“Los señores del poder van a intentar criminalizar su lucha pacífica.

Hay que asumir el costo de la resistencia pacífica aunque ésta sea declarada ilegal.”

Entrevista a Alfredo Nateras/Profesor-investigador de la UAM Iztapalapa

Moisés Castillo

¿Hacia dónde caminar ante un presente gris, lleno de incertidumbre? El caso Iguala indigna a todos, ¿pero cómo transformar esa rabia en propuestas para construir un país mejor? ¿Qué es lo que sigue? Hay que crear el “otro” momento mexicano. Ante las manifestaciones que se han extendido por varios estados del país a raíz de la tragedia de los normalistas, vale la pena acudir a las reflexiones del antropólogo Roger Bartra. El también ensayista explica que las marchas han convocado a miles de jóvenes y han sido tranquilas, pero también se han presentado protestas violentas.

“El gobierno parece dejar que se expresen con violencia los grupos marginales y radicales, no por prudencia, sino posiblemente para provocar que las clases medias se harten del desorden y se cohesionen en torno de los actuales gobernantes, cuando en algún momento inicien el control de los espectaculares desmanes… Me pregunto si la izquierda tiene la suficiente imaginación para dar un viraje espectacular que la salve de la extinción y la desmodernización.”

Si volteamos a otros países las protestas de los últimos años tienen un común denominador: jóvenes-redes sociales contra la corrupción, la impunidad y la falta de oportunidades. La llamada Revolución de los Jazmines en Túnez, que dio comienzo a la Primavera Árabe, en diciembre de 2010, cuatro años después da sus primeros frutos. Después de una dictadura asfixiante de 20 años, encabezada por Ben Alí, los tunecinos eligieron a su presidente en unos comicios vigilados por observadores del Parlamento Europeo. Islamismo y democracia fue posible en esa nación africana.

Lo anterior no hubiera sido posible sin la presencia activa de jóvenes, mujeres que reclamaban sus derechos, obreros sindicalizados, intelectuales y ciudadanos hartos del régimen. Ganaron la calle.

También hay que recordar el movimiento de los “indignados”. En mayo de 2011 miles de personas salieron a las calles de Madrid y otras ciudades para expresar su descontento con la situación política, económica y social de España. Tres años después Podemos, la joven formación de izquierda nacida de ese movimiento, es el partido favorito para ganar las elecciones generales que se celebrarán en 12 meses con un 27% de los votos, por delante del Partido Socialista Obrero Español y del Partido Popular, que caería hasta un 20%, según una encuesta del diario El País.

¿Hay espacio de maniobra para una alternativa pacífica? ¿Será posible en México un nuevo partido-movimiento organizado por las jóvenes y los jóvenes? Son algunas preguntas que lanza el portugués Boaventura de Sousa Santos, uno de los sociólogos más reconocidos del mundo, en una carta abierta para la sociedad mexicana, en especial para los jóvenes.

Se necesita organización

“Ustedes tienen la fuerza para salir de esta pesadilla, resistir a la ilegalidad y violencia institucionalizadas y construir una alternativa de esperanza. Para eso es necesario organización, respaldo popular y una clara visión no solamente política, sino también ética de una sociedad donde sea posible vivir con dignidad y en paz… No va a ser fácil porque los señores del poder van a intentar criminalizar su lucha pacífica. Hay que asumir el costo de la resistencia pacífica aunque ésta sea declarada ilegal, asumir ese riesgo en nombre de la esperanza.”

Para Alfredo Nateras, profesor-investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Unidad Iztapalapa y coordinador general del Diplomado Culturas Juveniles, la ruta más viable es que este descontento devenga en una organización nacional ciudadana donde se puedan incorporar los sectores indignados.

“En este caso los protagonistas serían los familiares de los desaparecidos. Ellos podrían convocar a un frente ciudadano que pueda aglutinar otros sectores sociales agraviados, a otras familias que buscan a miles de desaparecidos. Es una afrenta más, estamos en un punto de inflexión en donde algo tiene que suceder en términos de impacto en las políticas públicas, dar un cambio sustancial en asuntos como la impunidad, corrupción. El país ya no aguanta más.”

¿Qué repercusiones político sociales tendrán estos actos de protesta y marchas ciudadanas a raíz de la desaparición de los normalistas?

Los sucesos de Ayotzinapa son terribles. Me parece que confirma lo que ya se había señalando: el Estado mexicano y gobiernos locales han estado implicados con el narcotráfico. Lo que sucedió nos confirma la penetración que ha tenido el crimen organizado en las procuradurías, en los cuerpos de seguridad y en los partidos políticos. Esto también confirma la impunidad en la que hemos estado atrapados. Ayotzinapa es el paradigma, el caso donde se desbordan todos los males. Hay que recordar que, con la llegada de los priistas al poder presidencial, la situación de violencia no ha mejorado. Ayotzinapa tiene que ver también con la represión que las instancias del Estado mexicano han aplicado contra la indignación y protestas sociales.

El movimiento de los indignados en España se materializó en Podemos, un partido que sacudió la política española. ¿México puede aspirar a un partido-movimiento joven ante el descrédito de los partidos políticos?

