todos los signos de excitación cuando estaban en modo de pelea o de estabilidad con sus parejas. Tener una conversación sentado al lado de su esposo o esposa era para sus cuerpos, lo mismo que estar frente a frente con un tigre de dientes de sable.

Incluso cuando estaban hablando de las facetas agradables o mundanas de sus relaciones, estaban preparados para atacar y ser atacados. Esto hace que el ritmo cardíaco se eleve y reaccionen de una forma más agresiva hacia los demás. Por ejemplo, cada miembro de la relación podía estar hablando de cómo sus días habían sido, y un marido podría decirle a su esposa: “¿Por qué no empezamos a hablar acerca de tu día? no te llevará mucho tiempo”.

Gottman quería saber más acerca de cómo los maestros crean una cultura de amor y de intimidad, y cómo los desastres se alejan de esto. En un estudio de seguimiento en el año 1990, diseñaron un laboratorio en el campus de la Universidad de Washington que replicaba una hermosa cama y lugar cómodo como si fuese una casa de retiro.

Invitó a 130 parejas de recién casados para pasar el día en ese lugar y los miraba hacer las cosas que las parejas hacen normalmente en vacaciones: cocinar, limpiar, escuchar música, comer, charlar y pasar el rato. Con este experimento Gottman hizo un descubrimiento fundamental para el estudio, que es clave para entender por qué algunas relaciones prosperan mientras que otras fracasan.

A lo largo del día, las parejas tenían actitudes de conexión del uno con el otro, lo que Gottman llama “ofertas”. Por ejemplo, si el marido era un entusiasta de las aves y se daba cuenta que había un hermoso pájaro volando a través del patio, él le decía a su mujer: “Mira que hermosa ave hay afuera!”. Él aquí no estaba solamente hablando del pájaro: él estaba solicitando una respuesta de su esposa, un signo de interés o de apoyo, con la esperanza de que iban a conectar aunque fuera momentáneamente, al ver el pájaro.

Entonces la mujer tenía una elección. Ella podía responder o positivamente o negativamente, dice Gottman. Aunque la “oferta” sobre aves puede parecer de menor importancia y tonta, en realidad puede revelar mucho sobre la salud de la relación. El marido pensaba que el ave era lo suficientemente importante como para ponerla en la conversación y la pregunta era si su esposa reconocía y respetaba eso.

En el estudio, las personas que respondían a sus parejas de forma positiva, lo hacían mediante la participación, mostrando interés y apoyando el tema. Aquellos que no lo hicieron, los que se alejaron; simplemente no respondían o respondían mínimamente y continuaban haciendo lo que estaban haciendo, como ver la televisión o leer el periódico. A veces hasta respondían con actitudes un poco hostiles como diciendo por ejemplo: “Deja de interrumpirme, estoy leyendo”.

Estas interacciones sobre las ofertas, tuvieron profundos efectos en el bienestar conyugal. Las parejas que se habían divorciado después de un período de seis años de seguimiento tenían reacciones negativas a las ofertas en el 33 por ciento de las veces. Sólo tres de cada diez de sus ofertas mostraban una conexión emocional. Mientras que las parejas que estaban todavía juntos después de seis años tenían actitudes positivas hacia las ofertas el 87 por ciento de las veces. Nueve de cada diez veces, reunían las necesidades emocionales de su pareja.

Gottman puede predecir con hasta un 94 por ciento de certeza si las parejas, heterosexuales o gays, ricas o pobres, sin o con hijos, terminarán, estarán juntos e infelices, o juntos y felices varios años más tarde. Gran parte de esto se reduce a el espíritu que las parejas traen a la relación. ¿Cada uno trae bondad y generosidad; o desprecio, críticas, y hostilidad?

Se ha descubierto que el desprecio, es el factor número uno que identifica a las parejas separadas. Las personas que se centran en criticar a sus parejas pierden el 50 por ciento de las cosas positivas que su pareja está haciendo y ven la negatividad cuando realmente ni existe.

Las personas que le dan a su pareja la espalda, ignorando deliberadamente al otro o respondiendo mínimamente, dañan la relación haciendo que su pareja se sienta sin valor e invisible, como si ellos no estuvieran ahí y no fuesen valorados. Y las personas que tratan a sus compañeros con desprecio y critican, no sólo están matando el amor en la relación, sino que también matan la habilidad de su pareja para luchar con la vida. Ser indiferente es la sentencia de muerte de las relaciones.

La bondad, por otro lado, mantiene juntas a las parejas. La investigación ha demostrado que la bondad (junto con la estabilidad emocional) es el predictor más importante de la satisfacción y la estabilidad en el matrimonio. La bondad hace que cada pareja se sienta atendida, comprendida y valorada, por ende amada.

