David Alejandro Boyás Gómez

 El Instituto Nacional de Bellas Artes, la Universidad Nacional Autónoma de México, el Fondo de Cultura Económica y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes organizaron el Homenaje Nacional a José Revueltas, en el centenario de su nacimiento. Como parte de la celebración se llevó al cabo la mesa redonda “La palabra sagrada” en el Centro Nacional de la Artes, el día en que el escritor duranguense hubiera celebrado cien años de vida, 20 de noviembre de 2014, aniversario 104 de la Revolución Mexicana.

En una primera mesa participaron dos poetas, Jaime Labastida y Eduardo Lizalde. Los dos pertenecieron a la Liga Comunista Espartaco que fundó Revueltas. Labastida evocó los momentos que pasó platicando de literatura, de pintura o de cine con el escritor y, puesto que Labastida es igualmente filósofo, lamentó que por su formación autodidacta, la importante obra filosófica de Revueltas no sea tomada con mayor interés por los filósofos profesionales. Gerardo Estrada, con conocimiento de causa, se refirió a la polémica con Enrique Ramírez y Ramírez sobre Los días terrenales. Álvaro Ruiz Abreu, autor de ese clásico sobre la vida y obra de Revueltas, que se titula Los muros de la utopía, se refirió esta vez a la creación literaria del duranguense. José Carreño Carlón, quien también fue amigo de Revueltas, hizo un recuento de los libros que publicará el Fondo de Cultura Económica, editorial que él dirige, con motivo del centenario del escritor.

La palabra sagrada: segunda parte

Ese mismo día, en una segunda mesa redonda, el ensayista Evodio Escalante, quien ha dedicado muchos años al estudio de la obra de Revueltas, aseguró que hay facetas del autor que los editores de sus obras completas, Andrea Revueltas y Philippe Cheron, dejaron de lado al confeccionar los volúmenes de la colección. Entre otros se encuentran, a decir de Escalante, textos donde el autor de El Apando (1969) expone su crítica literaria, de arte y cinematográfica.

Ejemplo de éstos serían textos donde analiza la obra de Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros. Revueltas fue uno de los principales guionistas de la época de oro del cine mexicano. Dio clases de guionismo en Cuba y en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos. La misma UNAM publicó en 1965 su libro Conocimiento cinematográfico y sus problemas con un apéndice, que al decir de Escalante, no debió suprimirse, pues se trata de dos textos importantes “El autoanálisis literario” y “Libertad del arte y estética mediatizada”.

Crítico, filósofo del arte, la poética de José Revueltas se inclina hacia una estética de la libertad, postura que lo convierte en un autor ideal para leer en tiempos difíciles, pues es siempre crítico, autocrítico y no cae en dogmatismos.

Conocer al creador de El luto humano (1941) fue sin duda una de las experiencias vitales más importantes para la catedrática de la UNAM Carmen Galindo. Fue en la Universidad donde el escritor y activista le dio una de sus más grandes lecciones políticas al sumarse al Movimiento Estudiantil de 1968 en el auditorio “Che” Guevara de la Facultad de Filosofía y Letras. A pesar de haber dicho que iba en representación del Bloque de Artistas e Intelectuales en apoyo al Movimiento Estudiantil, al preguntarle Roberto Escudero quiénes lo integraban, él contesto: “por el momento sólo yo”. Sin embargo, días después se adhirieron al Bloque decenas de los intelectuales de la época. Definitivamente, el ejemplo de un hombre de la talla de José Revueltas inspiró algunas conciencias.

Para Galindo lo más importante de la obra del escritor radica en la función de desenajenar al lector. En este sentido, sus motivaciones literarias eran las mismas que en la política, pues pretendía que el partido desenajenara a la clase obrera, es decir, que dejara de estar en la cárcel de la ideología burguesa. Sus intentos por conformar un verdadero partido político que encabezara a la clase oprimida fueron, al igual que sus obras, tentativas de acabar con la cárcel ideológica que impone las ideas burguesas, justificadoras del orden establecido, a la clase obrera y campesina.

Revueltas, hombre y creador comprometido con las causas más justas insertó en la literatura mexicana a los delincuentes, a las prostitutas y es de los pocos que han escrito sobre los comunistas en México.

