La vida es forma, pero la forma se codifica como secuencia, al igual que en la literatura, el científico que logró leer esas secuencias de las proteínas y los genes, los textos que subyacen a toda biología, Frederick Sanger (Rendcomb, Inglaterra, 1918) que falleció en uncía como hoy pero del año 2013 en Cambridge, Reino Unido.

Sanger vivió en primera persona los grandes avances de la biología molecular, la revolución de las ciencias de la vida y los actuales proyectos genoma. siempre estuvo muy atento no solo a los saltos conceptuales de ese campo —en Cambridge trabajó muy cerca de Max Perutz, Francis Crick y otros de sus artífices—, sino también a las innovaciones técnicas que podían llevar a la práctica esas ideas.

Los avances técnicos que logró Sanger se han convertido en uno de los cuatro científicos que han recibido dos premios Nobel, y el único que ha logrado dos veces el de Química.

Tanto su madre, que venía de un linaje que había hecho fortuna con la manufactura del algodón, como el resto de su familia esperaban que siguiera el ejemplo de su padre, llamado como él Frederick Sanger, y se hiciera médico como las personas respetables, pero al joven Fred, en 1936, se matriculó en el St. John College de Cambridge para estudiar Física y Química, su carrera ha seguido asociada a esa ciudad británica hasta su muerte.

Los primeros trabajos de Sanger se centraron en la insulina, una pequeña proteína ,en los cuarenta, muchos bioquímicos pensaban que las proteínas no eran entidades químicas limpias, sino mezclas complejas y variables, y por tanto impermeables al análisis químico. Sanger demostró que se equivocaban en un análisis detectivesco que le llevó a determinar en qué consistía la estructura de la insulina, y de paso de cualquier otra proteína y demostró que las proteínas eran rosarios de aminoácidos y aportó de paso la primera secuencia de una proteína, la insulina. Por este trabajo recibió su primer Nobel, en 1958.

Su segundo Nobel llegó 22 años más tarde, en 1980, y, por expresarlo con brutal brevedad, fue por hacer lo mismo con la otra gran macromolécula biológica, el “ADN”, que constituye los genes, como antes con la insulina, Sanger logró esta vez un método más brillante y eficaz para leer el ADN que constituyen nuestro genoma, y el de cualquier otro ser vivo del planeta Tierra.

El método de Sanger para secuenciar ADN no fue el único —y así lo reconoció la Academia Sueca al hacerle compartir el premio—, pero, visto en retrospectiva, es probablemente el que ha resultado más útil y fructífero, la tecnología para secuenciar ADN ha dado un salto de gigante en los últimos años, pero hasta hace poco ha seguido utilizando el método de lectura de Sanger.

También puede decirse que la técnica de Sanger es la más elegante, pues se basa en principios biológicos muy fundamentales.