Hay dos maneras de pensar acerca de la bondad. Puede que pienses en ello como un rasgo fijo: o lo tienes o no lo tienes. O puede que veas la bondad como un músculo. En algunas personas, ese músculo es naturalmente más fuerte que en otras, pero puede crecer y hacerse más fuerte en otros con el ejercicio. Los maestros tienden a pensar en la bondad como un músculo. Ellos saben qué tienen que hacer para mantenerlo en forma, ellos saben, en otras palabras, que una buena relación requiere constantemente de mucho trabajo.

En ese momento, la respuesta fácil puede ser darle la espalda y centrarte en tu iPad, libro o en la televisión, y murmurar “ajá” y seguir adelante con tu vida, pero dejar de lado los pequeños momentos de conexión emocional desgastará lentamente tu relación. La negligencia crea distancia entre las parejas y crea resentimiento en la persona que está siendo ignorada.

Por supuesto el momento más difícil de practicar la bondad es durante una pelea, pero este es también el momento más importante de ser amable. Dejar que el desprecio y la agresión se salgan de control durante un conflicto puede traducirse en un daño irrevocable en una relación.

Para los cientos de miles de parejas que se casan cada mes de junio, y para las millones de parejas que actualmente están juntos, casados o no, la lección de la investigación es clara; si deseas tener una relación estable y saludable, tienes que empezar a practicar la bondad con frecuencia.

Cuando la gente piensa acerca de cómo practicar la bondad, a menudo se imaginan pequeños actos de generosidad, como la compra de pequeños regalos para el otro, o un pequeño masaje después de un largo día. Si bien esos son grandes ejemplos de la generosidad, la bondad también puede ser incorporada en la columna vertebral de una relación a través de la forma en que las parejas interactúan entre sí con las cosas cotidianas de la vida, sin necesidad de chocolates sorpresas o masajes en la espalda.

Una forma de practicar la bondad es siendo generosos acerca de las intenciones de nuestras parejas. De la investigación de los Gottmans, sabemos que los desastres ven la negatividad en su relación, incluso cuando no existe rastro de ella. Una mujer enojada puede asumir, por ejemplo, que cuando su marido fue al baño y dejó el asiento del inodoro arriba, estaba deliberadamente tratando de molestarla. Pero puede que él simplemente estuviera distraído y se le haya olvidado bajar la tapa.

O por ejemplo una esposa se demora en arreglarse para ir a comer con su marido, y eso ha pasado más de una vez, entonces el esposo asume que ella no lo valora lo suficiente como para demostrárselo y llegar a su cita a tiempo después de que él se tomó la molestia de hacer una reserva y salir temprano del trabajo para que pudieran pasar una noche romántica juntos. Pero resulta que la esposa llegaba tarde porque se detuvo por una tienda a recogerle un regalo para su noche especial.

Otra poderosa estrategia de bondad gira en torno a la alegría compartida. Uno de los signos reveladores de las parejas desastre estudiadas por Gottman, era la incapacidad de conectarse a través de una buena noticia. Cuando una persona en la relación comparte la buena noticia de, por ejemplo, una promoción en el trabajo con entusiasmo, el otro responderá con el desinterés mediante la comprobación de su reloj o cerrando la conversación con un comentario como, “Eso está bien”.

En un estudio durante el año 2006, el investigador psicológico Shelly Gable y sus colegas llevaron parejas de adultos jóvenes a su laboratorio para discutir los acontecimientos positivos recientes de sus vidas. Ellos querían saber cómo responderían a su pareja ante una buena noticia y encontraron que en general, las parejas respondieron de cuatro maneras diferentes que llamaron; pasiva destructiva, activa destructiva, pasiva constructiva, y activa constructiva.

En el tercer tipo de respuesta, la activa destructiva, la pareja disminuiría la buena noticia que acaba de escuchar, diciendo algo como: “¿Estás segura de que vas a ser capaz con todo ese estudio? ¿Y el costo? ¡La escuela de medicina es muy cara! ”

Por último, está la respuesta activa constructiva. Si su compañero respondía de esta manera, él dejaba de hacer lo que estaba haciendo y comprometido de todo corazón le decía: “¡Eso es genial! ¡Felicitaciones mi amor! ¿Cuándo te enteraste? ¿Ellos te llamaron ¿Qué clases vas a tomar el primer semestre?”.

Responder de manera activa constructiva es crítico para las relaciones sanas. En el estudio del año 2006, Gable y sus colegas le hicieron seguimiento a las parejas dos meses más tarde para ver si aún estaban juntos. Los psicólogos encontraron que la única diferencia entre las parejas que estaban juntos y las que habían terminado eran las respuestas activas constructivas. Los que mostraban interés genuino en las alegrías de su pareja eran más propensos a estar juntos. En un estudio anterior, Gable encontró que la respuesta activa constructiva también se asoció con una mayor calidad de la relación y más intimidad en la pareja.