“La cárcel es una situación límite donde se conoce al hombre en su desnudez. Así es su obra. El hombre en toda su grandeza y toda su mezquindad” aseguró Galindo sobre la vida y obra del gran escritor mexicano, que no por ser comprometido, estaba al servicio del realismo. Recordemos que en la literatura no hay verdad, sino verosimilitud. Y en la obra revueltiana están tanto el espejo fiel de la realidad como la auténtica creación estética del buen narrador.

Para la investigadora Edith Negrín hay cinco razones esenciales para amar a Revueltas. La primera es que fue un ser humano entrañable. Empático, comprensivo con luchas que incluso no eran suyas, rescató como personajes valiosos a los integrantes del lumpen proletariat que la literatura burguesa elige no retratar o prefiere mostrar como simples efectos colaterales del progreso.

La segunda se puede resumir en la intensidad de sus pasiones. “Lo que se hace sin pasión es estéril” pensaba el autor de Los muros de agua (1941), por eso dedicó su vida a lo que más le importó siempre: La literatura, la verdad, el conocimiento, las mujeres y la militancia. Fue la entrega por esta última lo que lo llevó a peregrinar por todas las agrupaciones de izquierda hasta que en 1968 conoció la autogestión de un movimiento de jóvenes que lo acogieron con admiración. Padeció estoicamente el fuego amigo pero nunca desistió de la lucha.

Para Negrín el motivo más importante para amar a José Revueltas es su obra escrita debido al valor sagrado que le da a la palabra en sus novelas donde conviven el materialismo y lo trascendental. “Leerlo es entrar en un mundo inquietante donde la palabra poética se junta con la violenta. Nos muestra el camino a nuestros abismos. Nadie sale intacto de su lectura.” Y sobre todo, no se equivoca Edith Negrín al asegurar que una razón más para amarlo es simplemente su Discurso a los perros en el Parque hundido.

Eduardo Antonio Parra, uno de los escritores más revueltianos de la actualidad, describió al centenario artista como un autor estremecedor por ser terriblemente humano, por ser el más místico entre los materialistas, el más religioso de los autores ateos.

Lector al mismo tiempo de hagiografías y de Tolstoi y Dostoievski, tenía una postura ética inamovible: la defensa de los oprimidos como pasión absoluta. Como Dostoievski, Revueltas pensaba que un escritor para serlo debe ser capaz de experimentarlo todo.

Por ello y por sus retratos del país marginado, en su figura encarna a uno de los literatos más rebeldes de México. Lectura imprescindible para los tiempos que estamos viviendo.

Incómodo para el Estado. Incómodo para los puristas del idioma. Incómodo para su partido porque se apartó del dogmatismo. Para Vicente Quirarte, poeta e investigador, Revueltas fue la conciencia de su tiempo. Sin su presencia en la literatura mexicana no podrían explicarse los rugidos del Tigre Eduardo Lizalde o el brillo de Julián Herbert.

Brilló como guionista, como dramaturgo. El ensayo, la crítica, la poética fueron ejercicio común de su pluma, la poesía su compañera, la epístola su deporte, y la narrativa su pasión. Pero quizá lo fue más su actividad militante. La literatura y la política fueron los dos grandes amores de su vida. Por ellas dejó todo, prestigio, estudios, puestos, amigos, familia, a ratos su propia libertad para luchar por el país que quería para nosotros. Si algo nos heredó fue el temple de ser, a decir de Octavio Paz, “el hombre más puro de México”, además de una literatura impresionante y profunda consagrada como una de las más altas de nuestra lengua.

El día de su homenaje hubo movilizaciones masivas en todo el país y en el mundo por la situación de crisis en que vivimos sumidos los mexicanos y por la desaparición de 43 normalistas de Ayotzinapa en Guerrero. Carmen Galindo rescató una frase que los alumnos durante los tiempos del Consejo Estudiantil Universitario de 1986-1987 escribieron en la pared por esos días con la que yo también cierro esta nota. Pienso que además de probar la vigencia de la lucha que emprendió en vida el autor, redondea el peso que tiene, a cien años de su natalicio, José Revueltas en la vida cultural y política de México: “¡Ay José, qué falta nos haces en estas Revueltas!”