CHARLAS DE CAFÉ
Charla con César Silva/Autor de La balada de los arcos dorados
Eve Gil
La Balada de los arcos dorados (Almadía, México, Serie negra, 2014), del escritor juarense César Silva Márquez (1984) es una novela inclasificable pese a formar parte de una colección de novela negra. El autor revierte en forma radical los elementos prototípicos de la llamada “novela de narcos” y logra un producto fascinante, sin rótulos, que, entre otros aciertos, consigue retratar los límites del dolor que pueden llegar a experimentar los deudos de las víctimas de esta irracional ola de violencia de asuela nuestro país.
“Lo que menos me ha interesado es abordar el tema del narco —señala Silva, quien actualmente radica en Xalapa, Veracruz—. En Los cuervos, mi primera novela, no hay ni un solo balazo. En Juárez Whisky nada más se escuchan. Ésta surgió tras darle muchas vueltas a la conjetura de qué ocurriría si una persona común, no especialmente brillante, más bien común, decidiera tomar la justicia en sus propias manos.
Me encanta la cultura pop
“La gente tiende a preguntarse, ¿por qué nadie arregla lo de Juárez? Estamos hablando de toda una cultura, pero supongo que eso se comprende sólo si se vive o se ha vivido muy cerca de eso. El asunto de las mal llamadas “muertas” de Juárez por ejemplo, es tan, tan complejo, que no puede discutirse en una simple charla de café. Fue entonces que me pregunté si una persona equis, en caso de verse en una situación límite, sería capaz de adquirir la fuerza suficiente para ir contra todo esto. Después fue meterme a los Arcos Dorados, cuya cúspide, si no es la hamburguesa, es la cultura pop. Todo lo que involucra la cultura pop, que a mí me encanta. No es casual entonces que se crea en la aparición de zombies, vampiros y asesinos seriales; un tigre suelto en la calle, un poco al estilo de El dilema de Houdini, de Norma Lazo. Mi policía —Julio Pastrana— es una especie de Terminator chiquito, mezclado con el personaje de una película muy violenta titulada Tierra de vampiros, que casi no habla… y también la gran novela de Cormac McCarthy, No hay ciudad para los viejos, aunque Pastrana es más malo que bueno. Un malo justiciero.
Prosigue el ganador de diversos premios literarios, entre otros el Binacional de Novela Border of words: “Luis Kuriaki, el reportero, que de hecho está inspirado en un amigo mío, siempre ha querido ser escritor, y su jefe le encarga las notas, pero a él le cuesta mucho trabajo escribir la realidad. Ahí está todo el absurdo: que los zombies y los vampiros terminan involucrados en la oleada de asesinos gracias a la tortuosa imaginación de Kuriaki, pero en realidad los asesinos somos todos. Lo que él deja entrever es que es preferible que te mate un zombie a un narco. Mis teorías están justificadas en lo que mencionaba de la cultura pop. A veces hay que inventarnos nuestra propia salvación a través de lo banal. Y sí, es preferible que se escape un tigre del zoológico, a estar en la mira del narco, un animal más hambriento aún.
Una razón para odiar
En La Balada de los arcos dorados, galardonada con el prestigio Premio Nacional de Novela José Rubén Romero 2013, las víctimas toman la revancha, y pueden llegar a ser más sádicos que los “malos”, porque poseen una legítima razón para odiar:
“No me detengo a darles rostros a las víctimas que son violadores y maltratadores de mujeres. Me pareció más interesante abordar las posibles causas de sus muertes. Pastrana, con la ayuda de su amiga Rebeca, empiezan a rastrear al asesino y poco a poco van cayendo en cuenta de que una víctima ha decidido ocupar el lugar del verdugo. Son, entonces, muertes de hombres, lo cual también se sale de los parámetros de la tradicional novela negra donde, por lo general, las víctimas son del sexo femenino.
“No sé si haría otra novela policiaca —responde César Silva a la pregunta de si se sintió tan cómodo con el género como parece—. Me encantaría hacer otra con Pastrana y Kuriaki juntos, que nunca se terminan de llevar bien… pero no sé. Creo que es más divertido que al último haya un guiño que indica que siempre van a estar juntos, aun sin quererlo.
César Silva se reconoce altamente influenciado por Cormac McCarthy. Una de las novelas de este autor, Ciudad de la llanura, está ambientada en Ciudad Juárez, y le hizo ver que existía más de un ángulo desde donde narrar esta ciudad:
“Uno no quiere hablar de Juárez ni de México porque en la televisión te hacen creer que no pasa nada, y cuando leí esta novela en concreto decidí no tenerle más miedo a ubicar una historia en Ciudad Juárez. Es una ciudad tan universal como cualquiera. Y además, es una ciudad que, mal que bien, exalta la imaginación.
Actualmente, César Silva prepara el volumen de cuentos con que obtuvo el Premio San Luis Potosí de Cuento en 2011 y aparecerá también en Editorial Almadía.