Creo que sí. Hay que aprovechar la coyuntura que nos traslade a otro tipo de discusión, que el movimiento tenga esa claridad hacia adelante, una vez esclarecido el caso Iguala. Que el movimiento considere la posibilidad de formar una especie de frente que agrupe todo el descontento y concretarlos en una agrupación ciudadana, que incluya a los familiares de Ayotzinapa pero también a los familiares de los miles de desaparecidos que hay en este país. Sería algo importante que ocurriera. Una de las características es que los indignados del mundo son actores y sujetos, sobre todo en el caso de las juventudes que están hiperconectadas. El descontento también viaja por Internet. Es una estrategia importante, porque acerca y hace partícipe a todos a luchar contra la injusticia. El mundo está intercomunicado, no sólo a través de las redes sino en un asunto de violaciones graves a los derechos humanos que repercute a nivel internacional.

Del #YoSoy132 al #YaMeCansé

El antecedente directo de protesta juvenil fue el #YoSoy132 en la pasada campaña presidencial y que duró pocos meses. ¿Qué escenarios se perfilan para el #YaMeCansé?

Me parece que la movilización social ha sido tremenda, muy fuerte. Esto ha llevado a la concurrencia de varios actores sociales y el más visible es el de los jóvenes. Me parece que están logrando articularse con otro tipo de organizaciones sociales. Han marchado las familias de los desaparecidos, intelectuales, académicos, organizaciones sindicales. Este movimiento se está abriendo a ciudadanos sin voz. Lo que sigue es que tiene que impactar y traducirse en cambios en relación con políticas de prevención de violencia, una estrategia real de seguridad pública, y que pueda influir en una estrategia en contra de la corrupción, la infiltración del narco en las corporaciones policiacas y en los partidos políticos. Es lo mejor que le puede pasar al movimiento, en una especie de honrar a los estudiantes normalistas.

En medio de estas protestas están hechos como los de la quema de la puerta de Palacio Nacional, de la estación CU del Metrobús, ¿cómo pasar de actos violentos a generar ideas puntuales?

Es una situación complicada, compleja, en términos de que hay un malestar muy fuerte que genera casos violentos que están en los límites o de plano rebasan la legalidad. Hay que aclarar que en esos actos hay provocaciones, infiltrados para ocasionar ese tipo de circunstancias y generar ganancias políticas. Se busca desvalorar la protesta y criminalizar el descontento social. Se está viendo que es una protesta que se está desbordando y está respondiendo a contrarrestar la violencia. La violencia genera más violencia. La gente infiltrada quiere distraer la atención de lo verdaderamente importante: la búsqueda de los normalistas de Guerrero.

Los jóvenes no ven claro el futuro

En este movimiento los jóvenes están muy presentes, me atrevería decir que son la mayoría, pero ¿cuál es la situación de los jóvenes en México? El tema de los jóvenes es fundamental para construir futuro…

Para decir cuáles son las características que marcan la condición juvenil, no sólo en México sino en América Latina, tiene que ver con el asunto de la precariedad. La precariedad es el rostro, es el matiz que le da visibilidad a las juventudes. Y cuando hablo de precariedad no sólo es una suerte de déficit a nivel económico. Se calcula que uno de cada tres jóvenes en nuestro país es pobre. La otra línea de la precariedad tiene que ver con el ámbito de lo educativo. No sólo es que no alcancen lugares para ingresar en algún centro educativo. Por ejemplo, en la UNAM hay entre 110 mil candidatos y aceptan a 30 mil. En el caso de la UAM hay una matricula de 80 mil y aceptan a 20 mil. Hay un escenario gris porque no hay chance de afiliarse a una educación de nivel superior. Los niveles más altos de deserción los encontramos a nivel preparatoria. Cuando le preguntas a los jóvenes por qué abandonan la escuela, la respuesta es interesante, la primera causa no es por cuestiones económicas sino porque se aburren, la escuela nos les dice nada, no les crea significado. Ahí están los 8 millones de jóvenes que ni estudian ni trabajan. La otra precariedad está en el ámbito laboral. ¿Cuál es el proyecto neoliberal para las juventudes? El trabajo formal que no da identidad, jóvenes que firman trabajos temporales, sin prestaciones, y ser mano de obra barata: los circuitos de los fast food y supermarkets. El otro sector es la informalidad con los jóvenes taxistas, los que hacen arte callejero, los “toreros”, los que venden mercancía pirata.

Es decir, no hay oportunidades, no hay políticas públicas para este sector…

La situación es que se han derrumbado los modelos identificatorios, el Estado mexicano ya no los provee, la educación no alcanza a todos, el empleo es limitado, y es donde aparece el crimen organizado. Este gobierno incorporó el Instituto Mexicano de la Juventud a la Sedesol, y le resta mucho a lo que había sido el Imjuve, tiene un lugar insignificante en la generación de políticas públicas. Es un área que no le interesa mucho a Enrique Peña Nieto, a pesar de la experiencia que tuvo con el movimiento #YoSoy132 como candidato presidencial. Además todo lo que sucedió el día cuando tomó posesión como presidente de la república, cuando los jóvenes fueron reprimidos fuertemente. Me parece que la política actual es infiltrar a las juventudes y reprimirlas.