CIENCIA
Nueva hipótesis sobre ondas benéficas para el cerebro
René Anaya
Puede ser que las descargas eléctricas cerebrales vuelvan a emplearse de manera generalizada en los próximos años, según los investigadores de los efectos de la corriente transcraneal de estimulación directa (TDCS, por sus siglas en inglés), aunque todavía se conserva el triste recuerdo de pacientes tratados con choques eléctricos o terapia electroconvulsiva.
Actualmente, con un mejor y mayor conocimiento sobre el funcionamiento cerebral, se ha comenzado a experimentar la posibilidad de aplicar la estimulación eléctrica y de ultrasonido para determinados padecimientos o para modificar el estado de ánimo de las personas, como lo hacen ciertas sustancias estimulantes.
Una historia electrizante
En 1937, se experimentó por primera vez la producción de convulsiones con descargas eléctricas, para tratar a pacientes con esquizofrenia, primero, y luego a prácticamente todos los enfermos psiquiátricos. Esta práctica se extendió en las décadas de 1940 y 1950, con resultados poco alentadores, pues además de que era bastante agresiva, no era tan benéfica como supusieron en un principio sus introductores, los italianos Ugo Cerletti y Lucino Bini.
La mala fama de los electrochoques o terapia electroconvulsiva (TEC) se debió tanto a su dudosa efectividad y efectos colaterales, como a la exhibición de películas que presentaban escenas de pacientes sujetos a las planchas del hospital, donde se presentaban las condiciones poco humanitarias del procedimiento.
La práctica de esta terapia fue disminuyendo en las dos décadas siguientes, hasta que en los años de 1980 volvió a surgir, ya con procedimientos más controlados y con indicaciones más precisas, probablemente gracias a la Conferencia Internacional de Terapia Electroconvulsiva que organizó la Academia Estadounidense de Ciencias, en la que se hizo una revisión concienzuda de los conocimientos y evidencias terapéuticas con que se contaba.
A partir de entonces el tratamiento, que sigue causando polémicas entre los psiquiatras y neurólogos, se ha delimitado a ciertos padecimientos, pues ya no se aplica de manera indiscriminada. Ahora se considera que su principal indicación es en pacientes con depresión grave, que responden mal a los fármacos antidepresivos, como sucede en quienes sufren de trastorno bipolar.
Los nuevos conocimientos de las funciones cerebrales han permitido establecer una hipótesis sobre la forma en que actúa esta terapia, se considera que con la electroconvulsión se liberan neurotransmisores en el sistema nervioso central, con el objetivo de disminuir la excitabilidad del cerebro para interrumpir la convulsión, pero también actúan para combatir la depresión.
Toques a pedido
La investigación sobre los efectos de la TEC ha conducido a una mejor comprensión del funcionamiento cerebral, de tal manera que quienes han profundizado en la estimulación directa del cerebro han encontrado que pequeñas descargas eléctricas pueden modificar ciertos estados de ánimo, como lo hacen las bebidas estimulantes, pero sin sus peligrosos efectos para la salud.
Jamie Tyler, cofundador de la empresa Thync y profesor de la Universidad Estatal de Arizona, ha creado un dispositivo que, conectado a un teléfono, envía una pequeña descarga en la piel, detrás de la oreja, que produce un efecto estimulante similar a la del Red Bull; pero si se quiere un efecto relajante, la descarga se debe hacer sobre la sien o la nuca.
El ingeniero biomédico Marom Bikson, del City College de Nueva York, realizó un estudio en cien personas a quienes aplicó descargas con este dispositivo, encontró que los efectos calmantes varían de una persona a otra. “Para algunos el efecto es muy profundo, a los pocos minutos se sienten significativamente distintos, con un efecto que es tan potente como cualquier otro que pudiera imaginar que no sea un narcótico”, ha afirmado el ingeniero.
Estos efectos del dispositivo que se basan en la TDCS aún deben probar su seguridad y efectividad, ya que la Agencia Estadounidense de Medicamentos y Alimentos (FDA, por sus siglas en inglés) no ha autorizado ese procedimiento para tratar enfermedades concretas.
Entre tanto, Tyler está investigando, con el profesor de psiquiatría y ciencias del comportamiento Amit Etkin, de la Universidad de Stanford, los efectos de los ultrasonidos, que podrían utilizarse para tratar la depresión, el estrés postraumático y los temblores de la enfermedad de Parkinson, entre otras alteraciones.
El profesor Etkin ha planteado que los ultrasonidos pueden llegar a áreas profundas del cerebro, como la amígdala, que se relaciona con las emociones; además, pueden ser más precisos pues pueden llegar a regiones milimétricas específicas. Por lo pronto, tanto Etkin como Tyler reconocen que todavía faltan más investigaciones para averiguar si ligeras descargas eléctricas o de ultrasonido pueden combatir desórdenes cerebrales.
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