Tenemos un serio problema de transparencia y de legitimidad, pero también de desigualdad y pobreza.

 

 

Intereses oscuros de fondo

Alfredo Ríos Camarena

 

Vivimos momentos de enorme crispación, indignación colectiva y de desorientación, de aparente falta de brújula. Los rumores que se manifiestan en las redes sociales y en los medios de comunicación son contradictorios y hasta dañinos para la salud pública, apareciendo frases que señalan: que renuncie el presidente, no existe Estado de derecho, la corrupción nos ha rebasado, la violencia está desatada en la república, el país no tiene salida, entre otras aún más graves, que se diseminan produciendo un fenómeno de enorme desorientación; los medios realizan una ácida crítica con poca propuesta.

El IPN y el gobierno avanzan con lentitud para dar una solución seria y razonada, mientas un grupo de encapuchados hace presa a la UNAM de sus afanes anarquistas, que viven en el auditorio Justo Sierra rebautizado Che Guevara desde hace quince años.

La gota que derramó el vaso de agua se encuentra en los temas de Ayotzynapa y Tlatlaya donde se desbordan acciones, por un lado razonadas y pacificas y, por otro, de franca provocación. Se rumoran cambios en el gabinete y se anuncia una crisis económica catastrofista por los precios del petróleo; sigue pendiente la aplicación de las reformas; y los partidos políticos enfrentan crisis internas que los convierten en meras franquicias electorales. No hay duda de que mucho de esto tiene sustento, pero también hay intereses oscuros de fondo, que la autoridad debe desenmascarar en estos momentos de confusión, no sólo con ocurrencias y propuestas de solución sobre las rodillas, como crear una comisión de la verdad o un pacto contra la impunidad y a favor de la trasparencia. La realidad es que tenemos un sólido andamiaje jurídico y una Carta Magna que —a pesar de muchas reformas— sigue siendo un paradigma de Unidad Nacional y de rumbo hacia el futuro.

Es verdad, tenemos un serio problema de transparencia y de legitimidad, pero también de desigualdad y pobreza, por eso, es buen momento de que el gobierno de la república redefina sus objetivos y empuje el carro de la nación hacia un mejor futuro, apoyándose en la autentica democracia, en la honestidad y en los principios constitucionales que nos rigen; tenemos la fuerza que nos ha hecho un país vencedor —a pesar de todo— y pujante con un camino hacia la prosperidad y la justicia.

La solidez de las instituciones está por encima de la crítica coyuntural; los mexicanos hemos enfrentado peores momentos y estamos preparados para salir adelante; lo importante es aclarar no sólo los temas penales, sino el oscuro origen de quién o quiénes están meciendo la cuna de la incomprensión, del conflicto y de la crisis social.

La experiencia también nos ha demostrado que en diversas ocasiones se han infiltrado en México y en América Latina oscuros intereses de origen extranjero, para evitar el desarrollo adecuado de nuestros países; es también otra pista de una mano que —desde afuera— está meciendo esta cuna que genera odio e incomprensión entre la sociedad.